Jueves, 05 de Marzo de 2026

Tinto

ColombiaEl Tiempo, Colombia 5 de marzo de 2026

Margarita Bernal
El tinto en Colombia no es solo café negro

Margarita Bernal
El tinto en Colombia no es solo café negro. Es hábito. Es identidad. Es la manera en la que se recibe a alguien, con la que empieza una reunión, es la pausa en el trabajo. Está en la casa, en la calle, en la tienda y en la oficina. Está en el negocio y en la esquina. Acompaña la conversación y muchas veces la provoca. Es suave y caliente, preparado por infusión o filtrado —café colado—, servido sin leche y muchas veces endulzado con panela o azúcar. La palabra viene de tinctus, "teñido", término que durante siglos describió líquidos oscuros, especialmente el vino. Cuando el café se expandió en Colombia entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, la bebida que llenaba la taza adoptó un nombre que ya existía en la lengua. Ese proceso coincide con el momento en el que el café se consolida como eje económico nacional. Mientras organizaba exportaciones, infraestructura y territorio, también se instalaba en la vida diaria. El tinto ha acompañado generaciones. No como lujo, sino como rutina. Las cifras muestran que esa presencia sigue vigente. El consumo interno equivale a entre dos y tres tazas diarias en promedio. El café hace parte del día a día de los colombianos. En algún momento empezamos a hablar de americano: un expreso más agua. Nació en Italia durante la Segunda Guerra Mundial, cuando soldados estadounidenses pedían suavizar el espresso. Con la expansión global de las cadenas internacionales, el término se estandarizó y entró en nuestra mesa, a nuestras cartas urbanas. Luego vinieron el latte, el flat White, los métodos manuales, la conversación sobre origen y proceso, el barista. El café empezó a explicarse y a mostrarse. Ahí el marketing empezó a pesar de otra manera. Durante décadas el tinto no necesitó relato ni segmentación. Hoy este compite en un entorno donde cada producto requiere historia, contenido, estética y promesa. Las tendencias, la innovación, el conocimiento técnico y la creatividad en nuevas preparaciones han transformado y evolucionado la forma de beberlo. Las nuevas generaciones, principalmente de las ciudades, crecen en ese escenario, mientras que en el campo aún se conserva la tradición. Para muchos jóvenes, el café se elige entre múltiples opciones. Las bebidas frías, las mezclas con leches y bebidas vegetales, los syrups y sabores, las espumas, las figuras y los formatos listos para tomar ganan espacio. El consumo se diversifica. Eso no significa que el tinto desaparezca. Pero sí obliga a preguntarse qué lugar ocupa en la memoria afectiva de quienes no crecieron viendo servir café en una olla o en una greca, sino en máquinas brillantes y cartas con nombres en inglés. Queda la pregunta: si la palabra tinto conservará su peso entre quienes hoy hablan otro idioma cafetero o si será apenas un recuerdo generacional. Buen café.
Comunicadora y consultora gastronómica.
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