Viernes, 20 de Febrero de 2026

Elegir cuidar

ChileEl Mercurio, Chile 20 de febrero de 2026

No debe olvidarse que el objetivo no es hacer crecer la red estatal.

Ad portas de reiniciar la discusión legislativa sobre sala cuna universal, parece necesario contribuir al debate desde un ángulo distinto. Hasta ahora, los cuestionamientos al proyecto se han limitado a una dimensión económica, lo que haría suponer que el beneficio para mujeres y niños es indiscutido. La realidad es diferente. A nivel comparado, las críticas a la sala cuna como herramienta en favor del desarrollo de la primera infancia y de la equidad sexual son relevantes.
Los primeros años de vida son decisivos para el desarrollo cognitivo y emocional de todo niño, por lo cual el mundo desarrollado ha transitado desde la lógica de la sala cuna como "guardería" hacia el de la "educación integral".
Para criar niños, los entornos doméstico-familiares en sentido amplio (mono o biparentales) son espacios privilegiados a pesar de sus carencias. En cambio, las salas cuna deben cumplir con estándares relativamente más exigentes y costosos que les permitan construir apegos y hacer posible el desarrollo temprano. Se precisan salarios competitivos que disminuyan la rotación de cuidadores y garanticen su suficiencia y calificación como educadores. Sin ello, la sala cuna se vuelve asistencial.
Desde el punto de vista de la equidad sexual, las críticas provienen desde el propio feminismo. Se señala que bajo restricciones salariales, las labores de cuidado continúan siendo desempeñadas por mujeres, generalmente de bajos recursos y migrantes. Además, las mujeres que acceden al trabajo remunerado merced a la sala cuna solo se beneficiarían si el servicio se garantiza hasta el ingreso escolar del niño, lo que no ocurre en el diseño chileno.
Las objeciones feministas trascienden, entonces, ampliamente el sexismo (efectivo) de normas como la chilena (que vinculan el costo laboral de la sala cuna solo a la "maternidad"). Por lo mismo, subrayan los feminismos, la derogación de estas normas no convierte de suyo al diseño de reemplazo en un beneficio, especialmente cuando ciertos supuestos del sistema se mantienen vigentes.
Este es justamente el caso del proyecto en debate. La propuesta de reforma actual mantiene a la sala cuna como alternativa única de apoyo público al cuidado de la primera infancia, y destacarlo importa porque existe espacio para enmendar el rumbo. Cuando la calidad de la sala cuna no está garantizada, los subsidios directos e incentivos tributarios al cuidado familiar, y la flexibilidad laboral para hombres y mujeres cuidadores, son alternativas que pueden resultar más protectoras que una desfamiliarización precaria.
No debe olvidarse aquí que el objetivo no es hacer crecer la red estatal o su injerencia en la formación de los niños, sino cómo se fortalecerá a las familias en la corresponsabilidad sexual por el cuidado. Un enfoque pluralista no impone una única forma de hacerlo: algunas familias optarán por el cuidado institucional; otras privilegiarán el cuidado familiar. La responsabilidad pública consiste justamente en ampliar opciones reales que permitan a los ciudadanos elegir sin empobrecerse.
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