Málaga
Estuve en esta ciudad antes, pero la luz del sol caía diferente
Estuve en esta ciudad antes, pero la luz del sol caía diferente. La brisa era diferente, también, y el canto de los pájaros. Ahora estoy en la misma ciudad en la que estuve, hasta en el mismo barrio, pero todo me parece distinto.
Estuve en esta ciudad en otoño, ahora estoy de nuevo en primavera. Y luce distinta. Pues la ciudad que yo conocí tenía otro color, una tonalidad diferente, unos ángulos contrarios a los que veo hoy. Incluso distantes. Los edificios son los mismos, las calles se llaman igual (sigue también ahí el loquito italiano, a la salida del supermercado, diciéndole "buenas tardes" a todo el mundo), pero la ciudad es diferente. Antes fue en otoño y ahora es en primavera: ahora camino por otra ciudad, por una nueva ciudad. ¿Cuál es la Málaga real para mí?
Es probable que si regreso una tercera vez haya en mi alma una amalgama de las dos primeras, no lo sé. O de tres ciudades. Es imposible anticiparlo. Y es que la ciudad propia es una fusión perfecta de las cuatro estaciones: la hemos vivido (las hemos vivido) todas e innumerables veces. Pero la ciudad nueva se te graba de una vez, y a mí se me grabó en otoño. Mas, ya veremos.
No digo que la Málaga de primavera no me guste; simplemente digo que la de otoño se me labró a fuego. Y entonces hay días en los que me he sentido perdido, desorientado, ajeno. Como en otro sitio. Bueno, pero es cierto también que entonces los anhelos eran distintos. Y los dolores y las esperanzas...