Sábado, 07 de Febrero de 2026

Becas Chile: parte de un desafío mayor

ChileEl Mercurio, Chile 7 de febrero de 2026

Una transformación profunda del programa Becas Chile propone un documento del Centro de Estudios Públicos

Una transformación profunda del programa Becas Chile propone un documento del Centro de Estudios Públicos. Sugiere avanzar hacia un sistema mixto, que reserve el subsidio fiscal a programas de posgrado -uno de los más onerosos que existen en nuestro país- solo para áreas prioritarias y de alto retorno social. En otros posgrados, se propone un cofinanciamiento, complementando, por ejemplo, una beca parcial con un crédito contingente o con aportes privados. El estudio tiene en mente el modelo japonés, internacionalmente reconocido para el desarrollo de capital humano avanzado. En ese modelo, hay un fuerte involucramiento de la industria en el financiamiento y ejecución del programa, al tiempo que no se exige siempre el regreso del becario -como sí pasa en Chile-, sino que, si la estancia en el exterior no interrumpe el vínculo con el país, se permite continuarla.
Precisamente la formación de capital humano avanzado fue el objetivo con el que nació Becas Chile y que ha significado altos desembolsos: aproximadamente US$ 500 millones entre 2014 y 2024, si bien en los últimos años estos han caído. A la base de las recomendaciones del CEP se encuentra una evaluación de impacto de este programa, encargada por la Dirección de Presupuestos, que concluyó que había un bajo retorno de la inversión involucrada, fundamentalmente por la escasa creación de valor científico y social. Se arguye, además, la existencia de problemas de diseño por el financiamiento de posgrados que tienen un "clon" en nuestro país (aunque se debe reconocer que tampoco está claro el valor que agregan muchos de los programas nacionales).
Es evidente que Chile sigue necesitando capital humano avanzado. Por ejemplo, mientras en la OCDE el promedio de investigadores por cada mil personas empleadas se acerca a diez, en Chile se empina apenas por sobre uno. El problema radica en que las políticas de financiamiento de becas de posgrado deben insertarse en una estrategia más comprensiva, que simultáneamente avance en el desarrollo de un ecosistema de investigación e innovación que permita una interacción virtuosa y que incorpore los vínculos con esos nuevos profesionales. Ello no ha ocurrido en Chile. Mientras tanto, la inversión en investigación y desarrollo en las empresas aún es incipiente y las universidades han reducido significativamente el ritmo de contratación de académicos. Tampoco existen incentivos para crear doctorados con la industria -tendencia en aumento en el mundo-, simultáneamente con una reducción de los propiamente académicos. Mientras, la formación de pregrado está desalineada con la que se observa en el exterior: la formación en ingenierías, ciencias o medicina sigue estando por debajo de los países de la OCDE y los pregrados en artes y humanidades -sin que ello signifique desconocer su necesidad y valor- ocupan un espacio mucho mayor.
Con todo, reconociendo que las propuestas del CEP van en la dirección correcta, el programa Becas Chile solo constituye una pequeña parte de un problema mucho mayor y que aún no se ha ponderado adecuadamente en el debate público.
El financiamiento de becas de posgrado debe insertarse en una estrategia más comprensiva.
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