Sábado, 28 de Febrero de 2026

Cable a tierra

ChileEl Mercurio, Chile 27 de febrero de 2026

Resulta inaceptable la falta de prolijidad en el manejo de este tema por parte del gobierno.

En un sistema económico globalizado, las señales que todo país emite importan. Y cuando se trata de infraestructura estratégica -por ejemplo, cables submarinos, redes eléctricas, transmisión de datos-, el fondo y la forma de las decisiones son determinantes. Lo ocurrido con el acuerdo del cable submarino con China, aprobado y luego revertido en cuestión de días, no es solo un traspié diplomático. Es una muestra más de la preocupante inoperancia con que el gobierno del Presidente Boric ha gestionado asuntos que comprometen la inserción estratégica de Chile en las próximas décadas y de cierta ingenuidad respecto de los conflictos geopolíticos que dominan hoy al planeta.
El episodio del cable no ocurre en el vacío. Se da en un contexto donde empresas estatales chinas han incrementado su presencia en sectores estratégicos no solo en Chile, sino en toda América Latina. En el caso local, baste recordar que China Southern Power Grid, una gigantesca estatal china, ya posee cerca del 28% de Transelec. Se trata de la principal red de transmisión eléctrica de Chile, columna vertebral del sistema energético nacional. Como se ha mencionado en el pasado, esto puede ofrecerle a China un poder de negociación respecto de inversiones en este y en otros sectores.
En paralelo, EE.UU. ha manifestado explícitamente su preocupación por la creciente influencia china en infraestructura crítica en la región y ha insistido en la necesidad de establecer mecanismos formales de evaluación de inversiones estratégicas. No es un secreto que Washington ha reactivado su presencia bajo una lógica de competencia estructural con China. Minerales críticos, redes digitales, energía y logística forman parte de una disputa de largo plazo. Y en lo sustancial, en la política respecto de China, no existen mayores diferencias entre republicanos y demócratas.
En este contexto, era absolutamente previsible que la decisión de avanzar con el proyecto de cable submarino chino generaría tensiones. Así, resulta inaceptable la falta de prolijidad en el manejo de este tema por parte del gobierno. Aprobar un proyecto estratégico y luego revertirlo, sin explicaciones plausibles y con evidente falta de transparencia, demuestra una total ausencia de prudencia, rasgo que en política económica se paga caro en al menos dos frentes.
Primero, en el ámbito interno, la ausencia de coordinación política y técnica para anticipar el impacto geopolítico de decisiones estratégicas no hace más que contribuir al desprestigio del Estado. Segundo, en el ámbito externo, la incapacidad de sostener una posición coherente frente a dos potencias que hoy compiten activamente por influencia en América Latina no posiciona a Chile como un referente en la región respecto de cómo maniobrar en el complicado escenario de la diplomacia internacional.
Estados Unidos ha dejado claro que considera la región parte de su estrategia de seguridad económica y tecnológica. China, por su parte, continúa expandiendo su presencia en infraestructura crítica mediante empresas estatales con fuerte respaldo financiero. En este tablero, la ambigüedad y el error no es neutralidad; es vulnerabilidad.
Un país como el nuestro puede navegar entre potencias si cuenta con reglas claras, institucionalidad robusta y liderazgo estratégico. Lo que no puede hacer es oscilar. Los eventos de esta semana no solo denotan falencia respecto de un proyecto en particular, sino demuestran que Chile no tiene una estrategia definida frente a la nueva geopolítica de la infraestructura. El desafío para la administración del Presidente electo, José Antonio Kast, en el ámbito internacional es, entonces, claro.
Y la obligación anticipada de configurar una estrategia, independientemente de las circunstancias que la motivan, puede tener un elemento económico no despreciable.
En economía internacional la reputación se construye lentamente y se deteriora con rapidez. Incluso en sus postrimerías, el gobierno del Presidente Boric no parece comprenderlo. La siguiente administración debe aprender de dichos errores y desarrollar una estrategia con los pies en la tierra.
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