El futuro del oficialismo
¿Será capaz la centroizquierda de perseverar en su diferenciación de la izquierda dura?
El término del gobierno del Presidente Boric está dejando al descubierto tensiones largamente contenidas en el oficialismo. Lo que se mantuvo unido por la necesidad de sostener al Ejecutivo y por los incentivos que ofrece el poder hoy se resquebraja a la vista de todo el país.
Los episodios de las últimas dos semanas han sido el catalizador. Dirigentes del Socialismo Democrático (SD) marcaron distancia respecto del Frente Amplio (FA) y del Partido Comunista (PC), cuestionando tanto el tono como la lógica de confrontación que desde esos sectores se esbozaba frente al futuro gobierno de José Antonio Kast. El detonante clave, sin embargo, fue el veredicto del caso Gatica, aprovechado por el FA y el PC para arremeter contra la centroizquierda a propósito de la aprobación de la Ley Naín-Retamal. La reacción del propio Boric, que pareció desentenderse de una iniciativa que su gobierno apoyó, solo sirvió para elevar la molestia del SD. Así, el PS decidió restarse de un proyectado cónclave oficialista que buscaba sellar la unidad del sector con miras al próximo período -el gran sueño de una sola "coalición progresista", que tanto ha planteado el actual mandatario- y, en cambio, convocó a la DC y a los otros partidos del Socialismo Democrático a una reunión efectuada ayer, de la que salieron anunciando la voluntad de actuar coordinadamente. Parece asistirse así al nacimiento de una nueva coalición, pero no la que quería el Presidente, sino una solo formada por quienes alguna vez integraron la Concertación. Así, en lugar de un solo bloque opositor unido, la futura administración podría enfrentar varias "oposiciones", con diferentes estrategias: unos más dispuestos al diálogo constructivo y otros, más duramente ideológicos, decididos a enfrentar al próximo gobierno en cada espacio posible.
En este cuadro, una primera pregunta es el papel que jugará Boric, ahora que su apuesta de dejar como legado la coalición única parece naufragar. Si así ocurre, ¿se alineará con alguno de los frentes? ¿Optará por promover el diálogo con la administración Kast o seguirá el camino de su partido, el Frente Amplio, y el PC, ambos a su vez también tensionados internamente? ¿O, más bien, buscará jugar un rol de gran árbitro entre las distintas oposiciones? Y si es así, ¿le reconocerán todos autoridad para ejercer ese papel?
Pero a esas preguntas cabe agregar otra, respecto de lo que ocurrirá con el Socialismo Democrático y la centroizquierda. Hoy, cuando el pacto con la izquierda más dura ha desembocado en una estrepitosa derrota electoral, el esfuerzo diferenciador que están emprendiendo parece lógico, pero ¿serán capaces de perseverar en él? O, de enfrentar la administración Kast algún escenario complejo, correrán a sumarse a los sectores más radicalizados, igual como en 2019, para volver a "hacerle la vida imposible" a un gobierno de derecha?