El jugador de Urunday Universitario es una de las revelaciones de la Liga Uruguaya de Básquetbol. El oriundo de Lagomar ya formó parte de la selección como invitado y fue parte del Aguada subcampeón.
Matías Benítez sorprendió siendo una de las piezas importantes del equipo revelación de la
Liga Uruguaya de Básquetbol,
Urunday Universitario. Su buen rendimiento le valió estar en el radar de la selección de
Uruguay, a la que llegó como invitado.
Con tan solo 20 años, el oriundo de
Lagomar ya supo además jugar en un
Aguada plagado de figuras. alcanzaó varios hitos temprano en su carrera, siendo estos más sorprendentes aún, sabiendo que empezó a jugar al básquetbol a sus 15 años, cuando dejó el fútbol de lado, pese a que en su debut como delantero marcó un hat-trick, y supo jugar en
Torque. Pese a tener una auspiciosa carrera, se mantiene estudiando, gracias al consejo de sus padres, a quienes tiene "bastante presentes" en las decisiones que toma.
Te salteaste varias etapas de formativas, arrancaste a jugar tarde, ¿cómo se da tu acercamiento al básquet? Hasta los 15 jugaba al fútbol, en Médanos al Baby. Después jugué un tiempo en Torque, antes de que fuera del City. A los 13 o 14 yo había arrancado a "chivear" en los recreos con el básquetbol. Ahí tuve amigos que me incentivaron a arrancar en Lagomar. Yo había hecho una pretemporada en Trouville, porque mi padre tenía conocidos, pero nunca me llegue a fichar y ya a comienzos de formativas me vine para Lagomar a los 15. Entre los 18 y 19, dejé el básquet, porque quería meterle al estudio, pero me duró poquito, dos meses, y ya ahí arranqué a entrenar con el plantel de primera. Ahí no paré más.
¿Cuándo te desligaste definitivamente del fútbol? Yo cuando empecé el básquetbol jugaba con mi liceo, la parte de AUFI la había dejado. Después, a medida que fui entrenando con primera, ya no me daban mucho los tiempos, entonces ahí dejé el fútbol casi totalmente.
¿De qué jugabas? Jugué de todo. Defensa mayoritariamente, capaz que por altura, físico. Atajé, mi primer partido de delantero hice un hat-trick.
¿Cómo te fuiste poniendo a punto con tus compañeros, sabiendo que te habías salteado la parte inicial de tu formación? Me costó bastante. Al principio me caractericé por mi atleticismo, más que nada correr y saltar, que creo que eso es lo que también veían los entrenadores. La primera que me agarró fue Vico Pereira, que justo ella lo que hacía era mucha técnica individual y eso me sirvió bastante, ya sea pique, terminaciones en el aro, tiro. De niño lo deformás y yo capaz por empezar tarde, el tiro ya lo arranqué bastante armadito, por lo menos la teoría la tenía. Después me agarró el Enano (Martínez) y fue una locura. Después Alejandro Muro, algunas veces me hacía practicar, de chico yo casi siempre había jugado de interno. Pero el salto más grande, fue mi primer año en Aguada. Estuve mejor técnicamente. Ahora estoy metiéndole con Samaniego también bastante técnica individual, y con Mateo Sarni que es una bestia. Va antes a entrenar con los juveniles, que eso no lo había visto nunca. Ligué bastante con la gente que me crucé en estos años.
¿Qué expectativa tenías de José Ángel Samaniego y con qué te terminaste encontrando?- Yo no tenía mucha idea de donde es que venía. Sabía que había dirigido en España y que tuvo un pasaje bastante amplio. Pero no me imaginaba tanto, no sabía que era lo que podía cambiar de allá. El cambio más grande que vi es la manera de entrenar, cambió toda la estructura. Aplica mucho en profesionalismo, nutricionista una vez por mes, que es algo que incentivó él también. La idea de él cada partido, siempre es mejorar, así el partido esté liquidado a favor en contra en el primer tiempo. Sacar de cada situación una mejora para el equipo.
Jugaste con monstruos en Aguada, ¿qué te dejó esa experiencia? De los extranjeros lo que más vi fue el profesionalismo. Jamil (Wilson) y Donald (Sims) son unas bestias. Era todo el rato trabajo, Sims jugaba con un chaleco más pesado toda la práctica. Son muy compañeros, no digo que los más extrovertidos, pero te acercabas y podías tener una conversación bien con ellos, que con algunos extranjeros no es tan así. Jamil me agarró como su discípulo más o menos, a mí y al Lagarto Gentile nos hablaba todo el rato, me sumó pila. El Pepo tiene la cabeza en todo. En una práctica te corrige cualquier cosa. Todas esas cosas que de a poquito me iban sirviendo pila para amplificar la parte táctica.
¿Cómo llevás el estudio ahora? Yo tengo bastante presentes a mis padres en todas las decisiones que tomo, ellos pasaron cosas que yo no. Me dijeron que así haga una materia por semestre, no dejara el estudio. Había arrancado con ingeniería en la UdelaR. Eso sí lo tuve que dejar porque se hacía muy difícil, siento que es una carrera que tenés que meterle tiempo completo. Pero ahora me cambié a la Facultad de Economía, estoy haciendo Administración de Empresas. Voy a mi ritmo, dos o tres materias por semestre, pero nunca dejando de estudiar, que es lo que me enseñaron mis padres.
¿Cómo te cayó la invitación a a la selección? Fue una locura. Yo había recibido la invitación en la ventana anterior. Justo estaba medio sentido del pie, no estaba pudiendo entrenar en Urunday, que pidió que no fuera por prevención. Muchas veces te pega el bajón, por la oportunidad que perdí. Se dio en la siguiente ventana, me tomó por sorpresa obviamente, era uno de mis objetivos personales. Lo primero que me sorprendió fue el grupo increíble que hay, la pasé muy bien, aprendí abundante. Por más que no haya viajado, esos cinco días me sumaron muchísimo.
Imagino que nunca debés haber proyectado con 15 empezar a jugar y llegar a todo lo que conseguiste tan temprano. Si me lo pongo a pensar, todavía no me lo creo como sucedió todo. Pero gracias a Dios, estoy donde estoy.