Panorama económico
Andrés Barreto González
Sin duda el 2026 arrancó de una manera turbulenta, tan movido que el mes de enero va pasando a toda velocidad
Andrés Barreto González
Sin duda el 2026 arrancó de una manera turbulenta, tan movido que el mes de enero va pasando a toda velocidad. En el ámbito internacional se posicionan el realismo y el pragmatismo, frente al multilateralismo y el derecho internacional. Como ejemplo basta la operación de legítima defensa preventiva y extracción de Nicolás Maduro. En el ámbito regional muchos países viraron hacía la derecha, evidenciando el fracaso de los desastrosos gobiernos de izquierda, lo que se suma a un fenómeno de renacimiento de la doctrina Monroe, y una alineación regional influida por la agenda estadounidense. Este año será decisivo para Colombia por dos situaciones, elecciones legislativas y elecciones presidenciales. Si bien, las campañas presidenciales aún no se encuentran formalmente inscritas, pues el plazo de ley inicia el 31 de enero, ya tenemos múltiples encuestas, precandidatos y una clara tendencia entre izquierda radical y derecha. Sin lugar a duda la agenda política cooptará mucho del interés nacional, ojalá la gente se detenga a revisar propuestas, programas, trayectorias y resultados, y tome una decisión más racional, sé que suena ingenuo, pero revisemos qué pasó cuando votaron por discursos, charlatanería, improvisación y malos resultados anteriores. La agenda económica reviste particular interés. Según Corficolombiana, la inflación registró en diciembre una variación mensual del 0,27%, frente al 0,46% de diciembre de 2024, por debajo del consenso de los analistas del 0,35%. El 59% de los rubros del IPC presentaron variaciones positivas, por debajo del promedio 2010-2021 (69%). La inflación anual cayó de 5,30% a 5,10%, acumulando dos meses a la baja. La caída estuvo explicada por regulados y alimentos, mientras que los bienes tuvieron un aporte neutro y los servicios atenuaron la caída. Según Corficolombiana, el haber definido por decreto el aumento del salario mínimo para 2026 en 23% -el incremento más alto de las últimas décadas- cambiará de forma significativa el panorama macroeconómico de 2026, particularmente en materia de inflación, tasas y déficit fiscal. El incremento del salario mínimo teóricamente podría contribuir a la preservación del poder adquisitivo y el reconocimiento de la productividad de 2025 (6,1%), sin embargo, un aumento del 23% no solamente se distancia de las proyecciones, sino que distorsionará muchos otros indicadores y referencias. Aunque, teóricamente busca mejorar los ingresos de 2,4 millones de personas que devengan el salario mínimo, el incremento no solamente generará mayores niveles de inflación y tasas de interés, sino que posiblemente presionará mayor informalidad y supresión de puestos de trabajo. En el panorama político hablar de cifras es, a veces perdido, de allí que se privilegie el tema de seguridad, corrupción y las agendas duras, el trabajador está aparentemente feliz con el aumento irresponsable y unilateral del salario mínimo, pero pronto empezará a pagar sus consecuencias, ni qué decir de las empresas, más del 90% medianas y pequeñas.
Ex Superintendente de Industria y Comercio.