Lunes, 19 de Enero de 2026

El partido de la democracia

ColombiaEl Tiempo, Colombia 19 de enero de 2026

Padre

Padre. Diego Marulanda Díaz
Colombia entra en 2026 jugando dos torneos decisivos: el Mundial de Fútbol y unas elecciones que no reparten trofeos, pero sí definen el respeto por las instituciones y el futuro colectivo. El presente se vive entre lenguajes cruzados: democracia, autoritarismos, libertad y negocios. Mientras unos prometen estabilidad, otros reclaman reglas nuevas. Pero en medio del ruido, lo claro es esto: la jugada más importante es la que sigue. Desde esta metáfora del juego, sabemos que no hay democracia sin el otro. No se trata de eliminar al adversario, sino de jugar con él, ganarle sin dañarlo, porque cuando alguien gana de forma ilegal, todos perdemos, y cuando las reglas se respetan, el triunfo es compartido. El fair play —juego limpio— no es un lujo. Es la base del juego democrático. En política, se llama ética pública: no mentir, no manipular, no sembrar odio para cosechar votos. Significa competir con dignidad, aún cuando cueste más. Cada elección es un partido clave, cada voto es una jugada y seguir entrenando la democracia requiere participar, aunque la cancha esté dispareja. Abstenerse es dejar al equipo incompleto. El silencio, lejos de ser neutral, es una cesión peligrosa. Los medios no son jueces ni árbitros. Su tarea es buscar la verdad con rigor, consultar voces expertas y abrir el juego del pensamiento. Cuando el análisis cede al escándalo o a la agenda, el periodismo deja de servir al público y comienza a jugar para un lado. Este año, Colombia no solo compite en la Copa, se juega su permanencia en la liga de las democracias. Sin democracia, estaríamos fuera del mundial del futuro; el cronómetro corre. Las decisiones están por tomarse y el balón, todavía, está en nuestra cancha. Para quienes creen que pueden controlar el tiempo y el resultado, vale recordar lo que enseña el Evangelio: "¿Quién de ustedes, por mucho que se afane, puede añadir un solo instante a su vida?" (Mateo 6,27). La metáfora del juego nos recuerda que el futuro no se define desde la tribuna, sino en la cancha común donde todos contamos. Colombia enfrenta un momento en el que respetar las reglas, cuidar al rival y asumir la responsabilidad colectiva es más urgente que celebrar goles anticipados. La democracia exige presencia, carácter y juego limpio, incluso cuando el marcador parece incierto. No hay salvadores solitarios ni victorias individuales: el resultado depende de la confianza en las instituciones, del compromiso ciudadano y de la ética con la que se compite. Hoy la historia no está escrita y el partido sigue abierto. Este es un llamado de esperanza, nos la jugamos todos por Colombia.
Rector General - Universidad Pontificia Bolivariana.
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