Viernes, 03 de Abril de 2026

De RSC a ESG y la nobleza de los aportes y reportes

ChileEl Mercurio, Chile 3 de abril de 2026

La discreción enaltece las buenas obras, evitando que se diluyan en una lógica instrumental o reputacional.

Para que el Estado pueda cumplir sus funciones propias y de apoyo a los más necesitados, las empresas de Chile aportan cuantiosos recursos por la vía de impuestos. Es loable que, adicionalmente, muchos empresarios actúen beyond the call of duty . Más allá del deber tributario, su generosidad complementa o incluso subsidia al Estado, sosteniendo directamente instituciones educativas y de salud, proyectos ambientales y de seguridad, y muchas otras iniciativas de desarrollo de comunidades.
La amplitud y divulgación de estas iniciativas ha evolucionado en el tiempo. En la década de 1980, la responsabilidad social corporativa (RSC) existía principalmente como filantropía. Los informes eran escasos y rara vez desglosaban montos de manera comparable.
En los 90, la apertura económica llevó a que algunas empresas incorporaran secciones de RSC en sus memorias, con descripciones poco homogéneas. A partir de los 2000, la adopción de marcos como la Global Reporting Initiative (GRI) impulsó reportes más sistemáticos, con foco en el impacto de la empresa en la sociedad y el medio ambiente.
En la década de 2010, los mercados comenzaron a exigir información no financiera. Surge el lenguaje ESG, y con él, estándares como SASB y TCFD, centrados en cómo los factores ambientales, sociales y de gobernanza pueden afectar el desempeño financiero. En los 2020, esta tendencia se institucionaliza. En Chile, la NCG 461 exige a las empresas integrar estas materias en la memoria anual. Posteriormente, la NCG 519 solicita más indicadores y mayor claridad respecto a las metodologías utilizadas.
Todo esto responde a una lógica atendible, tanto desde el punto de vista de los accionistas como de la sociedad. No obstante, cabe preguntarse si, junto con ganar en transparencia y comparabilidad, no se ha perdido algo del sentido más propio del dar.
La visión cristiana y de otras religiones, y la evidencia académica sobre motivaciones prosociales sugieren que la discreción enaltece las buenas obras, evitando que se diluyan en una lógica instrumental o reputacional. Cuando el dar se vuelve plenamente visible y medible, corre el riesgo de transformarse en una extensión de la estrategia corporativa más que en una expresión de solidaridad o misericordia. Por eso, da algo de pena que hayan quedado atrás los tiempos en que los empresarios, junto con dar, podían vivir la humildad de "que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha".
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