Viernes, 03 de Febrero de 2023

Santiago y su lamentable deterioro

ChileEl Mercurio, Chile 6 de diciembre de 2022

Una acción decidida y bien planificada por parte de la autoridad contaría con amplio respaldo, dado el actual hastío ciudadano.

Son permanentes las muestras de deterioro que exhibe la comuna de Santiago, el municipio emblema de la metrópolis capitalina. Su centro histórico, edificios patrimoniales y barrios más antiguos ya no lucen con orgullo su historia, como antes, sino que, por el contrario, muchos de ellos están rayados, otros sucios, y el aspecto general es deprimente. A eso se suman los crecientes problemas de delincuencia, de invasión de espacios públicos por vendedores privados, incluidas cocinerías insalubres, de desprestigio de sus otrora liceos emblemáticos, además del progresivo abandono del centro por parte de empresas y grupos profesionales, así como de parte del comercio, sin considerar siquiera la profusión de carpas y colchones de personas que han decidido utilizar las principales arterias y plazas de la comuna como un lugar para establecer su residencia.
Así, quienes habían decidido mantener sus actividades comerciales en ella, a pesar de la aparición de nuevos y atractivos barrios en otras zonas de la ciudad, ahora vuelven a considerar seriamente emigrar de allí. Los videos que aparecen en redes sociales con ejemplos de lo anterior y las voces de distintas personalidades que se alzan reclamando contra ese estado de cosas han culminado recientemente con la denuncia de la casi totalidad de los exalcaldes de Santiago vivos, quienes, en carta dirigida a este diario, junto con lamentar el aspecto que luce la comuna, instan a la autoridad a tomar cartas en el asunto con convicción y sentido de urgencia.
Es necesario reconocer que el proceso de deterioro del centro de Santiago es un problema que ha estado en el debate público en los últimos 30 años, y se había enfrentado con diversas medidas, con resultados dispares, pero, en general, alentadores. La proliferación de vendedores ambulantes siempre ha constituido un dolor de cabeza para las autoridades. Recientemente, la llegada de inmigrantes, que ven en el centro de la capital una concentración de personas atractiva para practicar el comercio, ha agravado la tendencia. Dado todo aquello, la decisión inicial de la alcaldesa Irací Hassler, de anunciar generosas cuotas de permisos para utilizar los espacios públicos como establecimientos comerciales ambulatorios, solo ha conseguido profundizarlo. La sensación de permisividad que ello genera da lugar, entre otras cosas, a la proliferación de mafias de delincuentes que atacan a estudiantes en los barrios universitarios, aumentando el descontrol que parece reinar en ciertas zonas de la comuna.
Este tipo de problemas ha ocurrido en otras ciudades capitales en distintas partes del mundo, incluidos los países desarrollados, manifestándose con rasgos propios. Sin embargo, muchos de ellos han logrado ser revertidos. Se requiere, eso sí, una planificación de largo plazo, que incluya las inversiones necesarias para recuperar la infraestructura dañada, la imposición de la ley y las ordenanzas municipales a quienes las transgredan, de modo de volver a establecer garantías de orden y respeto a quienes habitan o trabajan en la comuna, y, sobre todo, la convicción de la autoridad de que ese camino es necesario, y que debe seguirse sin claudicaciones y con perseverancia. Eso incluye proveer de soluciones de largo plazo a quienes se vean afectados por todo aquello, incluidos los comerciantes ambulantes y quienes viven en las calles.
El grave deterioro de la comuna está tocando fondo, pero, junto con ello, se crea una oportunidad única para que la autoridad tome medidas que reviertan aquello con reales posibilidades de éxito, pues contará con el apoyo de la mayoría de los santiaguinos, hastiados de la persistente tendencia actual.