Buena parte de los costos domésticos que inciden en el margen de utilidad exportador, son rígidos al entorno internacional por factores básicamente domésticos.
En estos últimos meses, la economía doméstica está experimentando una situación inédita en materia inflacionaria, caracterizada por una reducción no anticipada por debajo de la meta de 4,5%, luego de varios lustros donde lo "normal" era lo contrario. Como el fenómeno luce relativamente persistente, al menos durante 2026[i], da lugar a desafíos y así esoportunidades que generan discusión a nivel de la academia y los policy makers, más allá de la incomodidad que han mostrado las autoridades con la situación, a saber:
1. ¿Sería oportuno aprovechar la coyuntura para ir hacia una meta más ambiciosa?
2. ¿Por qué sobrecumplir la meta genera efectos no deseados?
3. ¿La respuesta óptima pasa exclusivamente por flexibilizar la instancia monetaria o, además, deja en evidencia otros aspectos no monetarios que explicarían los efectos no deseados?
Una menor inflación es conveniente para trabajadores y pasivos. También lo es para la actividad económica en general, pues una inflación baja y estable genera un ambiente de mayor previsibilidad para la toma de decisiones, tanto empresariales como de los consumidores. Por ejemplo, promueve más crecimiento y bienestar económicos.
Lo anterior alentaría la idea de aprovechar la coyuntura para ir hacia una meta más acorde con los estándares internacionales (2%-3%), ambición ya manifestada por el ministro Oddone para este período de gobierno.
Sin embargo, la economía está padeciendo esta baja inesperada de la inflación porque no se preparó adecuadamente para ello, debido a rigideces nominales diversas.
El principal problema está en el impacto que generan esas rigideces sobre la rentabilidad de los sectores productivos Transables (que comercian con el resto del mundo y que son tomadores de precios) que ven subir sus costos por encima de sus ingresos como señala el último IPoM[ii], apreciable mediante el desempeño del IEBU durante 2025.
Estos sectores son en economías pequeñas como la nuestra los que lideran el crecimiento económico a largo y mediano plazo, requiriendo para invertir y crecer una rentabilidad esperada atractiva.
¿Cómo se originó el problema? Durante 2025 el mundo y el país recibieron un shock bastante fuera de lo común: un deterioro importante del valor de dólar acompañado de una debilidad general de los precios internacionales (con algunas excepciones como la carne), lo que afectó los ingresos de los exportadores medidos en pesos. Lo anterior no hubiera sido de magnitud para la rentabilidad exportadora si los costos de estos sectores hubieran tenido una evolución similar.
Sin embargo, buena parte de los costos domésticos que tienen incidencia en el margen de utilidad exportador en Uruguay son rígidos al entorno internacional por factores básicamente domésticos.
El primero a destacar son los salarios[iii], que han crecido más que el IPC (por lo tanto, bastante más que los precios internacionales de los Transables y el tipo de cambio). Esto se agravaría en el futuro, porque el gobierno fijó pautas de recuperación real atadas a la meta de 4,5% y eliminó la simetría en los ajustes por diferencias entre inflación efectiva y meta. Eso implica que las ganancias no anticipadas de salarios reales no pueden ser compensadas, salvo que hubiera ganancias de productividad (difícil porque la productividad ha estado estancada en los últimos años).
La segunda dificultad viene por el lado de los bienes y servicios que ofrece el Estado de manera monopólica (energéticos fundamentalmente, como combustibles y energía eléctrica), que también forman parte de la ecuación de costos. La política actual incrementa estas tarifas por encima de la inflación o por encima de las referencias internacionales (como el PPI en combustibles), a costa de la rentabilidad.
La tercera dificultad está en otro conjunto de bienes y sobre todo servicios no transables, usualmente intensivos en mano de obra, cuyos precios no están expuestos a la competencia internacional que, al seguir básicamente a salarios, suben por encima de los Transables. Así, aunque el IPC suba por debajo de la meta, hace que los costos de producción crezcan más que los ingresos de los exportadores, afectando directamente su rentabilidad por lo que contratan de estos servicios, o indirectamente, ya que lo que se traslada al IPC luego se incorpora en los salarios. Por tanto, esa estructura rígida promueve que los costos domésticos sigan subiendo, sin adaptarse a la realidad de un mundo que enfrenta presiones deflacionarias en el universo de Transables.
Las soluciones deberían venir por flexibilizar el mercado de trabajo, los sectores no transables poco competitivos, prescindir de una política de tarifas públicas con objetivos recaudatorios y ajustar las autorizaciones de más gasto aprobadas en el Presupuesto que se incrementaron con una inflación proyectada de 4,5% a una realidad con inflación menor.
Caso contrario, el ajuste solo vendrá mediante una relajación monetaria con instancia expansiva como la anticipada por el propio BCU, promoviendo el retorno de la inflación a la meta de 4,5%, que igual no podrá evitarle al país el doloroso camino de una actividad económica resentida, debido a sus rigideces estructurales.
En el ínterin, habrá que resistir ideas que resurgen, como sugerir que el BCU debería intervenir en el mercado de cambios, reminiscencia de los fracasados "platitos chinos" y que solo haría retroceder el avance logrado en convergencia de expectativas.