Domingo, 19 de Abril de 2026

Los silencios de Cepeda

ColombiaEl Tiempo, Colombia 19 de abril de 2026

He entrevistado a Iván Cepeda, la última vez como candidato, y reconozco que ha respondido todas las preguntas

He entrevistado a Iván Cepeda, la última vez como candidato, y reconozco que ha respondido todas las preguntas. A veces algo incómodo con ellas, a lo cual tiene derecho. Para mí eso hace doblemente sospechoso que durante esta campaña, no hable. Aunque más parece un candidato melancólico, desganado, con poco carisma, que lee un papel en todas sus intervenciones, las masas, alimentadas por la venganza social que ha inculcado Petro, están considerando a Cepeda como el futuro redentor de los marginados. No les importa para nada lo que diga ese papel que lee. El más reciente ejemplo fue cuando se le quiso preguntar sobre la parranda vallenata en la cárcel de Itagüí, a lo que respondió, en el colmo de la evasión: "No me sacarán una palabra contra la paz". La pregunta era más de fondo: en el acto se pudieron haber cometido varios delitos. Cohecho, modalidades de prevaricato, suplantación de autoridad, entre muchos. ¿Se compró a los guardias del Inpec? ¿Se violaron las normas penitenciarias? ¿Hubo determinadores y cómplices? ¿Usurpación de funciones? Entonces, el corazón de la pregunta era si quienes están en mesas de conversación con el Gobierno han asumido alguna contraprestación en su actuar criminal a cambio de los beneficios que vienen recibiendo, o si simplemente estamos concediendo unilateralmente, mientras las "bandas de gestores" sin órdenes de captura arrecian su delincuencia. "Son ofrecimientos unilaterales del Gobierno", reconoció la senadora Isabel Zuleta. Quisiéramos conocer de Iván Cepeda cómo avanzará, si llega a la presidencia, en su meta de alcanzar su "paz total" sin arrollar el Estado de derecho, porque esta es una negociación que tiene ambicioso objetivo pero carece de métodos que obliguen a la parte que delinque a hacer compromisos. Todo parece que les dan "al gratín". Tampoco ha dicho palabra sobre las cinco herencias funestas que dejará este presidente a su sucesor: crisis de la salud, elevado gasto público, preocupante déficit fiscal, deuda que se alimenta a diario, decrecimiento del país, débil recaudación, presiones inflacionistas —incluido el mínimo vital—, consecuencias internas y externas del desplante institucional del Gobierno al Banco de la República, crisis pensional, energética, en fin. Iván Cepeda no ha opinado nada sobre nada de eso. Y un país en quiebra como este necesariamente llevará al próximo presidente, cualquiera que sea, a la necesidad de ahorcarnos tributariamente; si es Cepeda, probablemente habrá piñata. ¿Por qué no hay declaraciones puntuales sobre las urgencias de este país, que harán del próximo uno de los gobiernos más difíciles de la historia? Ya en su escrito para Cambio, Felipe López se aventuró con dos posibilidades: o la crisis es tan grande que Cepeda no tiene muy claro qué hará, o no quiere que algunas de sus soluciones molesten a Petro. Hay una tercera posibilidad, y hasta una cuarta: o no quiere Cepeda que los colombianos sepamos detalles de las medidas que tomaría, o le va tan bien en las encuestas que se cree sobrado y sin necesidad de correr ningún riesgo en improvisaciones, debates, o con respuestas que lo comprometan. Al fin y al cabo, en las mediciones, Cepeda no ha hecho sino subir, nunca baja. Y difícil creer que canceló lo de la constituyente, cuando el Gobierno sigue recogiendo firmas... Ahora. Me parece una exageración decir que Cepeda es el "heredero de las Farc". No es un hombre violento, aunque ha militado en fuerzas de izquierda, algunos de cuyos militantes, como en la derecha, han caído en la tentación de armarse. Que se sepa, en los computadores de ‘Raúl Reyes’ solo aparece una tal alias "Ingrid Storgen" coordinando "por pedido del compañero Iván Cepeda" apoyo internacional para una marcha. Storgen es, según Inteligencia, de origen argentino, tiene media docena más de alias, militó en las Farc y hasta recibió atención médica en Cuba, fruto de los buenos oficios de alias Raúl Reyes (a quien por algo le decían canciller de las Farc). Storgen coordinó una organización mamerta de esas, "Amigos de la Paz en Colombia y en el Mundo". Pero Cepeda rehuyó el tema, calificándolo de montaje del entonces DAS. Y de candidato, lo rehúye más. El hecho de que estuviera en el proceso de paz de La Habana apoyando los intereses de las Farc —o la "paz"— fue controvertible, dejó molestias, pero tampoco lo vuelve su heredero. Internamente en la campaña se sabe que es distante hasta con los miembros del Pacto Histórico. Habla solo con 3 o 4 personas y del resto se aísla. El problema real es que de llegar a la presidencia, tendrá que manejar unas masas que querrán más regalos; obviamente sus electores no entienden que el país está quebrado. Lo grave sería que tampoco lo entienda Cepeda. Por eso es que no preocupa tanto lo que dice Cepeda, sino lo que no dice.
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María Isabel Rueda
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