Más mínimo, misma productividad: bomba
Ana Carolina Murillo C
Ana Carolina Murillo C.
El aumento del salario mínimo en Colombia suele celebrarse como una victoria social o criticarse como una amenaza empresarial. Pero esa discusión se queda corta. El verdadero riesgo no es pagar más, sino pagar más sin producir mejor. Y esa combinación es una bomba de tiempo para la competitividad del país. Colombia es uno de los países donde más horas se trabajan y, al mismo tiempo, uno de los que menos valor genera por hora trabajada frente al promedio de la OCDE (Organización para la cooperación y el Desarrollo Económico, sus siglas en inglés). Esta brecha no es nueva, pero el aumento sostenido del salario mínimo la vuelve imposible de ignorar. Según la OCDE, cuando los salarios crecen más rápido que la productividad, las empresas pierden margen, frenan inversión y terminan trasladando el costo a precios, empleo o informalidad. No es ideología: es aritmética económica. Los datos locales confirman el problema. El Dane reportó que la Productividad Total de los Factores creció apenas 0,91 por ciento, una cifra insuficiente para compensar incrementos relevantes en los costos laborales. En otras palabras: el país está pagando más por estructuras productivas que no logran los resultados que hoy piden las empresas y los mercados. Esta es la conversación que debemos promover. Subir salarios pone a prueba la productividad. De hecho, si no se transforman los procesos, quedará en recortes o ajustes salariales. Harvard, MIT y Cambridge llevan años demostrando que trabajar más horas, exigir más esfuerzo o presionar equipos no eleva el resultado. Lo que sí lo hace es rediseñar el trabajo: eliminar fricción, modelos contractuales nuevos, reducir reprocesos, acelerar decisiones y enfocar a las personas en tareas de alto valor. El aumento del salario mínimo genera síntomas de problemas sin atender, expone empresas con demasiadas reuniones inútiles, estructuras lentas, roles difusos y métricas que miden presencia en vez de impacto. Cada peso adicional en la nómina hace más costoso ese desorden. Para los empresarios colombianos, 2026 no será un año para discursos cómodos. Será un año para decisiones estratégicas. Tres preguntas que los líderes deben hacerse ya: ¿Cuánto valor real produce cada hora de trabajo en mi empresa? ¿Qué procesos existen solo por costumbre y no por impacto? ¿Estoy invirtiendo en productividad o solo administrando costos? Porque el salario seguirá subiendo. La verdadera diferencia la marcarán las empresas que entiendan algo clave: la competitividad no se defiende pagando menos, sino produciendo mejor.
anita@lanerddelfuturo.com