Reabren la sala, pero Milei sigue insultando
Milei volvió a apuntar contra la prensa
Milei volvió a apuntar contra la prensa.
Un argumento esgrimido por Javier Milei cuando estalló la estafa de $Libra para zafar de la gravedad del asunto en que se autoinvolucró es que había recomendado esa fallida criptomoneda desde sus redes personales, no como Presidente de la Nación.
Tanto en sus cuentas de Instagram como en X -a las que les dedica demasiadas horas al día- Milei se presenta tan solo como "economista", pero está claro, por el áspero tenor de los deshechos que allí vierte sin pausa, que se trata de su principal arma bélica como presidente contra todos los que no aceptan a libro cerrado su catecismo libertario. Desde ellas replica intensamente a sus enemigos. Milei solo rescata a aquellos que lo idolatran.
Si con $Libra intentó escindirse en dos, como si el Milei virtual y el Milei real fuesen dos personas distintas, en cambio entre ambos hay una perfecta sincronización a la hora de denostar a los periodistas. Lo confirmó al entrar y salir del Congreso, cuando fue con su hermana y sus ministros a hacerle el aguante al jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Prefirió calificar muy destempladamente de "chorros y corruptos" a los movileros que le salieron al paso para preguntarle cuándo reabriría la sala de prensa de la Casa de Gobierno. Al día siguiente se comunicó que eso sucederá mañana lunes y con un bonus track: Adorni brindará una conferencia de prensa.
La misma permanece cerrada desde hace once días a raíz del escándalo suscitado por la emisión en una señal de noticias de imágenes supuestamente no autorizadas del interior de la Casa Rosada. "Naturalmente avisamos con anterioridad a funcionarios de prensa", dijo Luciana Geuna en su descargo en ¿Y mañana qué? , el programa que conduce por TN los domingos a la noche. Se sabe quién dio el visto bueno de palabra.
Necesitado de retomar la agenda de temas públicos que últimamente le estaba siendo difícil asir, el Gobierno montó el bluf de un complot sobre un hecho menor para hacer creer que se pusieron en riesgo secretos políticos y hasta militares. Cuando no había sido más que un recurso efectista, casi infantil, solo para despertar el apetito voyeurista de los televidentes mediante el uso de unos anteojos inteligentes, que pasaron por el scanner de la sede de gobierno, detalle para nada menor.
Grabaron lugares muy transitados y conocidos de la Casa Rosada, no solo por los registros habituales de otros periodistas sino por los asiduos concurrentes a visitas escolares o guiadas de ciudadanos comunes, que allí toman fotos y videos sin autorización alguna. Hasta Google Street View ofrece desde 2016 un minucioso recorrido por esos mismos lugares.
El Gobierno armó un colosal batifondo mediático para, de paso, perfeccionar lo que había intentado más precariamente semanas atrás cuando inhabilitó el ingreso a la sala de prensa solo a periodistas de medios involucrados en una modesta red de espionaje ruso.
Adorni, que ahora se considera víctima de una "carnicería mediática", siempre trató a los acreditados cual impertinente preceptor de un revoltoso secundario nocturno. También abrió las puertas de la sala a jóvenes de facultades de periodismo para que preguntaran y al español Javier Negre , director de La Derecha Diario y dueño de un estilo provocador al servicio de la causa libertaria, que ofició en su momento de "periodista invitado".
Ya en 2024, Silvia Mercado tuvo que presentar un amparo porque no le renovaban su acreditación y el Gobierno quiso armar una matriculación obligatoria de periodistas que debió desactivar en pocas horas por el rechazo suscitado. El año pasado Adorni reveló que buscaba "un esquema en el que la gente pueda decidir quién se va y quién se queda, un Gran Hermano periodístico", con tal de fastidiar a los acreditados en venganza por sus levantiscas preguntas. También habló de conformar una "sala de prensa de elite" (sic) y armó fugazmente en las redes sociales Fake 7,8 para hostigarlos un poco más.
En su afán de encontrar una fórmula más perfecta para esmerilar a los periodistas de la sala, el Gobierno nunca había llegado, sin embargo, al extremo actual de cerrarla por tantos días con la excusa de revisar los sistemas de vigilancia, control y comunicación.
Mientras tanto, el juez Ariel Lijo y el fiscal Gerardo Policcita -los mismos que tienen en sus manos la causa Adorni- estudian la demanda presentada por el general de brigada Sebastián Ignacio Ibáñez , jefe de la Casa Militar, que alegó "una amenaza para la seguridad de la Nación".
La Argentina descendió en el ranking global de libertad de expresión, que mide Reporteros sin fronteras, nada menos que 69 lugares desde 2022, once de los cuales se agregaron en este último año. Ahora nuestro país ocupa el puesto 98 entre 180 países. Un derrape lamentable.