Sábado, 09 de Mayo de 2026

La educación indulgente

ChileEl Mercurio, Chile 8 de mayo de 2026

John Stuart Mill leía griego clásico y dominaba la aritmética antes de los tres años

John Stuart Mill leía griego clásico y dominaba la aritmética antes de los tres años. Sin embargo, él no creía que tuviera ningún talento especial, solo la ventaja de una educación inusualmente exigente. Es una historia que gusta repetir la madre del niño prodigio en "El último samurái", la maravillosa novela de Helen Dewitt.
Nuestro sistema de educación, en cambio, se ha vuelto menos exigente. Entre 2011 y 2025 los escolares que terminaban la media con promedio sobre 6 pasaron del 17 al 46%, mientras que los que terminaron sobre 6,5 pasaron del 4 al 21%. En los colegios particulares pagados esto es aún más radical: en 2025 el 45%, casi la mitad, obtuvo sobre 6,5.
El problema es que estas notas no reflejan mejoramientos equivalentes en aprendizaje, sino que más bien responderían en buena medida a la incorporación del ranking de notas en la admisión universitaria, que entrega incentivos a los colegios para elevar calificaciones (Eyzaguirre, Gazmuri y San Martín, 2021; Fajnzylber, Lara y León, 2019; González y Johnson, 2018). A ello se suma que las universidades han aumentado la ponderación conjunta de notas y ranking .
Aun así, la inflación de notas del sistema escolar chileno no es un caso aislado, sino que se observa en varios países del mundo y también en varios sistemas universitarios. Para Chile no tenemos datos públicos de notas universitarias, pero muchos percibimos un ambiente más indulgente. Es posible que en las universidades haya algo de una respuesta estratégica de los profesores a la evaluación docente, porque sabemos que los estudiantes evalúan mejor a quienes ponen mejores notas, pese a que ello se asocia con menor aprendizaje (Krautmann y Sander, 1999; Braga et al., 2014).
Pero más allá de los incentivos perversos que operan en los distintos niveles, me pregunto si no enfrentamos un problema más profundo. Tras la inflación de notas probablemente haya algo de una concepción de la educación que busca cuidar la autoestima y desconfía de la frustración y la competencia. Ello tiene su razón de ser: en otros tiempos, la educación pudo ser un tormento para muchos. Es más, el genio de J. S. Mill se forjó, quizás, con un enorme sacrificio ("nunca fui un niño", dice en su autobiografía). Sin embargo, pareciera que estamos yendo demasiado lejos, a riesgo de formar generaciones que solo sepan ser felicitadas.
El problema no es solo el efecto que ello pueda tener sobre el carácter de los estudiantes. Un estudio de Denning et al . (2026) para EE.UU. encuentra que ser asignado a un profesor que pone notas promedio más altas se traduce en peores resultados en pruebas estandarizadas y menor probabilidad de terminar el colegio y de matricularse en la universidad. También encuentran fuertes efectos negativos en los ingresos laborales de largo plazo. Es decidor que universidades como Princeton y Harvard estén ahora poniendo límites a las notas altas.
Hacia el final de la novela, Dewitt afirma que es fácil imaginar lo que una persona puede llegar a ser con una educación poco desafiante; lo difícil es imaginar a dónde se puede llegar con más exigencias. No sabemos, dice, si el niño prodigio era un genio o solo fue educado de forma exótica para una sociedad que pone las expectativas muy bajas.
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