Sábado, 17 de Enero de 2026

Defensa de la democracia

ChileEl Mercurio, Chile 17 de enero de 2026

Frente a descalificaciones y funas, Warnken mantuvo valerosamente sus convicciones.

Recién publicada como libro de memorias, la historia del columnista Cristián Warnken bien puede ser calificada como una de defensa de la democracia, amenazada por grupos violentos cuya finalidad última era derrocar al gobierno democráticamente elegido. El autor, un intelectual más cercano a la poesía que a la política, no militaba, pero se sentía espiritualmente parte de la Concertación. Sorprendido por la violencia extrema que se vivió desde octubre de 2019, comenzó a reflexionar sobre lo que observaba y rápidamente se convirtió en un "apóstata", renunciando a su pertenencia simbólica a la izquierda que estaba detrás de los hechos. Su libro se intitula "El pedestal vacío, confesiones de un apóstata".
Desde ese momento, enfrentó críticas, algunas durísimas y descalificadoras, pero mantuvo valerosamente sus convicciones. Entre quienes lo interpelaron estuvo el entonces diputado Gabriel Boric, inquiriendo si estaba decepcionado de los jóvenes del Frente Amplio, a lo que él le confesó que sí y le recordó episodios simbólicos, como el momento en que él, Boric, como parlamentario, insultó a un soldado raso del Ejército que estaba cumpliendo su deber de obediencia en la defensa del orden público. Las razones del desencanto pronto se multiplicaron por la continuidad de los destrozos protagonizados por jóvenes antagónicos a la Concertación, los que insistían en que eran impulsados por treinta años de abusos. La sorpresa mayor fue la ausencia total de respuesta de los partidos del llamado Socialismo Democrático. Más bien, estos parecían unirse a quienes los despreciaban.
Luego vino el debate constitucional surgido de la violencia de octubre. Warnken se mantuvo firme en defender la clásica democracia liberal ante una Convención cuyos planteamientos eran completamente extraños a nuestras tradiciones y más de doscientos años de historia independiente, pues disponían la existencia de diversas naciones y sistemas de justicia, además de suprimir el Senado y trastocar la institucionalidad. En una de las numerosas funas que sufrió le gritaron "amarillo", en la clásica descalificación comunista contra los sindicalistas que no apoyan sus reivindicaciones. El término existe desde fines del siglo XIX y Warnken lo tomó para reapropiarse de él, convirtiéndolo desde un insulto en una identificación con la moderación y el diálogo.
Luego de la aventura constitucional, que terminó siendo una forma de ratificación de la Constitución de 1980, Amarillos por Chile se convirtió en un partido político, uno de cuyos fundadores fue el autor de estas memorias. Se unieron dirigentes de la Democracia Cristiana, del Partido por la Democracia y de los radicales, todos los cuales estuvieron dispuestos a "cruzar el Rubicón". Pero los resultados les fueron esquivos una vez superadas las difíciles circunstancias que los habían congregado.
La historia de la defensa de la democracia, asumida por un intelectual cuyas raíces están en la poesía, demuestra que, en Chile, ante un trance crucial en que se estime en peligro nuestra democracia, con las libertades que la acompañan, siempre habrá fuerzas, surgidas desde lo más recóndito, dispuestas a defender lo nuestro. Solo se requiere un puñado de hombres de valor, como Cristián Warnken.
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