Desangre
Miguel Gómez Martínez
Los comentarios de los lectores son siempre interesantes
Miguel Gómez Martínez
Los comentarios de los lectores son siempre interesantes. Sucede que las columnas que considero mejor logradas no son las que generan más reacciones. Hay críticas -siempre respetuosas- y también una que otra felicitación. Siempre las respondo porque alguien que dedicó su tiempo a leerme y luego a escribirme merece toda mi atención y respeto. La semana anterior escribí sobre la última cifra de desempleo, la más baja desde el año 2015, pero que muestra una creciente informalización del mercado laboral nacional. Se me criticó no haber tenido en cuenta a los premios Nobel Banerjee, Duflo y Kremer, cuyos aportes sobre el tema de la pobreza han modificado muchos conceptos sobre la informalidad. En mi defensa, no es siempre fácil mantener en una columna el equilibrio entre análisis académico y opinión en un medio como Portafolio, que es especializado, pero no en los temas teóricos de la ciencia. Además, el espacio de la columna es limitado y el uso de este es un desafío semanal. Otra contribución interesante de uno de mis lectores (neoluzsas@gmail.com) me pareció muy válida. Estaríamos utilizando registros demográficos que no tienen en cuenta el desangre de la migración. ¿Cuántos colombianos abandonan el país cada año? La cifra no es fácil de establecer porque muchos lo hacen jugándose la vida en largos trayectos para acceder por el hueco a los EE. UU. Otros toman la vía aérea lo que permite tener un mejor estimativo del saldo entre los que salen y los que regresan. El lector ajusta las cifras de población del Dane acumulando el movimiento natural (natalidad a la baja y mortalidad al alza) y los flujos migratorios (emigración + inmigración) para concluir que la población en el país no sería de 53 millones sino cercana a los 47 millones. Los cerca de 400 mil colombianos que abandonan cada año el país pesan en esa diferencia. La cifra explica la explosión de los montos de remesas, que este año podrían superar a las exportaciones de petróleo como primer rubro de la cuenta corriente. Dado que los que toman la decisión de marcharse son, en su inmensa mayoría, personas que no encuentran oportunidades de trabajo en Colombia, su salida del territorio afecta las mediciones de empleo y pobreza. Si los pobres y los desempleados, en su desesperación, se van del país, estas poblaciones disminuyen lo que mejora los indicadores. Una parte de los resultados por los que el gobierno saca pecho en materia de empleo y pobreza, no podrían atribuirse entonces a la eficacia de sus políticas sociales sino a la emigración, que es un desangre constante y silencioso de nuestro potencial de crecimiento. Si esta columna sirve para debatir sobre el impacto de la emigración de colombianos en las cuentas y estadísticas nacionales, me parece que ya es de mucha utilidad. Lo cierto es que el país no dimensiona con precisión los efectos que este movimiento poblacional tiene sobre nuestro presente y futuro.
Consultor empresarial. migomahu@gmail.com @miguel.gomez.m