El presidente de Factum dijo que el esquema institucional más presidencialista instalado por Lacalle Pou se mantiene en este gobierno. Opinó que en el MPP predomina un mix entre un pensamiento astorista y mujiquista.
El
presidente de Factum, Oscar Botinelli, analizó el discurso de
Yamandú Orsi en la
Asamblea General e indicó que el primer mandatario intentó transmitir optimismo. Con respecto al gobierno, dijo que el esquema más presidencialista instalado por
Luis Lacalle Pou se mantiene durante la actual administración y que esa arquitectura institucional le da a Orsi más poder del que tuvieron los anteriores
presidentes frenteamplistas.
-¿Cómo vio el discurso del presidente Yamandú Orsi en la Asamblea General?-Apuntó a trasmitir una visión optimista. Una de las críticas que ha recibido el manejo del gobierno, sobre todo desde el punto de vista comunicacional del oficialismo -no solo desde Torre Ejecutiva, sino también desde ministros, senadores, diputados-, es que fue un año de mensajes negativos: "No se puede", "hay restricciones fiscales", "el país quedó muy mal", "el déficit fiscal.". Al final era apuntar a un bajón. Me da la impresión que el presidente quiso ir en otra dirección: "Estamos haciendo cosas". Planteó en algunos campos, terrenos en los que efectivamente el gobierno ha logrado avances, aunque después se podrá medir la magnitud. La falta de medicamentos estaba muy complicada y ha habido una mejora. También con los turnos. Esas dos cosas en ASSE han mejorado sustancialmente y están logrando satisfacción de los usuarios, que son el 40% del país. Lo otro fue lo escolar, la extensión de las escuelas de tiempo completo y la apertura de más comedores. Parece muy positivo.
-¿Ese intento de transmitir optimismo alcanzó?-Quiso darle, también, un tono de sobriedad, y ahí hay un problema. Se estaba notando la necesidad de esperanza. Pero el tono del discurso y la forma no la generaron. Dejando de lado las polémicas con la oposición -que no fueron muchas-, no se cerró la brecha que el gobierno mantiene con un núcleo importante de frenteamplistas, a los que llamo "frenteamplistas de fierro". No se trata de un sector político específico, sino de un grupo más bien transversal. El Frente Amplio (FA), hasta no hace demasiado tiempo, tenía, con matices, posiciones homogéneas en cómo veía el mundo y la política exterior. Esa homogeneidad se empezó a debilitar muy tenuemente hace unos años, pero no durante los gobiernos. En cambio, ahora hay un giro grande que ha dejado a todo un sector pensando que no lo representa. Ahí hay una grieta. Orsi apenas hizo mención a los médicos de Cuba, pero nada referido al bloqueo. En ese caso no selló esa fisura.
-En la Huella de Seregni ese fue el momento más aplaudido.-En el Parlamento también fue el que provocó más entusiasmo.
-¿Esa brecha que existe entre el gobierno y el FA no es común a los anteriores gobiernos, como el de Tabaré Vázquez?-No, en el FA como estructura, en el tema que claramente se ve un lenguaje distinto al del gobierno es en los acontecimientos internacionales. Lo curioso es que oficialmente el FA manifiesta unas resoluciones que en líneas generales son contrarias a las del gobierno. Incluso, en el Senado, las posiciones de la bancada, como la declaración que acaba de salir sobre el bloqueo de Cuba, no tienen el tono del Ejecutivo. Hay una disociación. Uruguay no está exhibiendo seriedad en este momento.
-¿Por qué?-El gobierno y el partido de gobierno pueden discrepar cuando hay fisuras, por ejemplo en Bolivia, cuando el partido de Evo Morales lleva a Luis Arce a presidente y se pelean entre ellos. Eso es un cosa, pero que el partido que te sostiene y te llevó al poder, que sigue siendo oficialista, diga cosas distintas tiene dos interpretaciones. O hay una dualidad de criterio o hay un juego: que el gobierno juegue tranquilo hacia el exterior y esto es para amansar a las fieras.
-¿Cómo ha visto la postura de la oposición en este tema?-Tampoco la veo bien. Está tratando de ver qué discrepancias marca con el gobierno, pero en realidad cuando uno ve los comunicados en torno a lo que ocurrió con Venezuela la declaración del Partido Nacional y del Partido Colorado no discrepa en el fondo con el gobierno. Coinciden en el 90%, aunque con el tono del discurso se diga que se está radicalmente en contra. Un problema al tratarse los casos de Venezuela o de Cuba es que, en lugar de hablarse del tema principal -las reglas internacionales-, se habla de los tipos de regímenes. No tienen nada que ver. Defender la no intervención en un país no es defender al régimen que hay, es defender determinado criterio del derecho internacional. En líneas gruesas se puede decir que hay tres grandes criterios. El de no intervención, si se quiere, del herrerismo puro: nunca, bajo ningún concepto, nadie puede intervenir otro país. Otra es la posición que sostuvo el Partido Nacional Independiente, que se conoce como la doctrina Rodríguez Larreta, que básicamente sostiene que hay un paralelismo entre la democracia y la paz. Esa postura postula el derecho a intervenir para imponer la democracia de manera multilateral, a través de organismos internacionales. Una tercera es la intervención unilateral, es decir, el derecho de las potencias a ejercer un papel de policía en la región que dominan. He visto de parte de la oposición confusión sobre cuáles son los principios internacionales y el tema del régimen.
-¿Influye la posición en política extrerior en los niveles de desaprobación que tiene hoy Orsi, en particular a la interna del FA?-El mayor problema que tiene con la política exterior el gobierno es con los frenteamplistas. La intervención norteamericana en Venezuela tiene el rechazo de más del 70%. Lo de Gaza fue más fuerte, pero en ese caso logró un nivel de movilización que excedió lo político partidario. Se vio mucho de parte de movimientos sociales que actúan con autonomía.
-¿A qué se debe que la aprobación sea más baja que la de otros presidentes en el mismo momento del período?-Con el gobierno anterior no se puede comparar porque fue un período muy anormal. Se puede decir que en 2022 empieza a ser un mundo más normal. En 2020 y 2021, fue algo muy extraordinario y se vio en cómo cambiaron los indicadores. Angela Merkel, por ejemplo, en 2019 estaba muy mal y en 2020 vuelve al estrellato. En India pasó lo mismo con el primer ministro Narendra Modi. El problema es que cuando se produce un cambio de gobierno se genera un cambio en las expectativas. Quienes votan a los que llegan piensan que va a haber algo distinto. No importan los discursos racionales, si fueron 63 medidas o cero. Es subjetivo. Entonces, cuando mucha gente empieza a no ver ese cambio o a no sentirlo, viene una desilusión. Puede ser injusta, pero es un fenómeno recurrente.
-Pasa cada vez más.-Hay algo que no debemos olvidar. Uruguay tuvo una gran reserva de esperanza que se llamó Frente Amplio. Desde que se funda hasta 2004 el FA es solo esperanza. Cualquiera podía depositar el imaginario que quisiera e iba a andar bien porque algún día cuando llegara al gobierno iba "a ser maravilloso". Y, capaz, la maravilla que quería A era lo opuesto a lo que quería B. Se movía en el mundo de lo mágico, pero a partir de 2005 los tres grandes partidos -que representan casi el 90% del electorado- ya gobernaron y más de una vez. Entonces, todos son realidad, todos tienen éxitos, realizaciones, y fracasos. El mundo de lo mágico se pinchó y eso genera desilusión. Además, estamos en un momento de pérdida de credibilidad en el sistema político. Nos da que la gente enojada que uno llamaría antipolítica y descreída es el 30%. Tres de cada 10 que no quieren saber nada con la política. Después, menos del 10% de los uruguayos son los que aplauden a sus grupos políticos como barra -brava. Y muchos de ellos son los que rodean a los dirigentes y celebran cuando hay algún exabrupto. Les dicen: "¡qué bien!, ¡dale más fuerte!". Entonces, doblemente más fuerte, y lo vuelven a aplaudir. Fuera de esos círculos, la reacción es la contraria. En un momento en que la política ha cambiado reglas y es mucho más confrontativa, es estimulada por parte de esos conjuntos la actitud dura. En esta legislatura estamos viendo extrema dureza y ataques que arrastran a todos porque el que queda callado o habla muy suave no existe. La sociedad la podemos dividir de esta manera: de cada 10 personas una es de las que incitan a lo barrabrava, tres no quieren saber nada y seis piden que haya acuerdo, que se entiendan.
-Volviendo a los niveles de aprobación del presidente y del gobierno, ¿después de que bajan se puede remontar?-En el sondeo de Factum es estable y a esta altura sí, puede remontar. A veces depende de cosas propias y otras de externas. Hay que tener mucho cuidado con los niveles de aprobación, que son muchos. Está muy bien en atención a la salud, no está mal en empleo. Está muy mal en pobreza, gente en situación de calle y seguridad. Pero lo negativo viene muy estable desde hace largo tiempo. Igual hay que tener cuidado: Lacalle Pou tuvo pérdida de votos de 2019 a 2024. El Partido Nacional pasó de 28,5% a 27%. Y si se computan las listas con su foto y banda presidencial sacó 26%, con una aprobación del 50%. No hay una relación directa entre aprobación y voto. Eso hay que tenerlo en cuenta. Aún hoy, en la aprobación de Lacalle Pou hay muchos frenteamplistas. Tienen una buena imagen de él, pero no lo van a votar.
-¿En el caso de Orsi cuáles son los otros cuestionamientos de la militancia del FA?-Hay un cuestionamiento desde el frenteamplismo sobre la supuesta tibieza de Orsi. Yo tengo mis dudas si su estilo es en sí mismo un problema o si la disconformidad está relacionada más a temas específicos de gestión o de resultados; no a que no mande. Sí ha querido reforzar últimamente que él está a cargo. La gente no tiene por qué saber cómo se gestiona, pero sin dudas, en el gobierno de Orsi, el papel del presidente con Orsi es bastante similar al de Lacalle Pou. Es mucho más fuerte que el papel que tuvo Vázquez en sus dos presidencias y que el de José Mujica. Me refiero al manejo del Poder Ejecutivo.
-¿El poder de Orsi como presidente es más fuerte que el que tuvieron Mujica y Vázquez?-Sí.
-¿Por qué ?-El poder de Vázquez fue más fuerte en el segundo gobierno, pero el primero fue muy colectivo. El Consejo de Ministros se reunía todas las semanas y no era como los que hubo ahora. El primer Consejo de Ministros verdadero de este gobierno fue el 4 de enero, cuando se discutió qué hacían con lo de Venezuela. Fue un Consejo en que se debatió, con distintas posiciones. Los otros, como ocurría con los de Lacalle Pou, fueron anuncios. Se juntaba el gabinete en una reunión y el presidente decía por dónde ir.
-¿En los gobiernos de Mujica y Vázquez eran más para debatir?-Se discutía. No hay que olvidar que en el primero de Vázquez había una distancia muy fuerte en muchos temas entre la línea que encabezaba Gargano y la que lideraba Astori. Además estaba Mujica y otras figuras de peso como Lescano, Rossi, Nin Novoa, Arismendi -también cercana a Vázquez, pero cabeza del Partido Comunista-. En el de Mujica también.
-¿Orsi manda más que ellos cuando fueron presidentes?-Es que es un gobierno más presidencial. Lacalle Pou estableció un sistema que yo lo definí como una rueda de carro sin llanta. Es decir, un centro con rayos, pero sin una llanta que los una (entre sí no tienen comunicación). Era de Torre Ejecutiva a ministerio A, de presidente a ministerio B, C, D. Si se juntaban dos era porque el presidente decía que ese tema lo veían entre dos. El esquema actual es exactamente ese.
-¿Se mantuvo, entonces el modelo de Lacalle Pou?-Tanto es así que un cargo que no es principal del gobierno, como es el de la Secretaría de Presidencia, es la segunda vez (por Álvaro Delgado y Alejandro Sánchez) que se da en la historia del Uruguay que el primer senador del oficialismo -potencial sucesor presidencial- renuncia a la banca para ocuparlo. De hecho, el título que da la Constitución es secretario del presidente, ni siquiera de la Presidencia. Ese puesto, que era de coordinación política o técnico jurídico, ahora es el cargo político por excelencia. Se presidencializó el sistema. A partir de la reforma -constitucional- de 1967 se fue presidencializando, un poco más con la de 1997 y Vázquez con su praxis lo presidencializa más. La institución Presidencia fue absorbiendo una cantidad de funciones y se fueron creando secretarías temáticas. En niveles algo menores a los de Lacalle Pou y Orsi, también tuvo un alto grado de presidencialismo fuerte Lacalle Herrera, pero sin las estructuras de secretarías y organismos que hoy tiene la Presidencia. En la forma del ejercicio del cargo de presidente la mayor presidencialización en la historia del Uruguay desde 1919 fue con Lacalle Pou. Y esa arquitectura institucional es la misma en este gobierno.