Sábado, 21 de Febrero de 2026

Miedo y desplazamiento en Venezuela: 12 libros para entender el país

ChileEl Mercurio, Chile 19 de enero de 2026

Publicaciones recientes (de ficción y no ficción) ofrecen un mapa de la crisis, la migración y el impacto social de la Venezuela contemporánea.

Durante la última década, la crisis venezolana dejó de ser contada solo en los diarios para empezar a ocupar un lugar central en la literatura. A la par del colapso económico, el deterioro institucional y el éxodo masivo -casi 8 millones de personas abandonaron el país-, empezó a crecer una biblioteca hecha de cuentos, novelas, crónicas y ensayos narrativos que buscan algo más difícil que explicar: contar cómo se vive cuando un país se desarma. No solo desde el archivo ni desde la distancia académica, sino también, y fundamentalmente, desde la experiencia, la memoria, el miedo, el duelo y el desplazamiento.
Esa biblioteca es diversa y transnacional. Conviven en ella autores venezolanos que escriben desde dentro del país o desde el exilio con periodistas y escritores de otros países -entre ellos varios argentinos- que recorrieron el territorio, siguieron las rutas de la migración o escucharon las historias de quienes tuvieron que irse. Hay ficción y no ficción, novelas que transformaron la crisis institucional en materia literaria y libros de crónicas que registran, con pulso narrativo, escenas de la vida cotidiana en medio del colapso.
Muchos de estos libros tienen un eje en común: la diáspora como experiencia central del presente venezolano. Desde la huida forzada y los cruces de frontera hasta la reconstrucción de una identidad lejos de casa, la literatura y el periodismo reciente encontraron en la migración una forma de narrar no solo lo que se perdió, sino también lo que nace y se transforma. Leerlos en conjunto es asomarse a un país que ya no existe solo en un territorio, sino también en el lenguaje y en las vidas dispersas por el mundo.
A partir de ese mapa de lecturas, la ficción aparece como una de las formas más potentes de narrar las vivencias venezolanas. En "Patria o muerte" (Tusquets), Alberto Barrera Tyszka (Caracas, 1960) construye una historia atravesada por el ocaso del chavismo y las lealtades rotas. Un líder enfermo, una familia que se descompone y un país al borde del abismo se entrecruzan en una novela que captura el clima de sospecha, fanatismo y miedo de la Venezuela reciente. Algo similar sucede, aunque desde una sensibilidad distinta, en "La hija de la española", (Lumen), de Karina Sainz Borgo (Caracas, 1982): ambientada en las protestas estudiantiles contra el régimen bolivariano en 2017, una mujer intenta sobrevivir en la capital venezolana dominada por la escasez, los saqueos y la violencia. El libro acaba de ser adaptado al cine con el nombre "Aún es de noche en Caracas" y fue estrenada recientemente en Estados Unidos.
Las novelas más recientes desplazan el foco hacia la experiencia del desarraigo y la memoria. En "Atrás queda la tierra" (Seix Barral), Arianna de Sousa García (Puerto La Cruz, 1988) narra el exilio desde una perspectiva íntima, donde una madre intenta contarle a su hijo pequeño un país que ya no existe. En la misma línea, "Volver a cuándo" (Siruela), de María Elena Morán (Maracaibo, 1985), explora cómo la revolución y su fracaso se filtran en los vínculos familiares, a través de una madre y una hija separadas por el tiempo, la ideología y la distancia. Incluso cuando Venezuela no aparece de manera directa, como en "Nunca supe cuál era el sabor de una anguila eléctrica" (Trapezoide), de Florencia Gutman (Caracas, 1978), la huella del exilio y de la identidad partida sigue funcionando como un eco de la diáspora venezolana.
Otros libros eligen contar ese quiebre desde la frontera y el movimiento. "Nido" (Planeta Cómics), la novela gráfica de Laura Guarisco (Caracas, 1991), lo hace desde la mirada de un joven arquitecto que cruza la frontera a Colombia intentando encontrar su futuro, con una delicadeza visual que transforma el éxodo en una historia de pérdida y adaptación. "Salvar la frontera", la antología de cuentos de autores venezolanos compilada por Gustavo Valle (Caracas, 1967) y Carlos Sandoval (Caracas, 1964), reúne relatos que transcurren en ese territorio inestable donde el país se desarma y se recompone: contrabando, migración, supervivencia y violencia conviven en textos que capturan el pulso de una Venezuela en tránsito.
Testimonio y registro
Junto a las novelas, los libros de no ficción suman el punto de vista del periodismo, el testimonio y el registro directo. En "En Venezuela" (Galerna), el periodista argentino Joaquín Sánchez Mariño recorre el país y arma una serie de postales que van desde supermercados vacíos hasta conversaciones al pasar, componiendo una crónica en clave cotidiana, lejos de la épica y más cerca de la supervivencia diaria. Ese mismo impulso de mirar de cerca aparece en "Venezuela, ensayo sobre la descomposición" (Debate), del también periodista argentino José Natanson. Su libro combina análisis político con escenas de viaje y encuentros, para explicar cómo se fue desarmando un proyecto político de izquierda que alguna vez prometió una revolución y terminó produciendo un país fracturado.
El eje de la diáspora vuelve a ocupar un lugar central en "Llorarás" (Catarsis), de la periodista Carolina Amoroso, un libro construido a partir de testimonios de venezolanos que tuvieron que irse. Allí la crisis aparece menos como un fenómeno abstracto que como una suma de duelos individuales: familias separadas, trayectorias truncas, identidades que se rearman en otros países. En "La revolución sentimental" (Los libros de la catarata), Beatriz Lecumberri se corre del análisis frío para entrar en el territorio más inestable de la política venezolana: las emociones. A partir de decenas de testimonios (desde chavistas convencidos, opositores, militares, exguerrilleros, diplomáticos, familias atravesadas por la violencia y hasta cubanos involucrados en el proceso), el libro reconstruye el peso que tuvo la figura de Hugo Chávez. Sin idealizar ni demonizar, Lecumberri arma un mosaico de voces que muestra un país lleno de lealtades, frustraciones y contradicciones.
Más atrás en el tiempo, pero clave para entender el origen de ese entramado, "El poder y el delirio" (Tusquets), de Enrique Krauze, ofrece un retrato de Hugo Chávez que ayuda a leer en retrospectiva el tipo de liderazgo que dio forma al proceso. Aunque no se centra en los últimos años de vida de Chávez, su mirada sobre el carisma, el autoritarismo y la construcción del mito permite entender mejor el escenario del que surgen muchas de las historias que hoy cuentan novelistas, cronistas y testigos del éxodo.
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