Irán: los peores escenarios
Ni los más pesimistas habrían imaginado las repercusiones y extensión de la guerra desencadenada por Israel y Estados Unidos en contra de Irán. El conflicto se ha expandido al Líbano y a reinos del golfo Pérsico, y económicamente, a todo el mundo.
Entre los afectados se incluye Chile, que importa cerca del 98% de los hidrocarburos que consume. Pero los más golpeados son los países que dependen de combustibles del golfo Pérsico y que pueden llegar al desabastecimiento, lo que no es nuestro caso, pues contamos con el suministro de Estados Unidos y Argentina.
La razón de la catástrofe es simple: el plan A de Trump fracasó. Contemplaba una guerra corta, de dos semanas, circunscrita a Irán, Israel y Líbano, con limitada capacidad de reacción de Teherán y eventual cambio de régimen, por la oposición interna iraní. Nada de eso ha sucedido. Más aún, el régimen se ha radicalizado y el sucesor del ultimado líder supremo, Alí Jamenei, su hijo Mojtaba, es más decidido que su padre a no transigir en el desarrollo nuclear.
Lo peor ha sido el escalamiento, la ausencia de un plan B y la imprevista resistencia de Irán, que no solo no agotó su poder de fuego, sino que lo extendió a los países del golfo Pérsico. Con una acertada estrategia de descentralizar el poder militar, poco ha servido eliminar a sus mandos. Irán continúa atacando con drones y misiles, y manteniendo el control de Ormuz. EE.UU. parece haber fracasado en sus objetivos, y sus amenazas, casi apocalípticas, son poco creíbles a pesar de haber concentrado en la zona casi 60 mil efectivos y una poderosa flota.
En medio de la incertidumbre, Washington suspendió sus ataques hasta el 6 de abril, ofreciendo un plan de paz de 15 puntos. La propuesta contiene tres condiciones difíciles de aceptar por Irán. La primera es terminar con su programa nuclear y entregar los inventarios de uranio, estimados en 9 toneladas no enriquecidas y 400 kilos enriquecidos. La segunda, la destrucción de misiles ofensivos, y la tercera, la garantía del tránsito pacífico por el estrecho de Ormuz, por el que pasa sobre el 20% del petróleo y del gas de exportación mundial.
Irán ha rechazado de plano las propuestas. Trump insiste en que hay avances y extendió al 10 de abril el cese el fuego contra infraestructuras iraníes. Las negociaciones son sin participación directa de los norteamericanos, siendo el mayor intermediario Pakistán, vecino de Irán y uno de los principales afectados por los cortes de suministro desde el golfo Pérsico, además de que los científicos que iniciaron el programa nuclear iraní son de esa nacionalidad. Al equipo negociador de EE.UU., formado inicialmente por Steve Witkoff, empresario cercano a Trump, y por su yerno, Jared Kushner, se han sumado el vicepresidente, J. D. Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio.
La incertidumbre prevalece y nada es descartable, incluyendo el minado del estrecho de Ormuz por Irán y el despliegue terrestre norteamericano en la zona y en la isla de Kharg, centro de exportación del 90% del crudo iraní. Algunos sostienen que una de las opciones son bombardeos hasta destruir totalmente el poder militar del país. La otra alternativa serían acuerdos menores que permitan a Trump salir del pantano, declarando que ha logrado debilitar significativamente al adversario.
La guerra es tremendamente impopular en EE.UU. El apoyo que mantiene Trump de los parlamentarios republicanos debería ceder por el riesgo de vida de militares, encarecimiento de los combustibles -a precios parecidos a los chilenos-, aumentos de la inflación, impacto en el déficit fiscal y pérdida del poder adquisitivo de los norteamericanos, que concurrirán, el 3 de noviembre, a renovar el Congreso.
Cuba, otra negociación de TrumpEl agravamiento de la situación en Cuba, con aumento crítico del desabastecimiento, pobreza y repetidos cortes del suministro eléctrico, ha creado condiciones para el descontento y para avanzar en negociaciones entre el régimen comunista y EE.UU. Trump incluso se ufana de poder tomar el control de la isla. En las conversaciones participa Raulito Castro, sobrino de Fidel e hijo de Raúl que, según expertos, tendría sobrevalorada influencia en la cúpula gobernante.
Mientras tanto, la semana pasada, cinco parlamentarios comunistas chilenos y un representante del Frente Amplio visitaron La Habana llevando ayuda humanitaria, que se agrega al millón de dólares decretado en su último mes de gobierno por el Presidente Boric. Fuertes críticas recibió este aporte, por no haberlo canalizado vía instituciones independientes, permitiendo su distribución por el régimen, en beneficio de su control de la población. La delegación visitante declaró no haber experimentado cortes de luz, confirmando que subsisten privilegios para los gobernantes y sus invitados.
La grave situación por la que atraviesa el pueblo cubano es resultado de un fracasado modelo socialista, sin democracia y con sistemáticas violaciones de los derechos humanos. Respecto del desabastecimiento de combustibles y cortes de energía, cabe mencionar la incompetencia de sus gobernantes, considerando la disponibilidad de un 44% de producción propia de hidrocarburos y la falta de renovación de la anacrónica infraestructura eléctrica, de procedencia rusa. El aislamiento cubano hoy es tal que México dejó de enviar petróleo subsidiado como antes sí lo aportaron Chávez y Maduro.
Trump y Rubio parecerían repetir acá la estrategia seguida en Venezuela, de un cambio gradual de régimen, que partiera por remover al Presidente Díaz-Canel a cambio de levantar los embargos y sanciones. Lo que suceda repercutirá en Chile, donde la dictadura cubana cuenta con el apoyo y solidaridad del Partido Comunista, parte del Frente Amplio y sectores del socialismo. Y sin olvidar que el régimen castrista ha intervenido en el país durante más de 60 años, causando graves divisiones políticas.