Domingo, 31 de Agosto de 2025

Invertir en la primera infancia para romper la desigualdad

ArgentinaLa Nación, Argentina 12 de agosto de 2025

La Cámara de Diputados retomará hoy una vez más el debate sobre el financiamiento universitario, planteando la necesidad de reflexionar acerca de la asignación de recursos educativos en la Argentina

La Cámara de Diputados retomará hoy una vez más el debate sobre el financiamiento universitario, planteando la necesidad de reflexionar acerca de la asignación de recursos educativos en la Argentina. Naturalmente, la universidad importa. Pero la evidencia es contundente: el mayor retorno, tanto en equidad como en crecimiento a largo plazo, se logra invirtiendo en la primera infancia.

Como demostró el premio nobel James Heckman, la curva de retorno de la inversión en capital humano señala que cada dólar invertido en los primeros años de vida rinde hasta un 13%, mucho mayor que el retorno de los fondos destinados a la educación superior o a la capacitación laboral. Las habilidades cognitivas y socioemocionales fundamentales se forman en los primeros cinco años, donde la neuroplasticidad se encuentra en su punto máximo, y su desarrollo temprano reduce desigualdades de origen que, de no abordarse, se perpetúan durante toda la vida.

En la Argentina, la desigualdad de oportunidades educativas es notoria. Los datos de PISA 2022 muestran que el nivel socioeconómico y educativo de los padres tiene una fuerte correlación con los aprendizajes de los hijos. En matemáticas, la brecha entre estudiantes de distinto nivel socioeconómico equivale a 1,6 desviaciones estándar, una distancia difícil de cerrar en etapas posteriores. Sin embargo, un año adicional de educación inicial puede reducir significativamente esa brecha, sobre todo entre los hijos de padres con bajo nivel educativo.

El vínculo entre desigualdad educativa y baja movilidad social es aún más marcado en países con alta desigualdad de ingresos, como la Argentina y Brasil, donde la movilidad intergeneracional es significativamente baja. En estos casos, la educación inicial de calidad es una de las herramientas más efectivas para romper ese ciclo, en el que el origen socioeconómico pesa demasiado sobre el destino de las personas.

Sin programas que fortalezcan las habilidades parentales y promuevan el desarrollo infantil, la universidad no es igualmente accesible para todos. Las tasas de matrícula y graduación muestran una fuerte concentración en los sectores de mayores ingresos: en el cuartil más rico, la matrícula universitaria ronda el 50%, mientras que en el más pobre apenas supera el 20 - una brecha que es aún más marcada al graduarse.

Esto implica que el gasto universitario tiende a beneficiar en mayor medida a quienes tuvieron ventajas educativas y económicas desde la infancia. En un contexto fiscal limitado, priorizar la inversión en primera infancia no significa abandonar la universidad, sino equilibrar el presupuesto con una mirada estratégica : la universidad puede ampliar conocimientos, pero la primera infancia define la base sobre la que esos aprendizajes podrán construirse.

La discusión no es ideológica sino pragmática: si Argentina quiere mejorar la equidad, elevar la productividad y promover una verdadera movilidad social, debe colocar la primera infancia en el centro de su política educativa. Invertir temprano es más justo, más eficiente y más rentable para el futuro del país.

Coordinadora del departamento de desarrollo humano de Libertad y Progreso
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