Pantallas, luz artificial, comidas a deshora y agendas eternas alteran el ritmo biológico y afectan el descanso. En este módulo, Viasono Quizzz te invita a descubrir cuánto sabés sobre el equilibrio entre vivir y descansar, mientras aprendés y participás por premios.
¿Te pasó que estás cansado todo el día y, justo cuando llega la noche, sentirte con los ojos abiertos? No siempre es estrés. Muchas veces es el resultado de un ritmo que no acompaña al cuerpo.
El organismo funciona con un reloj interno el ritmo circadiano que regula procesos clave como la energía, el hambre, el estado de ánimo y el sueño. Es un sistema sensible, que responde a señales del entorno, especialmente a la luz. Cuando ese reloj se desajusta, descansar bien deja de ser algo natural y empieza a convertirse en un problema cotidiano. "En general está la idea de que comenzar a descansar es cuando nos vamos a dormir, y en realidad esto empieza cuando arranca el día", explica Noelia Copiz, directora y fundadora de Viasono.
Esto tiene una base biológica. La exposición a la luz natural en las primeras horas del día es clave para que el organismo entienda cuándo activarse y cuándo prepararse para descansar. En cambio, la sobreexposición a pantallas durante la noche genera el efecto contrario. "Cuando no nos exponemos a la luz del día y sí lo hacemos a pantallas en la noche, el cerebro se confunde y no sabe si es hora de dormir. Eso hace que deje de producir melatonina", agrega.
En ese desorden influye, además, el estilo de vida contemporáneo. Las cenas tardías o pesadas, el consumo de cafeína más allá del mediodía, el mate constante como sostén de la jornada y los fines de semana con horarios completamente alterados son parte de una rutina que atenta contra el descanso. A eso se suma el estrés laboral, emocional, vincular que se acumula durante el día y condiciona la llegada a la noche.
El resultado es conocido: dificultad para conciliar el sueño, despertares poco reparadores y una sensación persistente de cansancio. Pero el problema no empieza ahí. "El insomnio es la punta del iceberg", advierte Copiz. Antes de que aparezca, el cuerpo da señales más sutiles. A nivel emocional, la irritabilidad es una de las primeras: cambios de humor más intensos o frecuentes de lo habitual. En lo físico, pueden aparecer contracturas, dolores de cabeza o incluso una mayor predisposición a enfermarse, ya que el sistema inmune también se ve afectado.
A eso se suma una mayor necesidad de estimulantes. "No es que uno tenga ganas de tomar café o comer azúcar, es que el cuerpo lo pide para compensar la falta de descanso", dice. También aparece una fatiga distinta, más profunda, que no se resuelve durmiendo una noche más: una especie de niebla mental, con dificultad para concentrarse o tomar decisiones simples. Y, en la vida cotidiana, se vuelve evidente en algo muy común: la imposibilidad de frenar. Incluso cuando termina la jornada laboral, muchas personas siguen "aceleradas", sin poder desconectar del todo.
¿Por qué cuesta tanto bajar el ritmo? La respuesta, dice, excede lo individual. "Hoy la aceleración es cultural. Vivimos en una sociedad que premia la productividad y castiga la pausa". La tecnología, además, borró los límites entre trabajo y descanso: el día ya no tiene cortes claros. A eso se suma una desconexión con las propias necesidades físicas y emocionales, y una dificultad creciente para escuchar las señales del cuerpo.
En ese contexto, mejorar el descanso no necesariamente implica cambios radicales, sino recuperar hábitos simples. Uno de los más efectivos y a la vez más subestimados es exponerse a la luz natural al comenzar el día. "Con solo 15 minutos de luz a la mañana, incluso en días nublados, el organismo entiende que empezó el día, regula la energía y mejora la calidad del sueño en la noche", explica Copiz. Puede ser salir a caminar o simplemente acercarse a una ventana: lo importante es que la luz llegue directamente. Desde Viasono, el descanso se aborda como un proceso integral. A través de contenidos propios, podcasts, investigaciones y el documental Soñar, la propuesta busca ampliar la mirada: entender que dormir bien no es un hecho aislado que ocurre de noche, sino la consecuencia de decisiones y hábitos que se construyen a lo largo de todo el día.
"Durante mucho tiempo pensamos que el descanso es acotado, limitado al momento de acostarse. Pero es un tema transversal, que atraviesa cómo trabajamos, cómo nos vinculamos, cómo nos despertamos y cómo organizamos nuestras rutinas", sostiene Copiz.
En ese sentido, es claro que el descanso no consiste solo en las horas que estamos durmiendo. El descanso no se improvisa. Se construye. Y empieza mucho antes de cerrar los ojos.
Una experiencia interactiva para aprender sobre el sueño
En esa línea, desarrollaron Viasono Quizzz, una experiencia interactiva que combina información y juego. En esta entrega, el eje está puesto en el ritmo biológico: qué hábitos lo afectan, cómo incide la luz en su regulación, de qué manera ordenar los horarios y qué pequeños cambios pueden tener un impacto significativo.
El formato propone aprender mientras se participa, con la posibilidad de acceder a premios y beneficios especiales. Pero, más allá del incentivo lúdico, el objetivo es otro: volver consciente algo que muchas veces pasa desapercibido.