Hace una semana, el caso de Patrick Ospina puso en primer plano la labor de los socorristas durante las emergencias que golpean al país. Hoy le abren las puertas a El Comercio para conocer de cerca sus motivaciones y preparación.
El miércoles, el Departamento de Operaciones Especiales en Auxilio y Rescate de la Policía Nacional del Perú (PNP) cumplió 11 años de creación. Pero aquella calurosa mañana nadie celebraba en la base de radiopatrulla en La Victoria. Una corona de flores instalada junto a la estatua de un ángel que sostiene el cuerpo inerte de un policía dejaba claro que seguían de luto. ?Se conmemora la fecha, pero no podemos celebrar si nos falta Patrick?, confiesa el capitán Juan Rivera Paredes en referencia al suboficial Ospina, socorrista que murió cinco días antes en el río Rímac intentando rescatar a un perro.
A pocos metros, decenas de cadetes cumplían un riguroso entrenamiento sin inmutarse por los 34 grados que marcaba el termómetro o el reciente recordatorio sobre la mortalidad de esta labor. ?La muerte no es un tema sobre el que conversemos mucho porque preferimos abocarnos a la vida, a salvarlas. Tratamos de evitar a la muerte con mucho respeto. Cada día intentamos arrancarle una vida de las manos, es una batalla constante?, reflexiona el comandante Elmo Culqui, un curtido oficial con más de un cuarto de siglo de carrera que este año asumió el liderazgo del departamento.
El camino para llegar a este grupo que forma parte de la División de Emergencia de la PNP se inicia con el curso básico de Operaciones Especiales en Emergencia y se complementa con el curso de Operaciones Urbanas de Búsqueda y Rescate. ?En el último aprendes todas las técnicas y manejo en diferentes etapas de cuerdas, rescates en áreas confinadas, en estructuras colapsadas, aguas rápidas?, detalla Culqui antes de que su teléfono comience a sonar.
?Emergencias constantes?
La llamada sirve para afinar detalles sobre su pronta salida hacia Amazonas, donde liderará un escuadrón en labores de búsqueda de desaparecidos durante las lluvias.
Las emergencias no dan tregua. Horas antes de nuestra llegada a la base, otro escuadrón recuperó el cuerpo de un adolescente que se había ahogado en el río Chillón, a la altura de Canta. ?La última vez que intenté contar fue en febrero del 2025, recuerdo que hubo 12 intervenciones de recuperación de cadáveres y otros tres rescates en diferentes circunstancias. No había terminado el mes y yo ya había perdido la cuenta. Nosotros no solo operamos ante desastres naturales, sino también en accidentes de tránsito u otras tragedias en el país?, afirma Rivera.
Pese a la preparación, el miedo nunca desaparece. Culqui lo define como algo inherente a cada ser humano pero que un socorrista es capaz de canalizar en favor de sus labores. ?Debemos dominarlo porque lo más importante es salvar la vida que tenemos en frente, sea humana o animal. Eso fue lo que hizo el suboficial Ospina, se entregó a su misión aun conociendo las posibles consecuencias que involucraba?, asegura.
El capitán Rivera, que el año pasado estuvo en el mismo pelotón que Ospina, lo define como ?vasto en conocimientos y muy amigo de los animales que mantuvo su convicción hasta el final?. ?Y eso es lo que más respeto en una persona?.
Las carencias técnicas y logísticas son evidentes. Durante la búsqueda de Ospina, por ejemplo, dependieron de los drones que llevaron los bomberos y el grupo cuenta con apenas 90 efectivos, pero el comandante dice que el compromiso no es negociable dentro del equipo. Quizá por ello en este departamento no han sentido en carne propia la baja aprobación que mantiene la PNP entre la población según las últimas encuestas de opinión pública. Rivera cree que se debe a la misma naturaleza de sus funciones, de auxilio y no represivas, mientras Culqui lamenta que malos elementos terminen tirando por tierra la labor que realizan los buenos efectivos, los cuales, asegura, son muchos más.<FFFC>