Suenan las alarmas
Ocurrió un nuevo derrame de petróleo en las aguas uruguayas.
El domingo se activó el protocolo de emergencia al ocurrir un nuevo derrame de crudo en aguas uruguayas.
Al parecer se produjo una fuga de petróleo durante las operaciones de descarga de un buque de bandera maltesa en la boya petrolera de la Terminal Este de Ancap.
El resultado es la presencia de una cantidad indeterminada de petróleo en las aguas oceánicas uruguayas, haciéndose particularmente visible en las arenas de la costa. Hasta ahora su extensión se extiende desde José Ignacio hasta Punta del Este.
Aunque son varias las instituciones involucradas en la respuesta para tratar de minimizar el evento, llama la atención la falta de una comunicación oficial -lo más detallada posible- de las autoridades de Ancap.
Lo primero que escuchamos es "que la fuga fue menor", "que está controlada" pero no se informa qué sucedió exactamente, por qué ocurrió, cuál es la magnitud del daño ocasionado, cuáles son las medidas de mitigación que se están aplicando, qué resultados se pretenden alcanzar y en cuánto tiempo.
Es una mala señal que las autoridades guardan innecesario silencio y que la información llegue al público en cuentagotas y de fuentes difusas.
Estos eventos ocurren, como ya ha sucedido en el pasado, pero resulta crucial tomar de inmediato cartas en el asunto, incluyendo brindar la información más precisa posible, particularmente a las comunidades involucradas en el episodio.
No se deben minimizar los hechos ocurridos, pero tampoco exagerarlos. Hay que reaccionar con prontitud y precisión, incluyendo especialmente brindar toda información de inmediato. Como se sabe estos vertidos contaminantes son muy dañinos al ecosistema marino, entre otras cosas por su toxicidad para la biodiversidad involucrada y su dificultad de eliminación.
Las trazas de petróleo que se ven en las orillas sobre la arena son la punta del iceberg; es un remanente que la rompiente allí deposita. Por lo tanto significa que el problema presente en las aguas es mucho mayor, y que no debemos tranquilizarnos al ver limpiar las arenas porque estamos muy lejos de minimizar los daños.
Se espera otra postura, tanto Ancap como el Ministerio de Ambiente, sobre lo ocurrido y lo que sigue.
También sería oportuno que se explique a la ciudadanía si estos eventos desgraciados se pueden evitar incorporando nuevas tecnologías e infraestructuras, mejorando los actuales procedimientos de carga y descarga del crudo en la boya, etc.
Lo que se espera de las instituciones especializadas es que busquen con ahínco la mejora continua de los servicios, así como garantizar todo lo posible su eficacia, en especial aquellos -como éste- que involucran un activo patrimonial tal elevado como lo es la faja costera de la zona afectada. Imaginemos el gran daño que hubiese ocasionado este evento si ocurre en plena temporada veraniega.
Prevenir debe ser la consigna, pero informar de inmediato lo que está ocurriendo resulta crucial para reducir todo lo posible los daños ocurridos. No puede ser que la propia Intendencia de Maldonado que de inmediato debió actuar para afrontar la emergencia ambiental, se entere por terceros de lo que está ocurriendo.