Una nueva generación de artistas expone la búsqueda de su propio lenguaje visual
Hasta el 15 de marzo estará la muestra "Punto de quiebre", que presenta cuatro proyectos de título de las recién egresadas de escuelas nacionales Nataly Cáceres, Pía Catalán, Karen Coñuecar y Javiera Curipan.
Dentro de los momentos que marcan un antes y después en la vida de una persona está el paso desde la universidad al trabajo y eso es uno de los aspectos al que alude "Punto de quiebre", la exposición colectiva que presenta el Museo de Artes Visuales (Mavi UC) en su sala 6 hasta el 15 de marzo.
Son cuatro proyectos de artistas que egresaron en 2024, elegidos de una convocatoria a 12 facultades de Artes Visuales del país para que presentaran los mejores proyectos finales de sus alumnos. Cinco universidades enviaron sus opciones y un comité del museo -formado por Maya Errázuriz, Sebastián Vidal, Alejandra Bendel y Ana María Yaconi- seleccionó a Javiera Curipan y Nataly Cáceres, de la U. Católica; Pía Catalán, de la U. Católica de Valparaíso, y Karen Coñuecar, de la U. Austral.
"Las obras que se escogieron de alguna manera evidenciaban una propuesta clara, en términos de una idea, conceptos y fundamentos que sustenta el trabajo de investigación de la obra plástica, tanto en su discurso como en las técnicas y materiales empleados", señala Tania Orellana, coordinadora de proyectos de Mavi UC.
Agrega que son muy distintas en sus búsquedas y propuestas artísticas, pero coherentes en su relato. Tocan temas como la identidad, el sentido de pertenencia y preocupaciones de la vida contemporánea. "Estas investigaciones dan cuenta de las búsquedas insertas en contextos locales que nos hablan de fenómenos globales", explica Orellana.
Reciclaje material
Doscientas servilletas con un mensaje escrito a mano componen "Proyecto pendiente" , el trabajo de Javiera Curipan. Puestas ordenadamente y divididas en dos marcos, como si fueran grandes cuadros, el contenido de esas servilletas son frases que alguien no dijo en su momento, y por lo tanto, hay sentimientos diversos, como amor, rabia, pena e, incluso, agradecimiento. La idea nació tras el fallecimiento de la madre de Curipan, cuando se cuestionó todas las cosas que quizás nunca hablaron.
Karen Coñuecar también buscó en su biografía la inspiración para "Cocer la tierra, coser el agua" . Ella investigó sus orígenes desde la naturaleza y el sur de Chile y lo plasmó en una cuelga de lo que parecen ser piedras, pero que al verla de cerca es arcilla -recogida por ella en Valdivia y Puerto Montt- con la forma de su mano, que se une al suelo con una línea de tierra. Las piezas de arcilla están cosidas entre sí y, al mismo tiempo, el material fue cocido, lo que para la artista significa firmeza y permanencia, mientras que la tierra hace referencia a lo crudo.
Otra obra cuelga en la sala: se trata de "Novecientos sesenta kilos", de Pía Catalán. Son mallas rojas de nailon cosidas que al caer forman curvas y dan la sensación de movimiento; juega también con las transparencias. Se suma un video de 13 minutos, en el que se ve una intervención en la feria del Estero Marga Marga de Viña del Mar, que es donde Catalán recolectó las mallas rojas. La obra convierte un material simple, que es capaz de soportar grandes pesos, en un objeto estético y liviano.
Muy diferente es el trabajo "La madriguera" , de Nataly Cáceres. Se trata de un espacio interactivo con dos computadores. Se saca un papel que tiene un código que permite acceder a un videojuego -creado por la artista- en los computadores, protagonizado por un conejo. La curiosidad motiva la experiencia, porque hay frases que alguien le dejó a un otro. Se juega, entonces, con lo íntimo y lo privado, y genera vínculos entre desconocidos.