Miércoles, 08 de Abril de 2026

24 de marzo de 1976, el golpe planeado seis años antes

ArgentinaLa Nación, Argentina 6 de abril de 2026

El golpe planeado 6 años antes La historia argentina, y sobre todo la de los 70, es demasiado compleja y no puede leerse en forma lineal

El golpe planeado 6 años antes



La historia argentina, y sobre todo la de los 70, es demasiado compleja y no puede leerse en forma lineal. La predisposición inducida a rechazar cualquier forma de hipótesis conspirativa impidió siempre llegar al fondo de la verdad. En cualquier caso, parece que solo cuentan las conspiraciones que la izquierda denuncia como tales.

Si se dijera que el golpe de 1976 comenzó en 1970, con el secuestro y asesinato de Pedro Eugenio Aramburu, ¿se entendería lo que eso significa? El general Aramburu no fue secuestrado y asesinado en venganza por los fusilamientos de 1956. Si fuera así, tendría que haber existido al menos un intento contra el almirante Isaac Francisco Rojas, el verdadero autor de aquella masacre, a quien los montoneros jamás intentaron tocarle una pestaña.

Aramburu fue secuestrado en el momento en el que se proponía dar un golpe contra el general Juan Carlos Onganía, quien ejercía la presidencia de facto de la Argentina, y llamar a elecciones sin proscripciones, incluida la participación del peronismo y de Juan Domingo Perón. El exlíder de la Revolución Libertadora creía que la prolongación de los militares en el gobierno, sin plazos, era un mal mayor que un nuevo triunfo del peronismo y dialogaba con Perón a través de intermediarios.

En el gobierno de Onganía se incubó Montoneros, muchos de cuyos miembros trabajaban en cargos claves del Ministerio del Interior o de la Secretaría de la Presidencia. Otros lo hacían en el aparato de propaganda externo al gobierno.

Pocos días antes del secuestro de Aramburu, la revista Extra , muy activa en la propaganda del régimen y cuya redacción estaba compuesta en su mayor número por periodistas que después fueron montoneros, publicó una extraña nota. Se trataba de un juicio periodístico a Aramburu, del que por supuesto salió "condenado" por pretender dar un golpe contra Onganía. La tapa, con fondo negro, tenía un título sugestivo: "Tiempo de llorar", que contrastaba con el panorama rosa que la revista ofrecía de la política y de la economía argentina de aquel tiempo.

El plan de Aramburu de una apertura democrática se frustró con su muerte y los montoneros lo sabían, a tal punto que enviaron una carta a Perón preguntándole si con ese asesinato habían arruinado sus planes de retorno.

Caído Onganía, tras un breve interregno del general Roberto Marcelo Levingston, el plan de regreso a la democracia fue retomado por otro presidente de facto: el general Alejandro Agustín Lanusse. Por supuesto, los negociadores pasaron a ser otros. Por el lado de Perón, el "venerable" Licio Gelli, gran maestre de la logia italiana Propaganda Due. Por el lado de Lanusse, el general Luis Alberto Betti, miembro de la misma logia; es decir, subordinado de Gelli. Y, por supuesto, las condiciones fueron muy diferentes a las que proponía Aramburu. El propio Gelli confesó al gran maestre de la masonería italiana, Lino Salvini, que fue él quien impuso a Héctor Cámpora como candidato a presidente y no Perón, para lo cual debió convencer al general Lanusse con graves amenazas.

No es verdad que Lanusse no quisiera a Perón. No le tenía simpatía, eso estaba claro, pero menos quería a un izquierdista como Cámpora.

La imposibilidad de Perón de ser candidato, por imposición de la logia, se disfrazó con una falsa "cláusula proscriptiva", que consistía en la obligación de residir en el país antes del 25 de agosto de 1972. Perón vino a la Argentina el 17 de noviembre de 1972, por lo cual no se ve qué problema podría haber existido en regresar en agosto. Por ese motivo, Perón odió a Cámpora el resto de su vida y lo consideraba, con razón, un traidor.

Ambos negociadores habían traicionado a sus representados bajo extorsiones que aún no se conocen en detalle.

El gobierno de Cámpora fue peor de lo que se esperaba, lo cual ya era mucho decir. Liberación, el primer día, de todos los terroristas detenidos y condenados legalmente por la Justicia Civil; designación de Licio Gelli como cónsul honorario de la Argentina en Florencia (el segundo acto de gobierno); entrega a los montoneros de tres ministerios (Interior, Relaciones Exteriores y Educación); cinco provincias en manos montoneras (Buenos Aires, Córdoba, Salta, Mendoza y Santa Cruz), y varias diputaciones.

A pesar de semejante poder, los montoneros promovieron tomas de fábricas, de universidades, colegios y hostigamiento contra los sectores no afines a ellos. La confrontación de Ezeiza, que terminó con una masacre, el día del segundo regreso de Perón, fue una muestra del clima que la guerrilla había generado en el país.

No se trataba de algo irracional; al menos desde el pensamiento de las cabezas de Montoneros. Propaganda Due tenía desde hacía años un candidato, el verdadero hombre fuerte para conducir los negocios de la organización en la Argentina: el almirante Emilio Eduardo Massera, uno de los miembros más antiguos de la logia. A él estaba destinado el poder después del caos.

Sin embargo, el caos fue momentáneamente interrumpido por el propio Juan Domingo Perón, quien, a través del líder de la CGT, José Ignacio Rucci, impulsó la renuncia de Cámpora.

Perón llegó nuevamente a la presidencia, en fórmula con su esposa, tras las elecciones de septiembre de 1973, que ganó con más del 60% de los votos. Dos días después, los montoneros asesinaron a Rucci. Fue la venganza de la logia por su rebeldía a la voluntad de Licio Gelli.

En compensación, por pedido de Gelli, Perón debió nombrar al almirante Emilio Eduardo Massera comandante en jefe de la Armada, para lo cual hubo que saltear a todos los vicealmirantes y a buena parte de los contralmirantes.

Después de la muerte del líder del peronismo, inducida también por miembros de Propaganda Due al exponerlo en dos oportunidades a condiciones climáticas terribles para su problema cardíaco-pulmonar, lo que restaba era la crónica de una segunda muerte anunciada. El desastre del gobierno de María Estela Martínez de Perón, la incapacidad de la clase política para hacerse cargo del gobierno y la ambición de Massera, que fue quien más insistió en favor del golpe, condujeron al 24 de marzo de 1976.

Por si existiera alguna duda sobre las ambiciones de Massera y su pacto con Montoneros, la Contraofensiva fue organizada desde Roma y desde Madrid para hacer regresar a los militantes de la organización asilados en España y México con el fin de asesinar al equipo económico encabezado por José Alfredo Martínez de Hoz. Entraron protegidos por Massera y por el general Carlos Guillermo Suárez Mason, socio del almirante en la logia y en los negocios, y cometieron atentados imposibles de llevar a cabo sin contar con zonas liberadas. El propósito era manejar todos los resortes de la economía en beneficio de Propaganda Due y, a la vez, desestabilizar a Videla para que Massera llegara a la presidencia. Todos los testigos de ese pacto, como Elena Holmberg y Héctor Hidalgo Solá, entre varios otros, fueron asesinados por los grupos de la ESMA.

Licio Gelli fue el único funcionario político nombrado por Cámpora en 1973 y que se mantuvo en su cargo durante las presidencias de Raúl Lastiri, Juan Domingo Perón, María Estela Martínez de Perón y hasta 1981. Es decir, durante la mayor parte del gobierno militar.

Res non verba.

Abogado y escritor
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