"No se le pueden pedir peras al olmo"
Pretender cuadrar las cuentas a punta de recaudación, mientras se encarece y dificulta la actividad que la genera, es exactamente eso: exigir frutos donde se impiden las condiciones para que broten
Pretender cuadrar las cuentas a punta de recaudación, mientras se encarece y dificulta la actividad que la genera, es exactamente eso: exigir frutos donde se impiden las condiciones para que broten. Chile encadena su tercer año en déficit fiscal y, desde el Gobierno, se ha atribuido buena parte del desajuste a la menor tributación empresarial, incluso sugiriendo incumplimientos. El dato relevante, sin embargo, está en la base: bajo crecimiento, informalidad al alza y permisología estrechan el espacio imponible. Cuando la economía se frena, se erosionan utilidades, salarios formales y consumo; con ello, se resiente la recaudación. Es una lamentable realidad macroeconómica. Insistir en subir impuestos o en ampliar sospechas sobre las empresas es todo lo contrario a lo que se debe hacer para fortalecer los ingresos fiscales. Requerimos más inversión, más empleo formal y mayor productividad. Eso exige un Estado moderno y austero, capaz de reducir costos de transacción, dar certezas regulatorias y agilizar la burocracia kafkiana chilena, menos trámites interminables, plazos ciertos, reglas estables y evaluación técnica oportuna. También una priorización del gasto que libere recursos hacia áreas con alto impacto en crecimiento y bienestar. El humor del refrán ayuda a recordarlo: si el Estado quiere cosechar más, debe dejar de poner piedras en el surco.