Democracia como estilo de vida
Padre Diego Marulanda Díaz
En el artículo anterior El partido de la democracia utilizamos la metáfora de juego
Padre Diego Marulanda Díaz
En el artículo anterior El partido de la democracia utilizamos la metáfora de juego. Ahora, conviene entender que en ese juego estamos implicados todos como ciudadanos, es decir, no somos simples espectadores, sino protagonistas. Debemos hacernos un llamado al juego limpio, a no ceder a la tentación de la corrupción en donde vender o negociar el voto fractura nuestro destino como país. La tradición bíblica enseña que lo que realmente tiene valor no puede "venderse por un plato de lentejas" (Gén 25, 29-34). Cuando alguien renuncia a sus principios, a su dignidad o proyecto de vida a largo plazo a cambio de un beneficio rápido, un soborno o un placer momentáneo, está participando del juego sucio. Desde otra perspectiva, la democracia va más allá de las urnas para convertirse en una práctica cotidiana de deliberación pública, sensibilidad, solidaridad y denuncia. La democracia se juega en las aulas, plazas, calles, familias, escenarios deportivos, culturales, redes sociales, lugares de espiritualidad, en las comunidades y sus territorios. Se constituye en ethos (modo de ser) que transforma ciudadanos indiferentes en actores de su destino común para construir nuestra sociedad justa e incluyente. Escuchar al otro y darle la palabra son los cimientos que el lenguaje nos proporciona para construir las instituciones. Somos el resultado de la conversación pública por la fuerza de los argumentos y no por la violencia. En este juego debemos escuchar a los más vulnerables sin que su voz sea objeto de manipulación y de falsas expectativas. En Colombia, marcada por conflicto armado, narcotráfico y desigualdad, esta visión humanista cobra diligencia: debemos hacer uso libre y racional del voto y participar de forma activa en el reconocimiento de la pluralidad y del otro como persona, igual en dignidad. Seamos enfáticos: todos tenemos la misma dignidad y como tal no es negociable ni transferible. La forma eficaz de apropiar la democracia como forma de vida es la educación, porque surge como la herramienta principal para forjar una ciudadanía activa, crítica, con valores humanos y virtudes públicas. Estas son cruciales para sostener las instituciones democráticas y fomentar la convivencia pacífica para resistir así a las tentaciones autoritarias y populistas. Ciudadano, usted tiene el derecho a ser bien informado, a conocer todas las propuestas, a hacer preguntas, a participar con criterio de esta contienda electoral que ya inició para el Congreso y la Presidencia. Es una gran oportunidad para mostrar el nivel de civismo y pluralismo que nos demanda nuestra Constitución Política como camino seguro y prenda de garantía para seguir consolidando nuestra democracia y fortaleciendo las instituciones.
Rector General Universidad Pontificia Bolivariana.