Escasez de alimentos, agua y fertilizantes: la arista oculta de la guerra en Medio Oriente
El conflicto con Irán tensiona los sistemas hídrico y alimentario del Golfo Pérsico y amenaza la producción agrícola mundial.
La guerra en Medio Oriente está abriendo un nuevo frente en la economía mundial: el sistema alimentario. La interrupción de rutas comerciales clave en el Golfo Pérsico producto del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán está afectando simultáneamente los mercados de energía, fertilizantes y transporte marítimo, tres factores que influyen directamente en la producción y el precio de los alimentos a nivel global.
El foco de la preocupación está en el estrecho de Ormuz, uno de los corredores comerciales más importantes del mundo. Hasta ahora, la atención ha estado puesta en el efecto energético, pues por la zona transita cerca del 20% del comercio global de petróleo, pero por la vía clave también pasan fertilizantes y otros insumos agrícolas esenciales. La escalada militar ha reducido drásticamente la circulación de buques en la zona, generando perturbaciones que se han transmitido rápidamente a los mercados internacionales.
De acuerdo con análisis de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, el tránsito de embarcaciones por el estrecho se ha reducido en más de 90%, afectando simultáneamente el flujo de energía y fertilizantes y elevando los costos en las cadenas alimentarias. La organización advierte que el encarecimiento del transporte marítimo, junto con el aumento de los precios del gas y el petróleo, está repercutiendo en los costos de producción agrícola, en particular por el impacto sobre fertilizantes y logística.
Un sistema alimentario expuesto a shocks
Para Michael Werz, investigador del Council on Foreign Relations, el impacto del conflicto sobre el sistema alimentario global ya se está manifestando. Según explicó, la guerra ha generado una crisis incipiente en las cadenas de suministro de alimentos que atraviesan el Golfo.
"El impacto ha sido inmediato y severo. Es una dimensión poco cubierta del conflicto: mientras los mercados energéticos mundiales están en convulsión, también se está gestando una crisis por una fuerte reducción de los suministros de alimentos que normalmente transitan por el Golfo", sostuvo.
El analista subrayó que la zona es especialmente vulnerable a este tipo de shocks . Los países del Golfo dependen casi completamente de las importaciones para abastecerse de alimentos básicos: en total, alrededor del 85% de los alimentos que consume la región son importados, y la gran mayoría ingresa por el estrecho de Ormuz.
En ese contexto, incluso pequeñas perturbaciones en el transporte marítimo pueden traducirse en presiones inflacionarias o escasez. En Irán, añadió Werz, los precios de alimentos ya aumentaron cerca de 40% en el último año.
El aspecto alimentario y el energético están estrechamente relacionados, según Joseph Glauber, investigador del International Food Policy Research Institute, quien destaca que "la energía representa una parte importante del costo final de los alimentos". El economista explica que ese impacto se siente en múltiples etapas de la cadena: "Un mayor costo de la energía significa mayores costos para transportar el trigo hasta el molino, mayores costos para que el molino lo convierta en harina, y mayores costos para el panadero y el supermercado". A diferencia de otras crisis alimentarias recientes, sostiene, el principal riesgo en el corto plazo no es tanto la caída en la producción agrícola sino el encarecimiento de todo lo que viene después: el transporte, el procesamiento, la distribución.
El conflicto también amenaza con afectar el mercado de fertilizantes. El Golfo Pérsico concentra cerca del 20% de las exportaciones marítimas de fertilizantes y casi la mitad del comercio mundial de urea, el fertilizante nitrogenado más utilizado en la agricultura. Si las interrupciones persisten, el aumento de precios podría afectar las decisiones de siembra en varios países. Glauber advierte que un bloqueo prolongado del estrecho llevaría a algunos agricultores a optar por cultivos que requieran menos fertilización, como la soya, o reducir su uso, con un impacto en los rendimientos.
El grave problema hídrico
Más allá de los fertilizantes y la logística, los expertos advierten que el conflicto también podría agravar la seguridad hídrica en Medio Oriente.
Mohammed Mahmoud, experto en gestión de recursos hídricos de la Universidad de Naciones Unidas, sostiene que una guerra prolongada podría tener efectos importantes sobre los sistemas de agua de la región: dañar infraestructura hídrica, limitar el acceso a la desalinización y desviar recursos gubernamentales destinados a la gestión del agua.
La desalinización es particularmente crucial para varios países del Golfo, donde constituye la fuente central de agua potable. Medio Oriente concentra cerca de la mitad de la capacidad mundial de desalinización, y la guerra ha evidenciado su fragilidad. Bahréin ya reportó daños en una planta tras un ataque con drones; en Arabia Saudita, un cable diplomático filtrado por WikiLeaks advirtió hace años que la destrucción de una sola instalación obligaría a evacuar Riad en una semana.
Mahmoud advierte además que las tensiones geopolíticas pueden debilitar la cooperación internacional en materia de agua, especialmente en cuencas compartidas. "Las tensiones geopolíticas socavan significativamente la confianza, que es esencial para la cooperación hídrica transfronteriza. Esto aumenta la probabilidad de que los países adopten acciones unilaterales y compitan por recursos hídricos limitados", planteó.
Diversos organismos internacionales advierten que, si el conflicto se prolonga, estas interacciones entre energía, agua y agricultura podrían amplificar los efectos de la crisis en varias regiones del mundo. La ONU ya advirtió que la continuidad de las disrupciones en el estrecho podría afectar simultáneamente el comercio de alimentos, fertilizantes y energía, aumentando el riesgo de inseguridad alimentaria en economías vulnerables y presionando en los próximos meses los precios mucho más allá del Medio Oriente.
"Entre los mayores importadores de fertilizantes procedentes del Golfo Pérsico están Estados Unidos, Brasil, India, Australia y Tailandia, pero el mercado de los fertilizantes es global y todos se ven afectados por el alza de los precios", detalló Glauber.
El problema del GolfoAlrededor del 85% de los alimentos que se consumen en el Golfo provienen del exterior. Cerca del 77% del arroz que comen, el 89% del maíz, el 95% de la soya y el 91% de los aceites vegetales llegan desde fuera de sus fronteras. Y la gran mayoría de esas importaciones, cerca del 70%, llega por una sola vía: el estrecho de Ormuz, el angosto canal que conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico, lo que deja a varios países altamente expuestos a interrupciones logísticas o alzas abruptas en los precios internacionales.
Esa dependencia estructural convierte la guerra de Medio Oriente en una amenaza directa sobre la seguridad alimentaria de más de 60 millones de personas.