Un vino para este Wikén
JUNTO A LAS VIÑAS de Viñedos Marchigüe en Pichilemu, Sierras de Bellavista son dos de los ejemplos más radicales en este autodescubrimiento en el que se ha embarcado Colchagua por ya tres décadas
JUNTO A LAS VIÑAS de Viñedos Marchigüe en Pichilemu, Sierras de Bellavista son dos de los ejemplos más radicales en este autodescubrimiento en el que se ha embarcado Colchagua por ya tres décadas. Este último se trata de un terruño de montaña, metido entre bosques y laderas de la cordillera de los Andes y a unos 1.100 metros sobre el nivel del mar. Allí, hace unos quince años que Jacques Ergas decidió plantar algunas parras, una aventura que fue creciendo hasta las casi cinco que hoy tienen. Entre ellas, 1,5 hectáreas de chardonnay, que es la base para este Tamara.
Viene de una cosecha cálida, incluso en esa zona remota andina, y eso se siente en los sabores a frutas blancas dulces, en lo suculento que se siente en la nariz. Pero en medio de esta jugosa orgía de sabores, aparece la acidez de la montaña como para poner las cosas en orden y agregar frescor en uno de esos blancos que uno siempre quisiera tener, si hay mollejas en el menú.