Joseph Ramos, un economista cristiano que escribe de catecismo
"Un catecismo cristiano para pecadores, practicantes, tibios, alejados y no creyentes" es el largo título de la tercera publicación sobre la fe cristiana del autor, donde incursiona en asuntos que, teme, suscitarán más polémica que sus dos elogiados libros anteriores.
Joseph Ramos, el reconocido economista norteamericano, de origen hispano, chileno por gracia desde 2002, ha hecho una destacada carrera académica ligada a la FEN de la U. de Chile desde 1968, y en organismos internacionales. En 2021 fue elegido por sus pares como economista del año. Con este nuevo libro completa su trilogía religiosa, que comenzó con "Creer o no creer: el misterio de Dios a la luz de la razón" y "Jesús: nueve miradas sobre una vida desafiante".
Ahora, con "Un catecismo cristiano para pecadores..." (Catalonia) reconoce que puede que no reciba tantas loas como en sus anteriores libros; "sospecho que muchos creyentes se sentirán decepcionados, si es que no traicionados, por algunas de mis conjeturas que difieren de la tradición".
Ramos explica sus motivaciones para escribir este libro. "Por dos razones. La más importante es que mi fe cristiana es la mayor bendición que he recibido en mi vida, pues esta me ha hecho más inteligible el mundo y dado sentido a mi vida. La propuesta de amor de Jesús resuena en mí, despierta lo mejor en mí y me hace sentido, que en ello reside la plenitud. Este libro, pues, es mi manera de evangelizar. Pero en segundo lugar, por formación, siento el deber de reflexionar sobre mis convicciones. Es lo que hago en este libro donde invito a los lectores a reflexionar sobre las suyas".
"Por eso este 'Catecismo cristiano para pecadores' está dirigido no solo a practicantes, sino en especial a los tibios, alejados y no creyentes que encuentran el cristianismo que conocen cuestionable si no inverosímil. Es mi esperanza que esta presentación de la fe, por imperfecta que sea, les invite a reconsiderar si el cristianismo no será también para ellos Buena Noticia".
-Usted afirma que "el "árbol doctrinal" de la Iglesia Católica es demasiado frondoso.
"Mis reflexiones son bastante ortodoxas en lo esencial, ciertamente respecto a las enseñanzas contenidas en el Credo que recitamos los católicos en misa todos los domingos. Pero en varios temas, espero no esenciales, mis conjeturas se apartan de la enseñanza tradicional. En efecto, considero que no todas las enseñanzas doctrinales tienen la misma importancia. Más que podarse el árbol doctrinal, pienso que se deben jerarquizar las doctrinas entre esas esenciales para vivir el cristianismo íntegramente, como las contenidas en el Credo, y las de segunda importancia, las que pueden enriquecer la vida cristiana pero no son esenciales para vivirla. Tal vez no haya acuerdo con la división que yo proponga".
-Usted afirma que hay tres pisos, podría decirse, en el edificio doctrinal de la Iglesia: doctrinas indudablemente esenciales, enseñanzas posiblemente esenciales y temas morales de hoy, donde están las cuestiones en discusión. ¿Se supone que para un creyente pecador las exigencias de cumplimiento de cada uno de estos pisos son distintas?
"Efectivamente, considero que solo pocas doctrinas son esenciales para distinguir al cristiano del no cristiano, y para vivir la vida cristiana íntegramente. Además, según Jesús, lo que salva en último instante no es lo que uno cree, la ortodoxia, sino si uno practica el amor, la ortopraxis: si diste de comer al hambriento, de beber al sediento, si acogiste al forastero, etc. (Mateo 25). La doctrina importa, pues, en la medida en que nos induce a la práctica del amor. Si no, por muy esencial que sea, es letra muerta".
-Afirma que Cristo predicó una "moral de máximos"...
"Respecto a la moral, considero que solo hay un principio moral esencial en el cristianismo: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como Jesús nos amó y ama a nosotros, sin límite. A la luz de este principio, analizo algunos temas morales polémicos. En algunos, como el aborto, mis reflexiones son bien ortodoxas, en otras, sobre todo referidas a moral sexual, soy algo heterodoxo. En efecto, sostengo que Jesús no predicó una moral de 'mínimos', es decir, el cumplir con los principios de la ley natural inscritos en nuestras conciencias. Más bien predica una moral de 'máximos', es decir, apuntaba al ideal al que debemos aspirar; es decir, el amor sin límite como Él nos amó y ama. La Iglesia ha hecho esta distinción en muchos ámbitos. Por ejemplo, en nuestra relación con la riqueza. Reconoce que Jesús le dijo al joven rico que si quería ser perfecto, que vendiera todo lo suyo y se lo diera a los pobres. Mas la Iglesia considera que dar todo es el ideal al que Jesús nos propone aspirar, pero solo nos exige cumplir con el mínimo de la ley natural, hoy día apenas el 1%, ni siquiera el diezmo, el 10%, que el joven rico ya daba. En cambio, en otros ámbitos, como en moral sexual, considera que el máximo al que debemos aspirar, por ejemplo, vivir el matrimonio hasta que la muerte nos separe, es el mínimo exigido a toda pareja por tóxica que sea esa relación. Esto, en lugar de la separación y nuevo matrimonio permitida por Moisés y la ley natural para matrimonios irreversiblemente tóxicos. Sugiero que la aplicación sistemática de esta distinción en distintos temas morales llevaría a una revisión de varias enseñanzas tradicionales de la moral. No propongo esta distinción para tener una moral fácil, sino para ajustarla mejor a la esencia del mensaje de amor de Jesús".
-Agrega a la lista católica de los siete sacramentos un octavo, el de la reflexión, o discernimiento de un oficio o carrera profesional, donde también podría actuar la gracia.
"Los sacramentos de la Iglesia Católica se refieren a momentos clave, puntos de inflexión, en la vida del feligrés. El bautismo, la confirmación, matrimonio, órdenes y extremaunción. Sostengo que la elección de oficio y carrera, al menos para los que tienen la libertad de elegir, constituye otra decisión clave en la vida del cristiano. No es una decisión baladí, pues en ella uno decide a qué y en qué va a poner los talentos que Dios le dio, si donde ganaré más plata, o sea, como si mis talentos son solo para mi provecho propio, o los pongo donde creo que más se necesitan y donde más puedo servir, construyendo el Reino de Dios. No dudo que esta, junto a la elección de la persona con quien me case, es una de las decisiones más importantes de la vida, donde se juega buena parte de nuestra felicidad, así como plenitud y salvación. Creo que bien discernida es fuente de gracia, no solo en hacer la elección misma de carrera u oficio, sino a lo largo de la vida, en los trabajos por los cuales optamos y cómo los realizamos. En clave cristiana, no nos salvamos al margen de nuestro trabajo, sino que nos santificamos en el trabajo".