Más presiones sobre la Fed
Reemplazar a Lisa Cook les daría mayoría a los cercanos a Trump, con el consiguiente temor a la pérdida de su independencia.
La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) no solo es la autoridad monetaria más relevante del planeta, sino también un ejemplo histórico de ordenamiento institucional e independencia. Esencial es el proceso de nombramiento y remoción de cada uno de los siete miembros (gobernadores) de su consejo o junta, tema que hoy está en el centro del debate -y de la preocupación- en los mercados internacionales.
Desde su creación, en 1913, la Ley de la Reserva Federal establece que sus gobernadores solo pueden ser removidos por el Presidente de EE.UU. antes de la expiración de sus mandatos "por causa justificada". Un antecedente clave se remonta, a su vez, a 1935, cuando la Corte Suprema dictaminó que el Presidente Roosevelt no podía destituir a un miembro de la Comisión Federal de Comercio por desacuerdos de política, sino solo por "ineficiencia, negligencia en el cumplimiento del deber o mala conducta en el cargo", sentando un precedente que aún tiene implicancias para las entidades autónomas.
El actual consejo de la Fed incluye a miembros designados por gobiernos demócratas y republicanos. Jerome Powell fue nombrado gobernador en 2012, bajo la administración Obama; luego, promovido a presidente, en 2018, por Donald Trump y ratificado por Joe Biden en 2022. Philip Jefferson fue nombrado por Biden en 2022 y asumió la vicepresidencia un año más tarde. También durante la administración Biden llegaron Michael Barr (2022) y Lisa Cook, designada en 2022 y reelegida para un mandato completo en 2023. Por su parte, Adriana Kugler fue confirmada en 2023, pero renunció recientemente. Para llenar su cupo, Trump ha nominado a su asesor económico, Stephen Miran; el Senado debe confirmar su nombramiento. En cuanto a los gobernadores más cercanos al Partido Republicano, ellos son Michelle Bowman, elegida por Trump en 2018 y confirmada en 2020, y Christopher Waller, también designado por Trump en 2020 y cuyo mandato se extiende hasta 2030.
De esta forma, incluso considerando el reemplazo de Kugler, la inclinación política de la mayoría de los gobernadores sería más cercana a los demócratas que a los republicanos. Esto es particularmente importante si se considera además que el mandato de cada uno dura catorce años, lo que permite trascender ciclos políticos de corto plazo.
El contexto anterior es fundamental para comprender las intenciones de la administración Trump de avanzar en el reemplazo de Powell y, más recientemente, los duros ataques que ha recibido Lisa Cook, cuya destitución fue anunciada esta semana por Trump vía redes sociales. El fundamento es un supuesto fraude hipotecario cometido por Cook, quien habría registrado dos viviendas como residencia principal para acceder a mejores condiciones crediticias. No solo no existe condena al respecto, sino que la jurisprudencia sugiere que este tipo de figuras son complejas de probar en tribunales. Pero esto no ha contenido al mandatario y, en cambio, ha elevado la incertidumbre sobre la solidez de la institucionalidad económica de la primera potencia mundial, precisamente por las dudas respecto del fundamento de la decisión y por el conocido interés del gobernante de lograr una Fed funcional a sus políticas. "El Presidente Trump alegó despedirme 'con causa' cuando no existe causa alguna según la ley, y él no tiene autoridad para hacerlo", dijo por su parte Cook, junto con enfatizar que no renunciaría. Más aún, ayer presentó una demanda judicial en contra del Presidente
La situación está generando preocupación en los mercados, lo que ha elevado las tasas de los bonos del Tesoro, toda vez que la posibilidad de reemplazar a Cook les daría una mayoría a los cercanos a Trump dentro la Fed, con el consiguiente temor a una pérdida de independencia. Esta posibilidad no es obvia, pero tampoco es posible obviar las lecciones de la historia en cuanto al estrecho vínculo entre independencia de la autoridad monetaria y confianza en la estabilidad económica. Por todo esto, la presión de la administración Trump sobre la Fed parece más que cuestionable y constituye una lección respecto de cómo incluso instituciones históricamente fuertes están permanentemente expuestas a amenazas.