Lunes, 09 de Marzo de 2026

¿Somos conscientes de nuestro encierro?

UruguayEl País, Uruguay 9 de marzo de 2026

Es hora de prever los cambios que se avecinan en nuestra región, y de mostrar capacidad diplomática para matizar posiciones para así defender mejor nuestros intereses nacionales.

Hay veces que parece que no somos conscientes de las perspectivas de la política internacional que tenemos por delante. Vivimos en una especie de burbuja que creemos completamente impermeable a nuestro entorno.

En primer lugar, es evidente que el signo político general de Sudamérica ha ido cambiando en estos dos años en un sentido radicalmente diferente al que caracteriza al gobierno de Orsi. No se trata, claro está, de pretender que el gobierno que el pueblo votó, de izquierda, deje de serlo porque los tiempos regionales han mutado. Pero sí se trata de mostrar cintura y capacidad de adaptación: si efectivamente vamos a terminar siendo prácticamente los únicos de signo izquierdista, podemos al menos no llamar la atención internacional alineándonos de manera totalmente infantil con signos y señales completamente perimidos hoy en día, como, por ejemplo, decidir enviar ayuda a Cuba cuando falta muy poco para que caiga su sanguinaria dictadura.

En segundo lugar, es también evidente que parece totalmente imprudente en el marco general estratégico fijado por Estados Unidos (EE.UU.) para sus relaciones hemisféricas, que fija una especie de renovación y profundización de la doctrina Monroe de 1823, que nuestra política exterior haya decidido enviar señales de alineamiento radical en favor de China continental. La reciente visita de gran comitiva oficial fue totalmente excesiva en las actuales circunstancias. Pero, además, no tuvo grandes consecuencias en favor de nuestro comercio internacional. Para comparación, Paraguay, con exportaciones agropecuarias similares a las nuestras, ha logrado en su posicionamiento actual un alineamiento estratégico muy importante con EE.UU. -siguiendo aquí la línea de Argentina-, a la vez que gana espacios comerciales en su vínculo con la República de Taiwán que mucho lo benefician.

Si efectivamente en Brasil la elección presidencial es perdida por el actual mandatario Lula, y si en Colombia la derecha gana la presidencial este año, las apuestas internacionales de nuestro gobierno habrán terminado en un encierro impar. Por un lado, es evidente que el camino que ha tomado Argentina ha flexibilizado de hecho el Mercosur, y por tanto difícilmente desde esa plataforma se consiga abrir mercados -y falta en este sentido avanzar mucho todavía en lo obtenido con dificultades con la Unión Europea (UE)-.

Por otro lado, toda la apuesta estratégica de Lubetkin de ser el furgón de cola de Brasilia y la voz de grupos internacionales tercermundistas quedará completamente fuera del radar protagónico de los próximos años. Esto será así porque si pierde Lula, Brasil se alineará radicalmente con EE.UU., por lo que nuestro papel pierde total interés en la ecuación regional. Y porque, con los nuevos lugares de negociación que se están abriendo mundialmente entre las grandes potencias, todo el escenario de un grupo de los 77 y otro de perfil latinoamericanista del tipo CELAC no serán particulares ámbitos de destaque para Uruguay.

Estamos a tiempo de darnos cuenta de que nos dirigimos a un encierro que nos deja en un sitio muy marginal dentro de la región. Ciertamente, hay mucha tarea por hacer para avanzar en concretar el CPTPP. Es evidente también que, ya ratificado lo acordado con la UE, hay que encontrar allí canales de aperturas comerciales y de inversiones que nos son preciados. Pero el problema es sobre todo político: la región que se va delineando, sobre todo si ganan las derechas en Brasil y en Colombia, no deja espacio de subsistencia inteligente para un pequeño país abrazado a las banderas de un tercerismo internacional rancio, de una reivindicación del Sur con olor a naftalina, y de una posición antiimperialista completamente apolillada.

Es hora de prever los cambios que se avecinan y de mostrar capacidad diplomática para matizar posiciones para así defender mejor nuestros intereses nacionales. Hay algunas coordinaciones que ya se pueden ir llevando adelante con relación a Argentina, por ejemplo: está sobre la mesa la candidatura de su experto diplomático Rafael Mariano Grossi para secretario general de la Organización de las Naciones Unidas en el período 2027-2031, que bien podría ser apoyada por Uruguay.

En cualquier caso, la clave está en ser conscientes de que los lineamientos políticos fijados por nuestra cancillería con relación al mundo, que ya en 2025 eran muy discutibles, van camino a quedar completamente fuera de época en este 2026. No podemos ni debemos quedar encerrados en ellos.
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