Jueves, 23 de Abril de 2026

De cocodrilos y escorpiones

UruguayEl País, Uruguay 23 de abril de 2026

En las negociaciones laborales se puede ser todo, menos ingenuo.

El sindicalismo uruguayo está convulso en los últimos tiempos.

Por las generales de la ley, no referiré a ningún hecho ni actores concretos, pero si a la comprobada impertinencia con la que determinados sindicatos se posicionan frente a la realidad innegable que plantea la coyuntura a la que se enfrentan las empresas, sean estás públicas o privadas: un mundo complejo fuera de fronteras, y un universo de oportunidades reducidas en nuestro inexistente y casi siempre artificial mercado interno.

Si a los nada leves rigores de la realidad, le sumamos además los artificiales que mandata la nostalgia marxista de la utopía materialista, esto produce un combo nada virtuoso que inexorablemente nos condena al fracaso.

A una zozobra de magnitud, porque esta significa que fallamos como individuos, como sociedad, y como país, en el entendido que no fuimos capaces de darnos y sostener un modelo de convivencia razonable, moderno, y que nos asegure crecimiento y viabilidad futura.

Es absolutamente legítimo que cada uno tenga su visión teórica, política, de ideas, o aún ideológica de como se debe vivir, y de como debe organizarse la sociedad.

Pero esa legitimidad es de ida y vuelta, y exige responsabilidad para bancar las consecuencias de lo que sostiene, y a quien está enfrente la madurez, sensatez, y firmeza para plantar cara al disparate.

El tira y afloja en materia laboral con intereses contrapuestos, buscando obtener un mejor beneficio de lo que el adversario está dispuesto a dar es una regla básica de cualquier negociación, verán las partes -que siempre están sometidas a bancarse- como transitan por la instancia sin salir heridas, y con sus pretensiones más o menos satisfechas.

Ahora bien, está cada vez más duro -e inaceptable- que en las negociaciones y/o conflictos laborales los sindicatos pongan arriba de la mesa sus consignas de clase, lucha, y conquista, desarrolladas en términos marxistas leninistas. Ideología que nada conoce por cierto de derechos y garantías en materia de trabajo.

Las empresas, y las cámaras empresariales no debieran ni sentarse a negociar en estas condiciones, o tratar lo mínimo: salario y categoría.

Quien negocia con una premisa de lucha de clases y conquistas en su haber, de ninguna manera pretende convencer, sino que pretende imponer.

La experiencia profesional confirma, que por distintas razones -muchas veces intrínsecas con las peores aristas de la negociación colectiva- el sector empresarial en lugar de enfrentar al adversario opta por intentar apaciguarlo.

Dicen que Winston Churchill sostenía que: "Un apaciguador es aquel que alimenta a un cocodrilo con la esperanza de que lo devore al final". Es claro: aflojar ante las demandas de ese calibre solo posterga la propia destrucción.

La conocida fábula del escorpión y la rana narra cómo el primero pide a una rana que lo cruce en su espalda. A mitad del río, el escorpión pica a la rana, determinando a ambos a morir. Al preguntarle la rana por qué la picó, el escorpión responde: "Es mi naturaleza".

La naturaleza intrínseca de algunas y organizaciones muy ideologizadas a veces no puede cambiar, ni siquiera por el bienestar general que dicen defender.

En las negociaciones laborales se puede ser todo, menos ingenuo, imprudente, y apaciguador.

La Nación Argentina O Globo Brasil El Mercurio Chile
El Tiempo Colombia La Nación Costa Rica La Prensa Gráfica El Salvador
El Universal México El Comercio Perú El Nuevo Dia Puerto Rico
Listin Diario República
Dominicana
El País Uruguay El Nacional Venezuela