Lunes, 19 de Enero de 2026

El nuevo orden de Trump

ChileEl Mercurio, Chile 19 de enero de 2026

Donald Trump inició el segundo año de su también segunda administración en abierto conflicto con Europa -el aliado histórico de Estados Unidos-, luego de que anunciara nuevos aranceles para los países que no apoyen su intención de anexar Groenlandia. Si bien chocante, la amenaza no deja de ser coherente con las políticas disruptivas desplegadas desde su regreso a la Casa Blanca.

Han sido solo 12 meses, pero se sienten como años. A diferencia de su primer gobierno (2017-2021), este nuevo mandato ha estado marcado por su efectiva capacidad de transformación del orden mundial, generando diferentes frentes de conflicto. Ya en abril del año pasado marcó un punto de inflexión, al lanzar una guerra arancelaria global, imponiendo gravámenes del 10% a importaciones generales y de hasta 125% a productos chinos, y reactivando una lógica de confrontación económica que golpeó los mercados, encareció las cadenas de suministro y tensionó a aliados históricos. Fue la señal de que, en su segundo mandato, Trump abandonaba definitivamente la idea de un orden global basado en reglas.
Ese giro se refleja también en su manejo -a veces errático- de los conflictos armados. En Ucrania, Washington redujo drásticamente su apoyo militar, congelando paquetes por cerca de US$ 800 millones durante 2025 y promoviendo negociaciones directas con Moscú. Y en Gaza, privilegió acuerdos parciales y presiones bilaterales, sin una estrategia regional clara, aunque suyo es el mérito de haber conseguido un precario cese del fuego.
La ambigüedad se repite en Asia. Mientras reafirma compromisos comerciales con Taiwán, evita definir líneas rojas frente a China, alimentando una peligrosa incertidumbre estratégica. En América Latina, en tanto, la operación que culminó con la captura de Nicolás Maduro confirmó que no duda en actuar de forma unilateral.
A diferencia de su primer mandato, esta vez no hay improvisación: hay método. Una diplomacia transaccional, personalista, donde se negocia con autócratas, se amenaza a aliados y se confunde el interés estratégico de EE.UU. con los deseos (y también los intereses) del Presidente.
Los pilares de la administración Trump 2.0Este segundo gobierno de Trump se sostiene sobre tres pilares ideológicos claros: "America First", la "paz a través de la fuerza" y una Estrategia de Seguridad Nacional que revive, sin ambigüedades, la Doctrina Monroe.
"America First" ya quedó en evidencia con la mencionada alza de aranceles a escala global, afectando flujos comerciales por cientos de miles de millones de dólares: la prioridad no es el sistema, sino la ventaja inmediata de EE.UU., aun a costa de aliados históricos, cuestión que ahora, con lo de Groenlandia, ha llegado a un punto crítico.
El segundo pilar, la "paz a través de la fuerza", se expresa en un aumento del presupuesto de Defensa por sobre los US$ 900.000 millones en 2026 y en la disposición a usar el poder militar como instrumento político. La captura de Nicolás Maduro y las advertencias directas a Irán y Cuba (y a veces a Ucrania) refuerzan la lógica de disuasión dura, sin mediación multilateral.
El tercer eje es la nueva Estrategia de Seguridad Nacional. En ella, América Latina es abordada en el capítulo "Hemisferio Occidental", confirmando que Washington la considera dentro de su esfera natural de influencia. El mensaje es claro: no hay socios, hay zonas de control.
Este enfoque favorece un mundo fragmentado en esferas defendidas por EE.UU., Rusia y China. En ese cuadro, Europa emerge como el último gran bastión del multilateralismo, cada vez más presionado.
El convulsionado frente internoPero el regreso de Trump no solo ha reordenado la política exterior de EE.UU. También ha tensionado su frente interno. En sus primeros meses, el despliegue de tropas federales para apoyar a las policías locales en Washington, Chicago, Filadelfia y Los Angeles marcó un quiebre simbólico: la seguridad pública pasó a ser tratada como un asunto de orden nacional, con el Pentágono involucrado en tareas domésticas.
En paralelo, el desempeño del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) se ha convertido en un flanco político. Los operativos masivos de búsqueda y captura de indocumentados han elevado la tensión social y erosionado el respaldo ciudadano a ICE, incluso en estados tradicionalmente republicanos, según diferentes sondeos. Con todo, sí han conseguido el objetivo de no solo detener, sino por primera revertir a guarismos negativos los flujos migratorios.
En cuanto a la economía, los resultados también son mixtos. El crecimiento ha sorprendido por su dinamismo, impulsado en parte por los avances en torno a la inteligencia artificial. Sin embargo, los precios de bienes básicos, vivienda y servicios no han retrocedido de forma significativa, alimentando la frustración de la clase media.
En tanto, universidades y medios de comunicación se han transformado en blancos frecuentes de las amenazas presidenciales, dentro de una desatada guerra cultural.
Todo esto ocurre a solo meses de las elecciones de mitad de mandato, en noviembre próximo, en las que Trump buscará retener el control republicano del Congreso. Mientras, los demócratas siguen sin un liderazgo claro que les permita levantar una alternativa a un Presidente cuya controvertida figura domina completamente la escena.
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