El volcán y la política
Mientras observo el volcán Osorno, y me sereno junto a su calma majestuosa, pienso en que ese mismo volcán puede erupcionar en cualquier momento, pues su sosiego no es permanente
Mientras observo el volcán Osorno, y me sereno junto a su calma majestuosa, pienso en que ese mismo volcán puede erupcionar en cualquier momento, pues su sosiego no es permanente. La historia nos muestra algo similar con la política. A tiempos calmados siguen épocas tumultuosas y viceversa. En Chile eso lo hemos vivido muy de cerca en los últimos años, sobre todo en un torbellino que estuvo próximo a conducirnos al despeñadero (el delirio constitucional nos respiró en la nuca) y la barbarie fue ferozmente romantizada por intelectuales que también cayeron en ese estado de locura cívica.
Sin duda, no será fácil para el nuevo Presidente ordenar la casa y el orden tan maltratados por la generación que ahora deja el poder. Cabe la pregunta de si el Presidente saliente y sus seguidores han madurado un poco en estos años a fin de que, al estar de nuevo en la oposición, sean mucho más prudentes y constructivos que lo que fueron en el pasado. Si bien soy escéptico al respecto, quiero otorgarles el beneficio de la duda. No creo que el país esté para nuevos estallidos alimentados por las cajas de resonancia de ese vandalismo que el 2019 no respetó nada y quiso destruirlo todo, sin que les importase el deterioro y el daño que eso causó a la convivencia nacional.