El joven corredor del Alas Rojas conquistó la sexta etapa de la Vuelta Ciclista del Uruguay en Tacuarembó e hizo explotar de euforia a todo el pueblo.
Mateo Mascarañas no solo ganó una etapa: vivió un capítulo que mezcla deporte, sentido de pertenencia y herencia familiar. En Tacuarembó, su tierra natal, levantó los brazos con la camiseta de Alas Rojas el club que lo vio crecer y compartiendo equipo con su padre, Richard, leyenda viva de la Vuelta Ciclista del Uruguay. La escena tuvo de todo: ataque, riesgo, emoción y un final empujado por el grito de su gente.
Minutos después de cruzar la meta, todavía con la piel erizada, el ganador de la sexta etapa repasó cómo se gestó su triunfo más significativo, habló del vínculo con el equipo de su vida y de una carrera que, según él, no da respiro. Entre la emoción y la claridad, dejó una frase que resume el momento: "Este triunfo me va a quedar guardado para siempre".
-¿Es el mejor triunfo de tu carrera?
-El de Mercedes fue muy especial por ser el primero, pero este me va a quedar para siempre. Con la camiseta que más amo, la de Alas Rojas, en casa, Tacuarembó, y compartiendo equipo con papá. Se me eriza la piel. Hoy puedo decir que me puedo retirar tranquilo.
-¿Cómo se dio la etapa? ¿La tenías preparada?
-Sí, era una etapa que tenía marcada. Faltando unos 30 kilómetros le dije a Ander Maldonado que ya me estaba erizando. Cuando enganchamos la fuga supe que era una oportunidad que me podía servir. Me acordé de una etapa que había ganado el "Piojo" (Presa) hace unos años y sentí que era el momento. Por suerte se dio y poder festejar acá, con toda mi gente, es algo hermoso.
-Te tiraste muy jugado en las curvas, ¿las conocías todas?
-Sí, las conozco bien. En la rotonda, faltando dos kilómetros, pensé en pasar tranquilo porque es peligrosa, pero de tranquilo no tuvo nada (entre risas). Casi me entierro de cabeza. La verdad, todavía estoy sin palabras por poder festejar acá con toda mi gente.
-Otro año corriendo con tu padre, esta vez en Alas Rojas. ¿Por qué decís que es el equipo de tu vida?
-Porque es el club con el que crecí. El año que nací yo, papá estaba en Alas Rojas y toda mi vida estuve vinculado: mirando por tele o yendo a concentraciones. Viví la Vuelta desde chico, acompañando al equipo. Conozco a la dirigencia desde hace años y siempre me dicen que me cambiaban los pañales. Le tengo un cariño muy especial al club y a la gente de Santa Lucía. Es como mi segunda casa, después de Tacuarembó.
-¿Cómo han sido estos primeros días de carrera?
-No sé si es la Vuelta más dura, pero sí ha sido muy agresiva. No hay control, se ataca todo el tiempo. No hemos tenido un día tranquilo y no creo que cambie hasta Montevideo. Para el público es muy entretenida.
-¿Cómo venías en lo personal antes de esta victoria?
-La Vuelta era un objetivo desde el inicio de la temporada. La venía planificando y en los primeros días pude estar cerca, trabajando sobre todo para Alejandro Quilci, que está peleando la general. Mi prioridad es ayudarlo; hoy se dio para mí, pero el objetivo del equipo sigue siendo ese.
-¿Habías preparado específicamente esta llegada?
-No especialmente, porque es un lugar que conozco mucho. Entreno seguido por estas rutas, así que uno ya tiene en la cabeza cómo puede resolverse.
-¿Cuántas Vueltas del Uruguay llevás corriendo con esta?
-La quinta. Arranqué en 2022 y las corrí todas seguidas.