Sábado, 14 de Marzo de 2026

Errores irrepetibles

ChileEl Mercurio, Chile 14 de marzo de 2026

El gobierno que se inició esta semana tiene el desafío de recuperar la salud de nuestras cuentas fiscales mientras toma medidas para activar la economía. Será una tarea difícil, pero no imposible, sobre todo si se evitan los errores de la administración de Gabriel Boric.

El término del gobierno de Boric debe obligar al país a reflexionar respecto de las consecuencias de una gestión económica deficiente. No en espíritu revanchista, sino constructivo. Ya sea a propósito del largo período de niveles de desempleo superiores a los históricos que afecta a la población o las consecuencias de largo plazo resultantes de la inestabilidad institucional que se impulsó, Chile requiere internalizar y comprender los errores de política económica para no volver a cometerlos.
Y quizás no existe un ámbito donde se haga más latente la necesidad de un aprendizaje acelerado de los errores que en el fiscal. El preocupante cierre de las cuentas fiscales el año 2025 fue el resultado de continuos descuidos administrativos, desatención a las alertas e inoperancia técnica. No existe otra forma de explicar el espiral de déficit fiscal que culminó con un descalce entre ingresos y gastos, cuantificado en 3,55% del PIB durante el año recién pasado. El triple incumplimiento de la meta de Balance Estructural será una mancha imborrable para quienes tuvieron la responsabilidad de conducir las finanzas públicas de la nación.
En paralelo a entender y documentar la larga lista de equívocos, será necesario reparar en las lecciones junto con las medidas necesarias que permitan a Chile ordenar sus cuentas fiscales.
En este sentido, un primer ámbito que debe ser examinado es nuestra institucionalidad. La experiencia de los últimos años dejó de manifiesto un diseño incompleto y falible que habilitó un repetido incumplimiento de las metas fiscales sin que se demandaran responsabilidades administrativas (ni políticas) ni las medidas correctivas necesarias. Así, no podemos olvidar la cuestionada modificación del Decreto Supremo que redefinió la trayectoria de la meta de balance estructural bajo argumentos cuestionables, realizado bajo la gestión de Mario Marcel. Del mismo modo, los repetidos errores de la Dirección de Presupuesto en distintos ámbitos fueron tolerados de forma incomprensible por el Ejecutivo.
Es evidente que las reglas institucionales que permiten estas situaciones requieren revisión. Y es que quedó claro que la idea de que los cánones de comportamiento sustentados bajo el supuesto de que el riesgo de un desprestigio profesional son suficientes para alinear los incentivos propios de la responsabilidad fiscal es hoy equivocada. El gobierno del Presidente José Antonio Kast debe agregar a su agenda nuevas normas que aseguren la correcta gestión de las arcas fiscales.
Ahora bien, en el corto y mediano plazo, el centro de los esfuerzos fiscales del nuevo gobierno debe estar en la recuperación de los mínimos necesarios de liquidez para el Estado, la estabilización de una deuda pública y el control de los gastos. Respecto de lo primero, el drenaje de la caja fiscal durante los últimos meses requiere una reacción decidida para dotar al Estado con los recursos necesarios para hacerse cargo de cualquier emergencia. En cuanto a la deuda, el fenómeno contable que permitió al gobierno saliente argumentar su estabilidad se ha revertido: el tipo de cambio ha superado nuevamente los $910 el dólar. Esto elevará los niveles de deuda, obligando al gobierno entrante a tomar medidas para mantenerla lejos del 45% del PIB.
De esta forma, se configura un escenario en que la implementación de una agenda de control de gasto se hace esencial. Así, los primeros pasos de Hacienda apuntan en la dirección correcta. La exigencia de recortes presupuestarios dentro de los distintos ministerios es bienvenida, aun cuando puede generar tensiones internas. Y dentro de esto, la revisión del tamaño, sueldo e idoneidad de los equipos en las distintas reparticiones debe ser un punto de partida (siempre velando por no afectar el servicio que se entrega).
Sin embargo, este tipo de medidas deberá ser complementado con esfuerzos legislativos. El país requiere un análisis honesto de la sostenibilidad fiscal de distintas políticas públicas aprobadas en la última década (como la gratuidad en educación superior) y que están significando bajo impacto social y alto costo financiero. Por lo tanto, no se debe descartar la necesidad de modificar las leyes que sustentan este error. Todo, además, con un ímpetu transversal de fiscalización y control para terminar con abusos del tipo de aquellos desenmascarados por la Contraloría en el último tiempo.
Los cambios tributariosSi bien será un desafío fiscal adicional, la recuperación de la actividad requerirá una revisión de distintos impuestos. Desde un punto de vista político, esto llevará a un debate interesante en el que nuevamente las visiones equivocadas que han sido responsables del estancamiento de nuestra economía brotarán.
Un ejemplo de lo anterior es un texto publicado por el Ministerio de Hacienda dirigido por el exministro Nicolás Grau a dos días del arribo del Presidente Kast a La Moneda. Allí se presenta como hallazgo central que una rebaja de un punto del impuesto de primera categoría tendría un costo fiscal de 0,13% del PIB y que cerca de 80% de ese costo beneficiaría al 1% de mayores ingresos; además, sostiene que la reintegración total costaría 0,27% del PIB y que Chile recauda menos que el promedio OCDE una vez ajustada la estructura económica. Así, es evidente que se trata de un documento que apunta a criticar algunas de las medidas tributarias contenidas en el programa de gobierno del Presidente Kast.
Sin embargo, el texto repite uno de los serios problemas que contaminaron la gestión económica de Gabriel Boric. En su esencia, describe ejercicios contables no económicos. Así, identifica la incidencia del beneficio en base a una foto tributaria, pero no incorpora de manera convincente cómo podrían cambiar las decisiones de inversión cuando cambian los incentivos tributarios.
Con todo, más que evaluar integralmente medidas tributarias, el informe refuerza una mirada en la que los efectos dinámicos aparecen minimizados o subordinados a un resultado contable previamente encuadrado por el propio Ministerio.
Es precisamente dicha falta de contenido económico en el último texto de Hacienda bajo la administración de Gabriel Boric el que explica parte de nuestro estancamiento y entrega las claves y lecciones para un liderazgo que permita revertirlo.
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