Una vez más
Miguel Gómez Martínez
¿Cuántas veces es necesario demostrar en la realidad que un modelo de crecimiento centrado en el gasto público es insostenible? El caso de Colombia ratifica que el uso del gasto del gobierno como herramienta macroeconómica debe ser siempre limitado, focalizado y temporal
Miguel Gómez Martínez
¿Cuántas veces es necesario demostrar en la realidad que un modelo de crecimiento centrado en el gasto público es insostenible? El caso de Colombia ratifica que el uso del gasto del gobierno como herramienta macroeconómica debe ser siempre limitado, focalizado y temporal. De hecho, Keynes, que fue su gran promotor en los años treinta del siglo pasado como mecanismo para enfrentar la Gran Depresión, sostuvo que sólo se justificaba en un escenario de equilibrio de subempleo. Una vez la economía recuperaba su dinámica de crecimiento, los estímulos de gasto público debían cesar porque llevarían a inflación y a un aumento de la tasa de interés. El ejemplo del gobierno Petro ha sido otro fracaso más del abuso del gasto estatal. La economía en este período ha crecido en promedio anual 1,6 por ciento, por debajo de los cuatro gobiernos anteriores que incluyen una pandemia. Algunos señalarán que el desempleo ha disminuido, pero lo hace por el camino improductivo de crear empleos públicos. Con la excepción del comercio, tenemos más empleos en la administración pública que en cualquier otra rama de actividad productiva como la industria, la agricultura, la construcción, el transporte o los servicios profesionales. Además, el empleo público ha sido creado de forma temporal y precaria como los 521,000 contratos de prestación de servicios que fueron firmados por el gobierno en enero de 2026 según el reporte de la Contraloría General de la República y cuyo costo es de 32 billones de pesos. A eso se suman los 14,6 billones asignados a contratistas durante los otros tres años del cuatrienio. El Estado ha gastado de forma desaforada y ha inducido a otros a gastar. El salario mínimo aumentó en un 75% nominal lo que explica la dinámica de consumo pero que también se refleja en un déficit histórico de la balanza comercial por encima de los 16 mil millones de dólares. Mientras el país gasta, la inversión languidece. En los últimos dos años, la inversión extranjera directa ha caído un 30 por ciento y la formación de capital apenas llega al 17% del PIB. Las cifras crudas son aplastantes: el gobierno gasta cada mes 35 billones, más de un billón al día, y recauda 25. La situación de tesorería es la más precaria de la historia lo que lo obliga a "jinetear" la liquidez con emisiones de deuda a corto plazo a tasas superiores al 13,6 por ciento anual, 7 puntos por encima de la inflación. Petro entrega un país con una deuda pública que aumentó un 68 por ciento y un costo de los intereses 98 por ciento superior, dejándonos sin espacio de crédito, sin grado de inversión y con un futuro comprometido. Hasta la Contraloría General, que ha brillado por su discreción durante estos años, se atrevió finalmente hacer un severo llamado de atención al gobierno por la evolución de la deuda pública. Una vez más queda claro que el gasto público es el camino económico errado. Pero el populismo es demasiado atractivo y rentable en las encuestas.
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