Jueves, 26 de Marzo de 2026

Una guía chilena en TIERRA DE OSOS

ChileEl Mercurio, Chile 23 de febrero de 2025

Hace diez años que Javiera Vargas recorre Sudamérica en busca de felinos salvajes. Y ahora se especializa en la observación de osos en el hemisferio norte. Todo para ayudar a que otros los vean. Así es cómo se ha preparado para convertirse en la guía de estos emocionantes encuentros. Por Marcela Saavedra Araya . Fotos: Javiera Vargas .

"Los osos grizzly (o pardos) de Alaska habitan territorios montañosos y zonas donde pueden encontrar pescado. Ellos necesitan mucha proteína para poder pasar el invierno y por eso, cada verano buscan ríos o desembocaduras que van al océano para encontrar pescados. Por eso, fui hasta allá para verlos en acción", dice la chilena Javiera Vargas, que explica así la decisión que tomó para su formación como guía de observación de estos animales en su estado natural. "Durante mi segunda semana de entrenamiento, habíamos salido a recorrer el Lake Clark National Park and Preserve , cuando una mamá de oso grizzly se acercó a mí junto a sus dos crías de no más de un año. Yo estaba acostada en el suelo y me pasaron por al lado, a unos tres metros de distancia", recuerda ahora, instalada en su casa de Puerto Natales, cuando han pasado unas cuantas semanas de esta experiencia. Dice que en ese momento solo atinó a quedarse muy quieta, siguiendo las indicaciones de su profesor.
Quedó impactada por el tamaño de estos animales, con su fuerza, el poder de sus músculos... y la sensación de vulnerabilidad que sintió teniéndolos así de cerca. "Me impactó además la capacidad que tuvieron en ese momento, a la hora discernir que, junto a nosotros, estaban seguros. Nunca nos vieron como una amenaza".
Javiera Vargas tiene 33 años y es una de las pocas guías naturalistas o de "safari de animales salvajes" que hay en Chile. Su oficio implica que, por ejemplo, cada verano austral ella encabeza salidas con entusiastas de la naturaleza, para llevarlos a avistar -a una distancia prudente- el comportamiento de especies como los pumas, por ejemplo. Esta misma labor ella la realiza en regiones como el Pantanal , en Brasil, donde hace guiaturas para la observación de jaguares y ocelotes. Siempre con grupos de máximo seis personas, dice.
Este tipo de salidas, conscientes y respetuosas con el entorno, la han llevado a granjearse su reputación como guía, algo que puede apreciarse en su web ( JavieraVargas.com ), y en la de la agencia que le abrió las puertas de este mundo, North Wild Travel. "Es una firma internacional que ofrece destinos en diferentes lugares de Norte y Sudamérica con la finalidad de conectar con la fauna salvaje de cada ecosistema", dice ella.
Fueron justamente los de North Wild quienes, a fines de 2023, le propusieron ampliar sus horizontes, y no trabajar solo con felinos de América del Sur. Así apareció la opción de los osos en el hemisferio norte.
"Inmediatamente me encantó la idea porque ya llevaba 10 años dedicada exclusivamente a felinos y quería expandir mi carrera a otros animales. Así identificamos a Alaska como un buen lugar para aprender pues hay osos polares, negros... y porque es un ecosistema habitado por osos grizzly que saben pescar". Y luego dice que en el resto de Estados Unidos los hábitats de estos animales en particular están tan fragmentados que es difícil verlos cazar en grupo, y que además estos otros osos no pescan, pues se alimentan aisladamente de pequeños mamíferos y bayas.
"En Alaska, en cambio, entre junio y agosto, antes de la temporada de hibernación, es posible ver grupos de 20 o 30 ejemplares pescando en ríos y cascadas. Son más libres y salvajes allí", dice.
-¿Por qué te dedicas en general solo a depredadores, dejando de lado herbívoros o especies más pequeñas?
-Personalmente me gustan todos los animales, pero a los viajeros les llaman más la atención los depredadores grandes, y por eso me concentro en felinos y osos. Sigo haciendo guiaturas de pumas, que es mi actividad principal, pero ahora también trabajo para especializarme en otras especies.
Una naturalista contemporánea
Javiera dice que nunca imaginó que se iba a convertir en guía de fauna salvaje en regiones así, Patagonia, Pantanal y ahora Alaska. Podría decir que... lo contrario. Mucho más joven, en Ñuñoa, soñaba con trabajar como terapeuta, así que se formó en eso cuando salió del colegio: programadora neurolingüística y coach .
Pero sus sueños también estaban movidos por las distintas historias de viajes que le contaban sus papás.
"Recuerdo que de niña paseaba a través de sus fotos por la Patagonia, por los glaciares, por Puerto Natales... Esos relatos me inspiraron para venir a vivir acá", dice sobre su llegada a la zona austral.
El cambió partió hace 13 años, cuando decidió que no quería llevar una vida que implicara estar encerrada en una oficina. Lo que necesitaba era estar en contacto con la naturaleza. Así decidió ofrecer sus servicios como coach en empresas de turismo, y llegó a Puerto Natales para abrirse un espacio en los hoteles de la zona.
Fue justo ahí cuando todo cambió.
Un día, dice, mientras hacía dedo en la carretera se encontró con los dueños de North Wild Travel. Ellos le ofrecieron un aventón y, tras conocer su interés por lo salvaje, le hablaron sobre la posibilidad de formarse como guía de safaris en la Patagonia.
Con todo pagado por esa empresa, Javiera partió a Brasil para estudiar las técnicas que le permitirían rastrear pumas y jaguares, y guiar a otros para que los vieran. Y ahora, los osos.
Los grizzly de Alaska
"Alaska es una tierra de osos porque allí habitan osos grizzly, osos negros (también conocido como oso americano) y osos polares", dice Javiera Vargas.
En julio recién pasado, pleno verano del hemisferio norte, partió a Connecticut , Estados Unidos, para tener un primer acercamiento a los osos negros, por una zona no urbana cercana a la ciudad. De ahí partió realmente el viaje con un vuelo a Anchorage , que es la ciudad principal de toda Alaska, donde abordó un vehículo que, luego de cuatros horas, la llevó a la ciudad de Homer . Una vez allí, tomó una avioneta que la dejó finalmente en una zona aledaña al Lake Clark National Park and Preserve: su destino y donde se encuentra Brown Bear Bay Lodge , un sitio dedicado a la contemplación de la naturaleza, donde alojó.
"Esta zona se encuentra en territorios compuestos por gigantescas propiedades indígenas. En Alaska, ellos poseen muchas tierras y yo me entrené específicamente junto a la comunidad indígena de la cultura Seldovia", dice Javiera.
Actualmente, explica, estas comunidades originarias buscan potenciar el turismo en base a la observación de la naturaleza porque ven en esta actividad una forma de proteger su ecosistema y, en particular, a sus osos. Esto considerando que en Estados Unidos está permitida su caza.
El aterrizaje en la península de Kenai , dice Javiera, es como llegar a la isla de Jurassic Park , pues el paisaje está marcado por las montañas muy altas, ríos, volcanes, lagunas, glaciares y bosques cubiertos por white sprouse , una especie de pino nativo de esta región.
Es además un escenario privilegiado: entre junio y agosto es posible ver decenas de enormes osos grizzly alimentándose todo el día, dice Javiera, y compara con los pumas, que se la pasan durmiendo la mayor parte del tiempo.
"Los osos el resto del año suelen ser animales solitarios, territoriales, celosos de su espacio. Cuando están en período de apareamiento pueden ser peleadores porque quieren poner su carga genética, pero en verano solo piensan en comida", dice.
Durante el primer mes y medio de su entrenamiento en esta zona, la guía dice que tuvo suerte. En el lodge la recibió el legendario biólogo experto en osos grizzly Stephen F. Stringham, quien ha dedicado cinco décadas al estudio de esta especie.
"Fui su asistente y soporte mientras él me entrenó. Juntos pasamos semanas observando y conociendo el comportamiento de los osos. A veces salíamos con pequeñísimos grupos de turistas mientras él nos enseñaba las distancias, los tipos de terreno, el comportamiento...".
Su entrenamiento usualmente consistía en salir en un vehículo abierto, tipo 4x4. Luego continuaba en el parque nacional, caminando vestidos con overoles engomados, muy gruesos, diseñado para meterse al agua glacial que a veces se encontraban en estos parajes. De esta manera, entre circuitos de observación, fue aprendiendo sobre la especie.
También recibió algunas recomendaciones clave para su labor. Por ejemplo, que un guía nunca debe olvidar los instrumentos disuasivos de seguridad personal (como bengalas y aerosoles), pues cualquier interacción que el oso haga hacia las personas se debe interpretar como un ataque. En definitiva, que hay que ser muy cuidadosos, aunque ella nunca vio un comportamiento agresivo en los grizzly. "Solo estaban enfocados en comer", dice.
"Ahora, un factor elemental es siempre, siempre respetar una distancia de 30 a 50 metros, y no dejar de anunciarse en el bosque, porque si el oso se siente sorprendido y se asusta, puede ser peligroso. Como estás en el mismo sitio que ellos, el guía debe ser extremadamente hábil y estar muy preparado para leer el comportamiento de los animales. De lo contrario, puede suceder un accidente".
Blancas criaturas
Kaktovik es el pueblo más septentrional de Alaska. Ubicado frente al mar de Beaufort, parte del océano Ártico, esta localidad es conocida como una de las mejores locaciones del mundo para avistar osos polares. ¿El motivo? Son tierras indígenas lideradas por la comunidad inupiat, una cultura asociada a los inuit.
Este grupo, explica Javiera, está muy conectado con su fauna nativa y con la protección de sus ecosistemas. Como tienen permitido cazar tres ballenas al año, ellos "regalan estos cetáceos" a los animales de la zona. "Gracias a estas ballenas, muchos osos polares llegan a alimentarse. Y por eso, Kaktovik es un sitio donde está casi garantizado verlos", dice.
La temporada de osos polares en esta región dura dos a tres meses, porque, aunque esta especie no hiberna, solo es posible verlos en época estival.
En septiembre pasado, Javiera por primera vez llegó a Fairbanks , ciudad en el centro de Alaska, donde abordó la avioneta que, tras dos horas de travesía, la dejó en Kaktovik.
"Nunca había sentido tanto frío; me dolían hasta los ojos. Todo era muy distinto al sur de Alaska porque acá era todo blanco, todo congelado. Era como visitar la casa del Viejo Pascuero: no había ningún árbol, todo era nieve y solo vivían allí unos 200 habitantes. Es realmente un paisaje dramático y conmovedor porque uno realmente conecta con la naturaleza, con el clima rudo y con el instinto de supervivencia de los animales que habitan este lugar inhóspito".
La comunidad inupiat de Kaktovik no usa protecciones como, por ejemplo, cercos. Por eso, Javiera pudo encontrar a una mamá osa con sus dos crías transitando por la calle. "Los vi durante cinco minutos y fueron los primeros polares que vi. Los avistó primero el guía local porque ahí solo ellos pueden hacer turismo de naturaleza. Recuerdo que la familia de osos estaba descansando sobre un manchón de nieve grande y, aunque estaban a 100 metros, después caminaron y se acercaron al auto", recuerda.
En Kaktovik solo pasó unas semanas, pues el objetivo era hacer un reconocimiento inicial del territorio. Aún así, Javiera dice que aprendió mucho. Por ejemplo, que estos animales están siendo gravemente vulnerados por la pérdida del hielo. "Los osos polares usualmente nadan para moverse entre hielo y hielo y poder cazar para alimentarse. Pero hoy estas estaciones congeladas están cada vez más separadas y muchas veces mueren nadando porque no alcanzan a llegar a pisar suelo firme".
Naturaleza abierta
El 2025 tiene a Javiera llena de planes. Este año regresará a Alaska para continuar su entrenamiento. Allí deberá demostrar que es capaz de garantizar la seguridad de los pasajeros. "Espero ganar experiencia y también salir a explorar otras áreas", dice.
Además está desarrollando nuevos proyectos en este lado del mundo (por ejemplo, vinculados al avistamiento de pingüinos rey en Tierra del Fuego). Y acaba de volver de Ecuador, donde hará guiaturas para observar tortugas e iguanas.
"Me encuentro con muchas propuestas, pero por lejos lo que más me motiva es conocer y aprender sobre cuatro tipos de osos que existen en América. Conozco los tres del hemisferio Norte, pero todavía me queda el oso de anteojos o andino, una tímida especie que habita de las selvas andinas de Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia, y que también se ha registrado en Panamá y el norte de Argentina".
-Luego de diez años como guía, ¿qué te sigue apasionando de esto?
-Siento que, al valorar la vida natural a través del turismo de avistamiento de fauna, estamos protegiendo a los distintos animales. Quizás sin este tipo de iniciativas, las especies serían más vulnerables a los cazadores. Justamente eso es lo que me alienta a seguir trabajando en ecoturismo.
La Nación Argentina O Globo Brasil El Mercurio Chile
El Tiempo Colombia La Nación Costa Rica La Prensa Gráfica El Salvador
El Universal México El Comercio Perú El Nuevo Dia Puerto Rico
Listin Diario República
Dominicana
El País Uruguay El Nacional Venezuela