Con familiares y amigos presentes, el Centenario fue escenario de un emotivo homenaje al monumento al balón, un símbolo nacido de una historia personal que hoy forma parte del fútbol uruguayo.
En el corazón del
Estadio Centenario, se vivió una escena cargada de memoria, emoción y pertenencia. Allí, junto al histórico escenario que vio nacer la gloria del primer Mundial, se realizó un homenaje especial en torno al Monumento al Balón de Fútbol ofrendado por
Héctor "Pichón" Nuñez.
El impulsor de esta iniciativa,
Remo Monzeglio, no ocultó su emoción al recordar el origen de todo. Más que un proyecto institucional, se trata de una promesa personal. "Para mí siempre estar acá es emocionante", confesó a Ovación, al tiempo que evocó a su amigo entrañable, Héctor Núñez, quien le dejó como legado la idea de darle un lugar al simbólico balón. El momento más emotivo se vivió con la presencia de la familia de Núñez.
Su hijo, también llamado Héctor, expresó un orgullo profundo al ver cómo el recuerdo de su padre sigue vigente: "Es impresionante que después de tantos años sus amigos lo sigan recordando de esta manera", señaló. La idea es clara: que cada turista que llegue al Centenario no solo contemple su arquitectura y su historia, sino que también se lleve una foto con este símbolo, el primero en el mundo dedicado al balón de fútbol. Desde la familia remarcaron que sin el impulso de Monzeglio, su insistencia y su capacidad de gestión, nada de esto hubiera sido posible: "No va a haber gratitud para pagarle", dijeron a Ovación, resaltando la dimensión humana detrás de la iniciativa.
Ademas señalaron que comenzó con una idea que trascendió lo personal para convertirse en patrimonio simbólico de la ciudad. En un contexto donde el Centenario se prepara para nuevas transformaciones, la intención es que el monumento mantenga su lugar de privilegio o encuentre un sitio destacado en la entrada del
Museo del Fútbol. El homenaje dejó en claro que el fútbol, también se construye con historias, afectos y gestos que resisten al paso del tiempo. Y en ese sentido, ese balón inmóvil, de cemento y memoria, ya empezó a rodar en la eternidad.