Viernes, 24 de Abril de 2026

Hacia afuera y hacia adentro

UruguayEl País, Uruguay 24 de abril de 2026

Si desde la izquierda se defiende a la democracia y se rota el poder con puntualidad constitucional, ¡aleluya!

Finalmente, el presidente de la República, Yamandú Orsi resolvió no participar en la Movilización Progresista Global, efectuada en Barcelona. Hizo bien, no sólo porque rechinó a la oposición. Además porque el art. 77-5º) de la Constitución dispone que no podrá "formar parte de comisiones o clubes políticos, ni actuar en los organismos directivos de los partidos, ni intervenir en ninguna forma en la propaganda política de carácter electoral", por lo cual hizo bien en interpretar que no debe usar altoparlantes internacionales para hacer desde afuera el proselitismo que en casa tiene vedado.

En cambio, fue al encuentro Democracia Siempre. Y en eso también hizo bien, por más que las crónicas calificaron como "de izquierda" a los presidentes que participaron junto al nuestro: Pedro Sánchez, Lula Da Silva, Claudia Sheinbaum, Gustavo Petro, así como al ex presidente Gabriel Boric. Pues bien. Antes y más allá de enmarcarlos en izquierda y derecha, debe importar si fueron electos por el pueblo y si gobiernan respetando la libertad.

Al fin de cuentas, si desde la izquierda se respeta y defiende a la democracia y se rota el poder con puntualidad constitucional, ¡aleluya! Debemos celebrar que, en ese respeto al Derecho, se reencuentre con sus raíces, genéticamente unidas al alma liberal de la Ilustración pero trágicamente deformadas por la cruza con el materialismo marxista-leninista. Esa cruza desembocó en Stalin, Castro, Chávez, Maduro y otros impresentables, enterrando el recuerdo humanista, filosófico, de Ferdinand Lassalle, Jean Jaurès y todo el socialismo sin lucha armada.

Y no nos chupemos el dedo. En el mundo, y también entrecasa, hay campañas organizadas contra el Estado y contra la política, presentando a uno y otra como casta ladrona: así se dice y escribe en redes y se susurra boca a boca. Peor aun: hay quienes proclaman defender la libertad, pero pensando en la libertad del quehacer económico, pero no en la libertad de pensamiento y el desarrollo de las personas igualadas en el punto de partida de su aventura vital.

En otras palabras: hay quienes siembran desconcierto y recelo contra la democracia, por lo cual es plausible que unos, otros y todos defendamos juntos el derecho a discrepar y disputar. Eso sí: no nos quedemos en eso. No nos conformemos con alinearnos con los gobernantes demócratas ni nos preguntemos por qué Trump no nos hizo el honor de incluirnos entre los afines a su borrascosa presencia en la escena mundial.

Al fin de cuentas, el imperativo de la hora no se agota en elegir bien con quiénes reunirnos ni en uncir a la República a tal o cual carromato ideológico, ni tampoco en salvar el examen periódico de las calificadoras de riesgo financiero. Antes, tenemos que cimentar las bases de la convivencia. Sufrimos demasiadas tragedias -la guerra interna, la dictadura, los narcos, los homicidios diarios- para seguir sumidos en la parálisis del pensamiento, tan luego cuando nadie propone modelos nítidos y todos andamos a tientas.

Nuestro problema no es sólo con quiénes nos juntamos ni cómo nos clasifican desde afuera. El destino nos impone reconstruir juntos principios e ideas desde los cuales dar buen destino al Uruguay que vendrá.

Y ese es un desafío interno y de conciencia. Para todos.
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