Lunes, 26 de Enero de 2026

Tecnología y educación

UruguayEl País, Uruguay 25 de enero de 2026

Las neurociencias y otras disciplinas nos dicen que algunas habilidades que hasta ahora hemos considerado fundamentales están siendo afectadas.

Contra lo que era esperable hasta hace poco, en diferentes países se vienen retirando los celulares y otros dispositivos electrónicos de los salones de clase. Estas decisiones están fundadas en resultados de investigación que son aportados por diferentes disciplinas, especialmente las neurociencias. A esta altura parece un hecho comprobado que las nuevas generaciones están perdiendo comprensión lectora, son cada vez menos capaces de expresarse por escrito y tienen dificultades para mantener la concentración durante períodos extendidos.

A esta altura no tiene mucho sentido discutir si esos fenómenos están ocurriendo o no. La evidencia que se está acumulando no deja mucho espacio para la duda. Ahora bien, ¿tenemos que alarmarnos ante esas pérdidas? ¿Son correctas las decisiones de marcha atrás que algunos países han adoptado?

A primera vista, parecería que sí. Toda nuestra experiencia nos dice que es imposible convertir a una persona con baja capacidad de concentración en un buen neurocirujano. Pero conviene mirar las cosas en perspectiva para no apurarnos a dar respuestas demasiado concluyentes.

Cuando en la antigua Grecia se extendió el uso de la escritura, algunos se alarmaron ante la inminente pérdida de una habilidad muy valorada hasta entonces: la capacidad de memorizar textos muy largos. La Ilíada y la Odisea empezaron siendo extensos poemas orales que eran recitados por bardos de pueblo en pueblo. Nosotros somos incapaces de memorizar una pequeña proporción de sus versos. Esto es una consecuencia de la aparición de la escritura. A partir del momento en que esos poemas estuvieron escritos, la necesidad de memorizar a esa escala desapareció. Pero no ha habido mayores motivos para lamentarlo.

Lo mismo pasó mucho más tarde cuando se generalizó el uso de la máquina de escribir, sustituida después por los teclados de las computadoras. Esas nuevas tecnologías hicieron que se perdiera una habilidad muy valorada hasta entonces, que era la caligrafía. Durante mucho tiempo, el arte de la escritura clara, proporcionada y agradable se había enseñado machaconamente en las escuelas, mediante las "planas" y otros ejercicios. Las razones para hacerlo eran muy buenas: en un mundo sin teclados, una persona que escribía con buena letra era un recurso buscado por las burocracias públicas y privadas, las iglesias y otras organizaciones. Hoy muchos escribimos con mala letra, pero no lo lamentamos.

Cuando más recientemente aparecieron las calculadoras, hubo una pérdida masiva de nuestra habilidad para hacer operaciones matemáticas mínimamente complejas. El fenómeno fue tan visible que durante años se debatió si permitir o no su utilización en los centros educativos. Finalmente la calculadora se convirtió en una herramienta de uso enormemente extendido, hasta que fue desplazada por las aplicaciones para celular que, en general, siguen imitando su diseño. El debilitamiento de nuestra habilidad para calcular no ha sido un problema mayor, al menos mientras no haya un gran apagón tecnológico.

Esa ha sido la dinámica durante miles de años. La aparición de nuevas tecnologías (la escritura, la máquina de escribir, las computadoras, las calculadoras de bolsillo, los celulares) volvieron innecesarias, o al menos convirtieron en fenómenos de nicho, algunas habilidades humanas que en su momento tuvieron una gran importancia. El saldo hasta ahora ha sido positivo. La prueba es que muchos valoramos enormemente esos mismos libros que generaron preocupación y hasta rechazo cuando empezaron a difundirse.

Claro que no hay aquí ninguna ley universal. Por eso son importantes las señales de alarma que estamos recibiendo. Las neurociencias y otras disciplinas nos dicen que algunas habilidades que hasta ahora hemos considerado fundamentales están siendo afectadas. La pregunta es si el uso de las nuevas tecnologías por parte de las generaciones más jóvenes compensará ese fenómeno, o si esta vez estamos ante el riesgo de una pérdida neta con consecuencias muy graves para los individuos y para la sociedad en su conjunto. Dicho de otro modo, ¿estamos ante un capítulo más del proceso acelerado y hasta ahora globalmente beneficioso de sustitución de capacidades humanas por capacidades tecnológicas, o esta es la curva en la que vamos a volcar y hacernos daño?

Muchas personas tienen posiciones firmes sobre el tema, y casi todos las tenemos de a ratos. Pero la verdad es que hasta ahora no contamos con elementos suficientes como para dar una respuesta a la cuestión. Todo ha ocurrido demasiado rápido. Por eso es bueno que a corto plazo convivan experiencias educativas que hacen apuestas diferentes, de modo que podamos comparar resultados. Ojalá podamos aprender pronto de ellas.
La Nación Argentina O Globo Brasil El Mercurio Chile
El Tiempo Colombia La Nación Costa Rica La Prensa Gráfica El Salvador
El Universal México El Comercio Perú El Nuevo Dia Puerto Rico
Listin Diario República
Dominicana
El País Uruguay El Nacional Venezuela