Redadas contra las bandas: predicciones de la economía del delito
Un reciente trabajo académico permitió verificar el éxito de las medidas dispuestas, pero una misma receta no sirve para todas las situaciones.
La violencia desatada por las pandillas o bandas armadas genera costos económicos y sociales elevados. Las redadas pueden ser una estrategia para combatirlas. Acaba de salir una investigación que mide si son o no eficaces las redadas.
En Barcelona, en respuesta al aumento de la actividad de las bandas, se produjo un cambio de política que estableció una unidad policial especializada para redadas contra pandillas y se intensificaron los procedimientos judiciales. Magdalena Domínguez, investigadora del Instituto de Estudios Fiscales (Reino Unido), estudia el impacto de las redadas en Barcelona y lo acaba de publicar en el American Economic Journal: Economic Policy.
Contribuciones de la investigación
Compara el delito en zonas donde se aplicaron las redadas respecto a las zonas donde no se aplicaron. Usa registros de la policía desde 2008 a 2014, que incluyen los años donde se intensificó la presencia de bandas de delincuentes y las redadas como estrategia policial.
Este estudio no solo estima los efectos directos de las redadas cantidad de miembros de pandillas arrestados-, sino también su efecto indirecto el efecto sobre el resto de la pandilla que no ha sido arrestada. Los que escaparon a la redada, ¿toman el puesto de sus compañeros arrestados para seguir con sus actividades delictivas o dejan de delinquir por miedo a que los atrapen a ellos también?
El "caso" Barcelona
Señala Domínguez que la presencia de pandillas latinas se identificó por primera vez en 2002. Durante la década siguiente, la prevalencia de estos grupos criminales aumentó de forma constante. La primera oleada de pandillas incluyó a los Latin Kings y los Ñetas, asociados con los flujos migratorios desde Ecuador. Posteriormente surgieron las pandillas Black Panthers y Trinitarios, vinculadas a la migración desde la República Dominicana. La última oleada incluyó a Mara Salvatrucha y Barrio 18, procedentes de El Salvador y Honduras.
Se estima que, en 2012, las pandillas contaban con alrededor de 2500 miembros. Estas bandas organizadas de delincuentes estaban compuestas predominantemente por hombres de entre 12 y 25 años de origen latinoamericano, aunque también había españoles y personas de otras nacionalidades.
Si bien muchas bandas en Barcelona comparten similitudes con sus contrapartes en las Américas, también presentan características distintivas. A diferencia de las pandillas en otros contextos, las de Barcelona generalmente carecen de estructuras jerárquicas sólidas, tienen vínculos más débiles con las redes de distribución de drogas y participan en actos de violencia con menor frecuencia.
Estrategia de la policía
Entre 2004 y 2012 la policía intentó ser más conciliadora para desarticular las bandas, procurando que sean menos violentas y manteniendo el diálogo abierto, pero no fue efectiva esta política. En 2012 la policía cambió la estrategia. Se creó una unidad especial para atacar los temas relacionados a las bandas, y se implementó una política de tolerancia cero hacia las pandillas, que incluía medidas como las redadas.
Las redadas contra pandillas implican acciones policiales coordinadas destinadas a arrestar a un gran número de delincuentes. Estas operaciones se planifican meticulosamente, se coordinan con especial cuidado y se centran en individuos identificados por la unidad policial central como los líderes.
¿Por qué las redadas contra pandillas pueden reducir la delincuencia? La citada investigadora destaca una razón: aumenta la percepción de los delincuentes sobre la probabilidad de ser detenidos y castigados por la ley, reduciendo así el número de delincuentes activos. Entonces, como hay algunos delincuentes que se van a asustar y no van a salir a delinquir, la policía puede concentrar sus recursos en la detención de los delincuentes restantes. Junto con la estrategia policial de redadas, se reforzó la aplicación de la ley: la ley es más dura para los que pertenecen a bandas.
En resumen, el nuevo enfoque implicó una unidad policial especializada, redadas a gran escala y una aplicación más rigurosa de la ley por parte del sistema judicial. Dado que no se produjeron otros cambios de política simultáneos que afectaran a la delincuencia, este contexto permitió a la autora de la investigación evaluar la eficacia de una estrategia de mano dura contra las pandillas.
Resultados
Los resultados indican reducciones significativas en la delincuencia, tanto para los arrestados en las redadas como para sus cómplices más cercanos. Se observa una caída inmediata y drástica en la actividad delictiva. Esto concuerda con un efecto de incapacitación (significa que baja el delito porque los delincuentes están incapacitados por estar tras las rejas).
Para los cómplices que no fueron arrestados, las reducciones en la delincuencia son menores, de menor duración y se centran en delitos más impulsivos. Estos resultados apuntan al papel de la disuasión (significa que baja el delito porque veo que aumentó la chance de que me atrapen). Domínguez concluye que las redadas podrían haber disminuido la delincuencia en 43 puntos porcentuales más si se hubiera arrestado a un grupo más amplio de actores clave.
Cuidado con la mala praxis
Es crucial entender el contexto antes de aplicar una estrategia. Una misma receta no sirve para todas las enfermedades. Chris Blattman (Universidad de Chicago), en una conferencia sobre delito en América Latina organizada por el BID, sugiere tener en cuenta el nivel de desarrollo del microtráfico, el grado de organización y consolidación de las bandas, las conexiones con los carteles internacionales. Una misma política a menudo tendrá efectos muy diferentes dependiendo de estas condiciones.