Recuerdo de un texto
Al releer lo que escribí me vuelve a golpear aquello de una sociedad cautiva de la experiencia traumática de ayer.
Las cosas viejas generalmente quedan viejas. Pero no todas: algunas mantienen su lozanía. Como los viejos somos de recordar voy a traer a la superficie algo que escribí hace casi medio siglo. (¡Qué viejo estoy!)
Allá por 1980 -plebiscito del No, postrimerías del tiempo militar- escribí en Opinar, aquel épico semanario de Enrique Tarigo, lo que sigue: leí hace poco en el programa de mano de un cine las siguientes palabras del director polaco Andrzej Wajda: "yo observo atentamente a los jóvenes, los jóvenes realizadores con quienes trabajo en mi unidad de producción y los jóvenes espectadores. La juventud no puede interesarse en la historia de la Edad Media, en los reyes, que no es, por cierto nuestra historia. Los jóvenes tienen necesidad de saber por qué sus padres están tan nerviosos y por qué mienten, por qué hacen tantas cosas que no debieran hacer y por qué, a cada tanto, se descubre que han hecho cosas formidables de las que nunca se había oído hablar".
Los jóvenes uruguayos -continuaba mi artículo de Opinar- tienen hoy en sus manos todas las preguntas del Uruguay, las preguntas del país concreto que viven todos los días, del país que palpan y del país que leen en la prensa, del país que pronuncia la gente de pueblo y del país que define el gobierno La gente joven del Uruguay tiene toda la razón del mundo cuando dice que no quiere vivir más en un país donde hay tantos sectores de la vida pública en los cuales hay que caminar en puntas de pie.
La gente joven no se siente cómoda en una sociedad a la que se quiere dejar cautiva de la experiencia traumática de ayer, fijada y sierva de un solo punto de la historia diez o veinte años atrás, pensando la institucionalidad que se quiere dar a sí misma mañana con los ojos vueltos hacia el pasado.
La gente joven de este país no aprueba una forma de honrar y recordar a los muertos que no permite respirar en paz a los vivos y que no deja estrechar sin animosidad las manos de todos los orientales. Y esa juventud es quien va a renovarnos por dentro, revitalizando todo lo que está caduco y asustado. Con la franqueza propia de sus años va a hacer imposible el disimulo y todo juego de palabras viciado de verdad.
La apuesta a la juventud no es un cálculo basado en que los jóvenes -formándose y con el tiempo- llegarán a pensar como nosotros que ya no lo somos, sino que es la esperanza que nos impulsarán a todos a ir más lejos, a algo nuevo, más vigoroso y mejo a un Uruguay renovado, fiel a sus raíces pero lanzado con entusiasmo hacia el futuro".
Hasta aquí la cita. Ha transcurrido el tiempo. Algunas cosas han cambiado, otras no tanto. No estoy seguro de cuál sea hoy el entusiasmo de los jóvenes y si va en la dirección que tenía en aquel tiempo ido, tan duro pero también tan hermoso.
Al releer lo que escribí me vuelve a golpear aquello de una sociedad cautiva de la experiencia traumática de ayer. y de que hay una forma de recordar a los muertos que no permite respirar a los vivos.
Estamos comenzando un nuevo año. En la vida de la República es una mota en el tiempo. Pero es un hito para marcar propósitos y deseos; ojalá el futuro se desenvuelva libre de ataduras del pasado.
Depende de nosotros.