"La Araucana": Un viaje por las múltiples lecturas de una obra clásica
Bernardo Subercaseaux publica un libro que repasa las múltiples lecturas e interpretaciones que ha tenido la obra de Alonso de Ercilla desde su publicación, no ya desde la consolidada tradición clásica, sino desde la resignificación que de este poema épico se ha realizado en Chile desde el siglo XVIII hasta hoy; desde el Abate Molina y Andrés Bello, Vicuña Mackenna y Neruda hasta Elvira Hernández, los poetas mapuches contemporáneos, entre muchos otros.
Una inmensa atención literaria ha tenido desde su publicación en 1589, en su versión completa, La Araucana , de Alonso de Ercilla. Esta en sus inicios fue estudiada desde una perspectiva erudito-filológica, que se caracterizó por concebir el poema como un depósito de las convenciones del género épico y se la asoció como una obra que se ajusta a la tradición de la primera épica que está en La Ilíada y La Odisea ; luego con La Eneida y La Farsalia, o bien, con la lírica y la épica renacentista ( Orlando furioso ).
Bernardo Subercaseaux (1942), actualmente profesor titular ad- honorem de la Universidad de Chile, donde desarrolló una larga y fructífera trayectoria académica, en la Facultad de Filosofía y Humanidades, autor de un sinnúmero de libros y artículos sobre diversos aspectos de la historia cultural y literaria de Chile, publica ahora un nuevo estudio, en el que busca avanzar sobre esta tradición crítica del clásico de Ercilla. Su libro La Araucana: Recepción y resignificación (un caso único en la historia literaria y cultural), (Editorial Universitaria), aun valorando dicha tradición crítica de la obra, la ve como inconclusa, "un legado abierto que será apropiado y resemantizado con lecturas posteriores". Habría una mutabilidad semántica de La Araucana, "poema español que llega a ser una pieza fundacional no solo de la literatura sino también -desde el Abate Molina y Andrés Bello- de la nación chilena". "En lugar de mirar hacia atrás nos interesa mirar hacia adelante", dice el autor, pues el libro ha generado múltiples lecturas a lo largo de los siglos.
Cabe recordar que la obra de Ercilla vivió una temprana popularidad y canonización, apareciendo mencionada en la novela El Quijote de la Mancha , de Miguel de Cervantes, como un libro destacado de la biblioteca de Don Quijote. Y que no pasó desapercibida en la Europa ilustrada, criticada por Voltaire; o romántica, traducida y elogiada, entre otros, por William Blake y William Haley.
En Chile, el poema de Ercilla es visto desde temprano como un clásico nacional y entrañablemente chileno, desde que a partir del siglo XVIII, especialmente, comienza una lectura chilena del mismo, con el Abate Molina.
En entrevista por escrito con Artes y Letras, Subercaseaux sostiene que la virtualidad semántica de la obra de Ercilla permite múltiples lecturas.
"Se trata de un texto ambiguo, honra al Imperio de Felipe II, pero crítica la Conquista; alaba a los araucanos, pero también las hazañas españolas; releva al monarca, pero se queja porque no le ha compensado lo que él cree merecer; reivindica haber sido testigo de lo que narra -documento histórico-, pero también obra poética, atenta a la tradición épica; su tema es la guerra, pero también el amor, y así suma y sigue. Virtualidad semántica porque en su contenido hay zonas de indeterminación, sentidos oscilantes que pueden ser leídos desde aquí o desde allá".
-La primera lectura chilena de la obra de Ercilla es la que realiza el Abate Molina en su libro "Compendio de la Historia Civil del Reyno de Chile", de 1787. Releyendo su pregunta, ¿desde qué perspectiva el jesuita lee y se apropia de la obra de Ercilla?
"El contenido de la voz Chile en el Compendio de Molina es móvil, apunta, por un lado, a la Capitanía General de Chile dependiente del Virreinato del Perú, y por otro, a lo que considera ancestro étnico y base espiritual del Reyno de Chile: el mundo araucano y su lengua, a la que califica como lengua nacional. Desde esta perspectiva lee la obra de Ercilla como una fuente histórica, que configura al araucano como un pueblo indómito y libertario, a la que cita con frecuencia".
Subercaseaux afirma, pasando a los años de la Independencia, que se establece con este proceso político y La Araucana, una dimensión fundacional, en la medida que se genera un mito identitario y un contexto que desde la lectura que se hizo de este libro en la élite y los próceres, contribuyó a darle una raigambre libertaria a la idea de una nación con ancestro, que dio pie a una alabanza simbólica del pasado araucano.
-¿Este sentimiento que usted describe fue extendido en la población, fue popular? ¿O más bien se trató de una experiencia libresca?
-La lectura fundacional opera en próceres americanos como Miranda y Bolívar y en la Logia Lautaro, y en el plano local, en Carrera, O'Higgins, Pinto y Egaña, o en el primer escudo nacional, o en El Araucano, título del primer diario de la República. En 1810, se estiman alrededor de ochocientos mil habitantes en el país, y no más de un 10% sabía leer. Puede haber habido una ínfima osmosis al mundo popular, pero fue fundamentalmente una experiencia ilustrada, o, como usted dice, "libresca".
-¿Qué cambios significó para el imaginario sobre el mito araucano creado en la Independencia, la lectura de La Araucana que hicieron los intelectuales de la generación de 1842?
-Algunos, como Lastarria y Bilbao, siguiendo la lectura que hizo Camilo Henríquez, la leyeron como un documento histórico que realzaba una tradición libertaria que debía avanzar hacia una integración en la nación. Otros, como Vicuña Mackenna y emigrados argentinos, como Sarmiento y Alberdi, la leyeron desde la dicotomía civilización y barbarie, criticando la lectura idealizada de ese mundo a la que identificaban con el poema de Ercilla".
-¿Qué aportaron los viajeros y naturalistas del siglo XIX con su lectura de La Araucana? ¿O más bien hicieron una lectura desmitificadora?
-Hubo algunos naturalistas, como Claudio Gay e Ignacio Domeyko, que recorrieron la Araucanía y valoraron la fidelidad de Ercilla en sus descripciones geográficas y humanas; otros, como Edmundo Reuel Smith, viajero que recorrió Chile entre 1849 y 1853, la tuvieron presente en sus observaciones, pero se desilusionaron debido a que los araucanos que conocieron, como señala el viajero norteamericano, "no corresponden en mi concepto a la gente indomable descrita por Ercilla" (Edmund Reuel Smith, "The araucanians, or notes of a tour among the Indian Tribes of Southern Chile", 1855)".
-Usted dice que a partir de 1880 la recepción de La Araucana cambió radicalmente, porque el tiempo histórico nacional ahora se da en clave no ya de fundación sino de integración, en que priman el darwinismo social, el positivismo y los conceptos de raza y mestizaje. ¿Cuáles son los hitos principales de este cambio en la recepción de La Araucana en el período de entresiglos XIX y XX y qué queda vigente hoy día de esta lectura?
-Uno de estos hitos fue el que sectores sociales populares y medios pasan a ser actores políticos y culturales. Se realza la figura del roto chileno en la Guerra del Pacífico, emergen partidos de esos sectores, como el partido democrático y el partido socialista obrero. También fue un hito la obra y lectura que hizo de La Araucana José Toribio Medina. Otro hito: el araucanismo científico, de autores como Tomás Guevara, Tomás Thayer Ojeda y Ricardo Latcham. Otro: el libro y las ideas de Nicolás Palacios, en Raza Chilena (1904), en que reivindica el ancestro araucano y su significación (basándose en gran medida en La Araucana) y su mezcla con la vertiente hispana de raigambre goda, ambas herencias serían el sustrato de una supuesta raza chilena, idea que a pesar de carecer de rigor científico tuvo una considerable influencia en un nacionalismo integrador, diferente al nacionalismo decimonónico de tradición liberal. Esas lecturas y los debates que generaron en la época, están de alguna manera presentes en el debate historiográfico contemporáneo, en la visión que tienen de la Araucana Sergio Villalobos vis a vis las de José Bengoa, Alfredo Jocelyn-Holt y Fernando Pairicán".
-Desde 1930 cambia nuevamente el tiempo histórico nacional, se lee, a uno de transformación social, y con ello la lectura que se hace de La Araucana, siendo en este período Neruda y Matta, dos figuras esenciales, entre otros narradores que van a influir en destacar la figura de Ercilla como poeta "inventor de Chile". ¿Coincide esta etapa con una mayor índice de alfabetización en el país? ¿Influye eso en su mayor popularidad y penetración de las lecturas que se hacen en estos años del siglo XX?
-Diría que coincide más que con un índice de mayor alfabetización en el país (que sí lo hubo), con un índice de mayor politización, que lee a La Araucana y a sus héroes como un antecedente de un proceso de liberación, en que los sectores populares están llamados a jugar un rol fundamental en la utopía de una América Latina libre y soberana. Piénsese en Canto General, de Neruda, o en la resignificación plástica de la obra de Ercilla, que hace Roberto Matta en su colección de litografías con prólogo de Italo Calvino, titulada precisamente "La Araucana".
-En el siglo XXI han abundado lecturas críticas y negativas de La Araucana. Erosión y desmitificación se lee en uno de los subtítulos de la lecturas más modernas que se han hecho de la obra. Ahí destaca un poema largo de Elvira Hernández, Premio Nacional de Literatura, titulado La seudoaraucana. Se trataría de uno de los textos "enojados" con la obra de Ercilla. ¿Es esa una lectura sintomática de La Araucana en la actualidad?
-Es sintomática en la medida que en la globalización vivimos un tiempo colectivo de enorme incertidumbre en todos los planos, en que en el arte y la literatura se desestabilizan los símbolos patrios tradicionales, desde la bandera hasta el escudo nacional, piénsese en Mapocho (1981), de Nona Fernández, y en un Lautaro moderno que está perdido en el mundo y tiene una relación incestuosa con su hermana. O en La nueva Araucana (2020), novela vanguardista de Serafín Alfsen-Romussi (seudónimo), que lee la obra de Ercilla como ícono falso de la chilenidad, e injuria la octava real más famosa del poema, "Chile fértil provincia y señalada...".
Por otro lado, hay reescrituras que reivindican el valor de La Araucana y de sus héroes, como Lautaro epopeya del pueblo Mapuche, de Isidora Aguirre, obra de teatro estrenada con gran éxito en 1982, o la serie de cómics Los guardianes del sur (desde el 2017), basados en gran medida en una lectura fiel a La Araucana y a sus héroes. Tenemos también la poesía mapuche contemporánea, fenómeno destacado de las últimas décadas, varios de cuyos autores y autoras rescatan a Lautaro, Caupolicán o Galvarino como ejemplos legendarios, como figuras que siguen presentes en la naturaleza y en el espíritu de sus comunidades.
-¿Se lee hoy La Araucana, en Chile, más allá de los programas escolares y de las lecturas académicas o de la élite intelectual? ¿Es un libro de lectura masiva?
-No, en ningún caso, yo mismo cuando la leí en secundaria me pareció una lectura soporífera, solo la empecé a apreciar cuando la estudié en la universidad y más aún cuando tuve que enseñarla. Aunque no se la lee, sucede un hecho curioso: está presente en el imaginario nacional a través de la imagen que configuró Ercilla de sus héroes y de los araucanos como un pueblo indómito y libertario. Francisco Bilbao y Pablo Neruda propusieron que debiera ser un libro de lectura masiva. Personalmente, estimo que el esfuerzo de su lectura recompensa con creces.
-Usted afirma en el final del libro en un capítulo más personal, sobre la apreciación de su lectura del poema, más allá del estudio académico que realiza, que se trata de poesía dura y pura, que transmite algo nuevo, no solo una recreación de una tradición épica, sino que explora lo novedoso y renombra lo que antes no tenía nombre. ¿Por eso sería una obra clásica?
-Es una notable obra literaria, que coincide con lo que señala Irene Vallejo sobre los clásicos: son grandes supervivientes. Son libros que esquivan (o se acomodan) a las variaciones del gusto, de las mentalidades, de las ideas políticas, de los ciclos cambiantes... Y en ese trayecto donde tan fácil sería perderse, consiguen acceder al universo de otros autores, en los que influyen...
'' En Chile, el poema de Ercilla es visto desde temprano como un clásico nacional y entrañablemente chileno, desde que a partir del siglo XVIII comienza una lectura chilena del mismo, con el Abate Molina".
'' La Araucana posee una virtualidad semántica porque en su contenido hay zonas de indeterminación, sentidos oscilantes que pueden ser leídos desde aquí o desde allá".
'' Vicuña Mackenna y emigrados argentinos, como Sarmiento y Alberdi, la leyeron desde la dicotomía civilización y barbarie, criticando la lectura idealizada de ese mundo de Ercilla que realizaron los próceres de la Independencia".