Opinólogos de Palermo Rúcula
En 1982, muchos periodistas evitábamos reuniones familiares y de amigos porque nos perseguían preguntándonos quién iba a ganar la guerra de Malvinas
En 1982, muchos periodistas evitábamos reuniones familiares y de amigos porque nos perseguían preguntándonos quién iba a ganar la guerra de Malvinas . Como si uno tuviera un oráculo y, peor aún, cuando recién empezábamos la carrera cocinando gacetillas y escribiendo noticias breves que no importaban a casi nadie.
En 2001, nos exigían que les reveláramos cuándo recuperarían la plata del corralito ; en 2020, el día en que el profe Alberto nos dejaría salir de casa durante la eternizada pandemia, y sobre quién iba a ganar el balotaje entre Massa y Milei hace dos años y un pelín. La historia no se escribe en un día y la dignidad dura para toda la vida. Parece que decir "no sé" es pecado mortal .
¿Qué hace un periodista que no sabe de un tema? Consulta a los que saben. Y, como dice el amigo Carlos Pagni , hay que tener catalogados a los que saben para separarlos de los que no , pero que se mueren por figurar. Hete allí el principal problema: muchos de los que dicen conocer un asunto a fondo no lo conocen o no logran descifrarlo, pero dan cátedra . Y lo hacen con una seguridad que uno se pregunta por qué Trump o Delcy Rodríguez no aprovechan esa solvencia, los convocan y resuelven el entuerto de una vez y para siempre. Salvando las distancias, podríamos preguntarnos por qué muchos dirigentes políticos y economistas que dicen tener la precisa fracasan al convertirse en funcionarios de su área de expertise .
Obviamente que hay analistas de fuste que, incluso, hasta estuvieron alguna vez en Venezuela (detalle interesante), pero hay muchos otros que logran sacar de quicio con su "sabelotodismo".
"Ahí lo tenés al analista de sofá . Un Tarzán de maceta que conoce tanto de Venezuela como yo de los axolotes que viven en Xochimilco ", me dijo un amigo venezolano mientras mirábamos a Maduro vestido de power ranger , camino de una prisión en Nueva York.
"Son bañeros que nunca se metieron al mar , analistas de tapa dura , sabiondos de escritorio , conocen el país como la comida que vende un restaurante al que nunca fueron", seguía despachándose el amigo a medida que a un "experto" de opinión fuerte pero contexto débil se le iban sumando en la tele, en las redes y demás canteras informativas otros opinólogos de militancia aesthetic.
En IG la cosa fue durísima. Un youtuber enardecido por las cosas que se interpretaban apenas transcurridas unas pocas horas en las que Maduro pasó de hablar con los pajaritos a decir good night a sus captores y desearles "happy new year" mientras María Corina Machado era defenestrada por el propio Trump que ahora negocia con Delcy y que acaba de recibir de la propia Corina la medalla del Nobel, dijo que el grueso de los analistas en el mundo eran " revolucionarios de wi-fi ". Otro, en X , los calificó de " licenciados en lectura de titulares ". Y una exjueza de las nuestras escribió en el chat: "Son " opinólogos de Palermo Rúcula ".
Esto -cabe aclarar, querido lector- provino tanto de parte de quienes celebran lo ocurrido como de quienes lo critican duramente.
Hay un término desusado que alguien recordó recientemente: " ultracrepidario ". Se trata de la persona que opina o aconseja sobre lo que no conoce o no domina, pero que expresa sus ideas como si fueran verdades absolutas.
No está mal informar sobre lo que pasa e intentar analizar lo que sucede -¡ qué va !-. Para eso estamos. El problema es cuando se fijan sermones tomando un flat white arriba de una bici fija.