Hogar, dulce hogar
"Las casas no se venden ni se derrumban, mijito, eso jamás", espeta tía Waverly un día de esta intensa semana política, y donde los calores se obstinan en permanecer sobre la capital
"Las casas no se venden ni se derrumban, mijito, eso jamás", espeta tía Waverly un día de esta intensa semana política, y donde los calores se obstinan en permanecer sobre la capital. Sucede que un hijo de la querida Estercita vendió su casa después de 45 años en poder de la familia. "Una vergüenza, mijito. Cómo se ofende a los antepasados. ¿Te has parado a considerar todas las cosas que ocurrieron en esa casa? Nacimientos, muertes, amores, desamores, triunfos, fracasos, cumpleaños, en fin, de un cuanto hay. ¿Y eso se pone a la venta? No puede ser...". A lo que le comento: "Pero, querida tía, hay veces en que las familias venden sus casas por razones económicas, o de espacio, o incluso de oportunidad". Y ella: "Claro, mijito, oportunidad. !Pero si ni siquiera esperó la ley del IVA¡ No, no y tres veces no. Las casas no se venden ni se derrumban. Y si se la tumba un terremoto o un incendio, pues se para de nuevo".
No alcanzo a colegir cuánto de vieja (en el sentido sanguíneo) inglesa hay en este parecer. Ese conservadurismo tan singular y que, al respecto, se le pone al día a veces de manera tan excéntrica. Es eso típico inglés, por ejemplo, del despeinado cuidadosamente peinado, o del vestuario casual que de "casual" no tiene nada.
Bueno, ha seguido despotricando toda la semana contra el hijo de la Estercita. Por mi parte, yo voy muy atento a los planes y proyectos del ministro Poduje en materia de reconstrucción y viviendas sociales. !Dios quiera que le vaya bien¡