Domingo, 10 de Mayo de 2026

Clara y Mauricio: una intensa historia de amor que sale a la luz

ChileEl Mercurio, Chile 10 de mayo de 2026

A partir de las cartas reales intercambiadas por los enamorados, la historiadora Gabriela Huidobro -autora de "Mujeres en la historia de Chile"- reconstruye el romance entre la joven Clara Álvarez Condarco y el pintor Mauricio Rugendas, entre 1840 y 1843. La relación entre la culta e inteligente Clara (protegida de Andrés Bello) y el artista alemán da pie a reflexiones sobre la evolución del concepto de amor, que incluye el libro "Clara y Mauricio: una historia cultural del amor", ya en librerías.

"Debes tener algún arte para hacerte querer con tanta pasión -enséñamelo- yo quiero que tú me quieras lo mismo". Quien firma estas líneas, escritas con fina caligrafía y tinta azul, es Clara Álvarez Condarco Dudding (1825-1865), hija de madre inglesa y de un eminente patriota argentino. Nacida en Londres, Clara llega a vivir al efervescente Valparaíso cuando tenía 14 años. "Hasta cierto punto, este puerto fue una ciudad de vanguardia en el siglo XIX, que tuvo crecimiento explosivo y cosmopolita. Atrajo a extranjeros, con lenguas y costumbres diversas, lo que favoreció una mayor movilidad social. En ese contexto más dinámico y menos tradicional, también se ampliaron ciertos márgenes para las mujeres, lo que permitió trayectorias como la de Clara", explica la historiadora Gabriela Huidobro.
En un Chile independiente con pocas décadas de existencia, Clara Álvarez Condarco manejaba varios idiomas y trabajó como traductora de grandes comerciantes de Valparaíso. También contribuía como redactora en "El Mercurio" y publicó traducciones de ensayos y novelas. Pero esta atractiva joven (según los pocos retratos que quedaron de ella) también protagonizó un desconocido romance, del que quedó un emotivo epistolario, publicado parcialmente, hace años, por el investigador Ismael Espinosa.
Partiendo de ese epistolario, Gabriela Huidobro buscó más misivas entre Clara y Mauricio Rugendas en la sala Medina, donde hoy se resguardan. También investigó otros documentos sobre la elusiva Clara, de quien han quedado pocas trazas, a diferencia de Mauricio Rugendas (1802-1858), el pintor viajero y amigo de Humboldt, cuya vida está muy documentada.
El fantasma
De la investigación de Huidobro surgió el libro "Clara y Mauricio: una historia cultural del amor", que será presentado este martes 19 de mayo, a las 19:00 horas . La nueva publicación tiene una estructura singular, ya que intercala capítulos donde se relata la historia entre Clara y Mauricio -incluidos fragmentos de sus cartas- con otros que discurren sobre la forma en que se han expresado las relaciones románticas y matrimoniales a través de la historia.
"La historia de Clara y Mauricio, como la de cualquiera de nosotros, no se resuelve en sí misma y adquiere mayor significancia si la comprendemos en su contexto y en el marco de los amplios procesos, que inciden en nuestras formas de relacionamos o en cómo entendemos ideas y sentimientos asociados al amor", explica la historiadora.
Autora de "Mujeres en la Historia de Chile" (Taurus, 2024), Huidobro se encontró con mujeres notables cuando escribía este libro, entre ellas Carmen Arriagada. "Ella trabajó mucho en beneficio del desarrollo cultural de Chile y defendió el derecho a la educación femenina. Pero también es inevitable analizarla a través de las cartas con su gran amor, el pintor Juan Mauricio Rugendas, de quien terminó distanciándose cuando él se enamora de Clara".
"La figura de Clara Álvarez Condarco se me apareció casi como un fantasma, que penó sobre la relación de Arriagada y Rugendas. Y en algunas biografías de Rugendas sale como un capricho, lo que no me parece justo. Es una historia más profunda e interesante", señala Huidobro. Además de revisar las cartas de la pareja, la investigadora pesquisó otros testimonios epistolares, de personas como Domingo de Oro, amigo y consejero de Rugendas. "También logré hallar un par de reseñas póstumas sobre Clara, publicadas en periódicos de Argentina y Suiza tras su muerte. Y referencias a ella y a su familia en el diario El Mercurio".
-El libro es un ensayo y también el relato de un romance. ¿Cómo lo definiría?
"Me gusta el término recrear, que implica un volver a 'crear' o un 'reimaginar'. Creo que lo que hice es una recreación histórica, sustentada en fuentes y en una investigación historiográfica. No hay ningún personaje de ficción. Incluso la señora Lisboa, el ama de llaves o las amigas de Clara salen con sus nombres".
"A esos datos y huellas les di un contexto que tuviese un asidero histórico, con algo de imaginación. Por ejemplo, que algunos protagonistas se juntaran en la plaza Orrego o fueran a misa en La Matriz. Ahí hay una cuota de libertad imaginativa, pero que no llega a ser ficcional, en ningún caso. Además, aunque se busque trazar un relato lo más fiel posible, finalmente el material siempre pasa por el filtro del historiador, como decía Roger Collingwood. Paul Ricoeur dice lo mismo, pero en función del lector, que sigue recreando, reimaginando. La historiografía es representación".
Clara, la escurridiza
-Aunque dicen que Clara le enseñó idiomas a José Domingo Sarmiento. Pero se sabe muy poco de ella.
"Clara es escurridiza. Se escabullía de sus padres para encontrarse con Rugendas, y parece hacer lo mismo ante los ojos de la historiografía. En las biografías de Rugendas suele recibir poca atención, pero cuando entras en su biografía, te sorprende. Fue una mujer notable que no se distingue por un acontecimiento excepcional, sino por una vida cotidiana muy interesante, sobre todo para una mujer de la época".
-Ella tuvo en Andrés Bello una suerte de protector.
"El que Andrés Bello haya desarrollado un aprecio especial por Clara habla de la talla intelectual de ella. Es muy probable que se hayan conocido en Londres, Bello trabajó en las legaciones sudamericanas en Londres después de la independencia y el padre de Clara, José Antonio Álvarez Condarco, también se desempeñó allí, en cargos diplomáticos para su natal Argentina. El círculo sudamericano en Inglaterra era pequeño y ahí debieron conocerse. Y fue en Londres donde Álvarez Condarco conoció a Jeane Dudding y se casó con ella, y allí tuvieron a Clara. Es probable que la familia haya terminado viviendo en Chile, tras huir de la dictadura de Rosas, por invitación de Bello".
Macro y micro
Clara conoce a Rugendas cuando tenía 14 años y él acudía a recepciones en su casa. El pintor tenía 23 años más. Según Huidobro, "esa diferencia de edad hoy puede aparecer sorprendente o incómoda. Pero en el siglo XIX, e incluso bien entrado el XX, era frecuente y aceptado que las mujeres se casaran a edad temprana, que quinceañeras se casaran con hombres mayores. Para los padres de Clara, esto no fue motivo de preocupación".
"Moro querido" o "Moro del alma". Así se refería Clara a Rugendas en sus cartas. Los dos se escribían en francés. La historiadora cuenta que una gran dificultad fue establecer la cronología de la historia, pues las misivas no tienen fecha. "El libro parte de una propuesta personal, que fui cotejando con otras fuentes", explica Huidobro, quien es doctora en Historia por la UC y fue decana de Educación y Ciencias Sociales de la Universidad Andrés Bello.
Hoy la autora vive en México, donde se desempeña como decana asociada de Posgrados y Educación Continua en Humanidades en el Tecnológico de Monterrey. Participa en un proyecto sobre "recepción clásica y modernidad en las artes, los espacios y las voces de España e Iberoamérica", financiado por España, e investiga sobre mujeres latinoamericanas, aprovechando las fuentes a las que puede acceder en México.
-Su libro recuerda las obras de Orlando Figes, que toma casos de personas concretas para mostrar tendencias históricas. ¿Ve alguna similitud?
"Sí, es una estructura que he visto en otros autores, también en Michael Finkel, autor de 'El ladrón de arte'. Mi intención no era únicamente contar esta particular historia de amor, sino reflexionar sobre las condiciones culturales y sociales que la tensionaron. Cada vida, por muy única que sea, está atravesada por sus contextos. Esa es la estructura del libro, que combina microhistoria y macrohistoria.
El quiebre
Clara y Mauricio viven angustias y esperanzas durante su romance ("querido Moro, no puedo estar contigo en casa de los Browne... mamá está enferma, aunque no en la cama, tengo que asistirla. Pobre mamá, !la engaño tanto¡", escribe Clara).
Rugendas, por su parte, intenta convencer al padre de Clara de que sus propósitos son serios, que quiere casarse y formar un hogar con ella. Finalmente, decide pedirle a José Antonio Álvarez de Condarco la mano de su hija. Pero el argentino se la niega y su hija, tras muchos tormentos, decide aceptar la decisión paterna y quedarse en casa, cuidando a su madre enferma.
-Las aprensiones del padre de Clara sobre Rugendas, ¿tenían asidero?
"Quien tenía mayores aprensiones era la madre, de origen británico. Jeane Dudding deseaba que Clara se casara con un inglés o descendiente de británicos. La biografía de Rugendas tampoco ayudaba, era un trotamundos sin estabilidad. Y José Antonio Álvarez Condarco realizó averiguaciones sobre los negocios de Rugendas, así como sobre su pasado. Debió saber que el pintor estuvo envuelto en intrigas políticas en México, que lo llevaron a salir de ese país. También pudo estar al tanto de la relación amorosa que tuvo con Carmen Arriagada. Nada de eso lo favorecía".
-¿Qué pasa con Carmen Arriagada durante el romance entre Clara y Rugendas?
"Carmen siempre permanece, pero ya en otro rol, como amiga y confidente. Vive muchas aflicciones, pero en algún minuto se da cuenta de que el romance de Clara y Mauricio no es un capricho, que Rugendas está profundamente afectado por su amor a Clara y las dificultades que enfrenta. 'Si usted cree que será feliz siempre, séalo y si la bendición de una amiga puede servir de algo, usted tiene la mía', llega a escribirle Arriagada".
-¿Rugendas guardó las cartas de Clara?
"Él guardaba toda la correspondencia con sus amigos y también de las mujeres a las que amó. Cuando regresa a su natal Alemania, llevó consigo las cartas que Carmen Arriagada y Clara Álvarez Condarco le habían escrito. También conservaba los borradores de sus cartas importantes. Y recibió un paquete de cartas, sin abrir, que le había enviado a Clara desde Lima. Se las mandó a un hermano de ella, quien no quiso entregárselas para no dañarla más y después se las devolvió al artista".
Los románticos
-El subtítulo de su libro, "Una historia cultural del amor", es ambicioso. Y parte hablando de Grecia. ¿Cómo acota un tema que pudo ser muy extenso?
"Suena ambicioso, sí, aunque el libro no pretende resolver la historia del amor por completo. Más bien busca plantear preguntas y problemáticas en perspectiva histórica, a partir de un caso puntual. Los roles de hombres y mujeres, que no se han definido desde Chile de forma aislada, sino desde una trayectoria que nos trasciende e involucra, como herederos de la tradición occidental".
- ¿Las corrientes románticas influyen en Clara y Mauricio?
"Así es. Clara, por ejemplo, era asidua lectora de novelas románticas y de poesía del romanticismo. Estaba suscrita a revistas que le llegaban de Europa, en inglés y francés, y debió compenetrarse con los personajes y autores. Le llamó mucho la atención la novela de Joseph Mery, 'Rafael y la Fornarina', que hablaba del amor imposible entre Rafael Sanzio y su musa, Stella Gaffarelli".
-¿Qué tan especial, para su época, era la labor de ella como traductora y redactora?
"Era poco común, pero varias mujeres que se iniciaron en el mundo editorial en el siglo XIX optaron por esta actividad y poco a poco se atrevieron a incorporar sus nombres. Clara, por ejemplo, tradujo desde el francés, en 1845, el libro 'Antonio y Mauricio o historia de un presidiario'. Hasta donde he podido rastrear, fue el primer libro en Chile que llevaba las iniciales de la traductora en la portada. Hoy parece un detalle, pero entonces era una osadía".
La fiebre final
"No pienses que te he dejado de amar, eso temo que te figures (...) Siempre te adoraré y no me casaré con otro", escribe Clara. Responde Mauricio: "Me aconsejas distraerme, no pensar en el mal sueño que hemos tenido. ¿Mal sueño? Ángel, ha sido el mejor sueño de mi vida. Ser querido por ti era una fortuna inesperada. Bendita seas por la felicidad que diste a mi corazón".
"Las cartas finales entre ellos son muy emotivas. Clara le escribe a Rugendas para decirle que ha perdido toda esperanza, que se olvide de ella y que nunca se va a casar. Rugendas le responde que siempre será el amor de su vida", dice Huidobro.
En 1865, Clara Álvarez Condarco muere de tifus en la chacra familiar de Quillota. Sus funerales se realizan en la iglesia porteña de La Matriz, muy cerca del mar. Cumpliendo su promesa a Mauricio Rugendas, la hermosa Clara nunca se casó y murió soltera a los 40 años.
''Clara es escurridiza. Se escabullía de sus padres para ver a Rugendas y parece hacer lo mismo ante los ojos de la historiografía. En las biografías de Rugendas suele recibir poca atención, pero cuando entras en su vida, sorprende".
'' La historia de Clara y Mauricio no se resuelve en sí misma. Adquiere mayor significancia si la comprendemos en su contexto".
''Andrés Bello tenía un aprecio especial por Clara. Eso habla de la talla intelectual de ella".
La ruta de las cartas de amorRugendas se llevó todas las cartas de Clara a Alemania. También conservó borradores de cartas que escribió. Gabriela Huidobro explica que las misivas en torno a Rugendas que hoy están en la sala Medina (algunas originales y otras copias) arribaron ahí, al menos, por dos gestiones: "la de Óscar Pinochet de la Barra y de Guillermo Feliú Cruz".
Tras morir Rugendas en Alemania, sus cartas llegaron a archivos públicos. "Otras quedaron en colecciones privadas, como la Walther Madler. Estas últimas las rastreó la historiadora Gertrud Richert, que conocía a Feliú Cruz. El le pidió intentar que llegaran a Chile". Pinochet de la Barra investigó y gestionó las cartas que custodiaba (y aún resguarda parcialmente) el Instituto Iberoamericano de Berlín. En base a ellas realizó varias publicaciones. También lo hizo el estudioso Ismael Espinosa."Tengo que reconocer y agradecer que mi investigación haya estado precedida por el libro de Espinosa 'Valparaíso y el último amor de Rugendas', de 2005. Allí él transcribió y propuso una organización para gran parte de las cartas entre Mauricio y Clara ", explica Huidobro.
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